Pese a que las primeras opiniones de la crítica especializada sobre Bohemian Rhapsody (Bryan Singer y Dexter Fletcher, 2018) no estuvieron precisamente llenas de entusiasmo, la verdad es que ha conseguido la fruta roja entera en los cálculos de Rotten Tomatoes con un sesenta y dos por ciento de aceptación, y a la mayoría del público les ha chiflado desde el principio. Habrán sabido comprender mejor que muchos analistas profesionales que no importa si el guion de Anthony McCarten (La teoría del todo), con las aportaciones de Peter Morgan (The Crown), pasa de puntillas por los excesos vitales de Freddy Mercury (Rami Malek), hasta el punto de que la han convertido en el biopic musical más taquillero de la historia del cine.

Con un presupuesto decente de cincuenta y dos millones de dólares, Bohemian Rhapsody lleva recaudados más de 540 en todo el mundo, de manera que hasta ahora ha decuplicado lo que costó realizarla, con 164 millones en la cuna de Hollywood, 50 en Reino Unido, 36 en Corea del Sur, 23 en Australia y Francia, 20 en Japón, casi 18 en México, 17 en Alemania, 16 en España y 13 en Rusia; ese es el ranking internacional de su negocio. Así, se ha colocado por delante de Straight Outta Compton (F. Gary Gray, 2015), Walk the Line (James Mangold, 2005) y Ray (Taylor Hackford, 2004). Y, aunque no es el tema, se trata también del filme protagonizado por un personaje no heterosexual más exitoso, habiendo batido a The Imitation Game, 2014), Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994) y Philadelphia (Jonathan Demme, 1993). Dos logros por el precio de uno.

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