Pese a las costumbres de la industria cinematográfica de Hollywood, no había quien augurase que lo que se inició con ese repetitivo y desnortado experimento que fue el filme Cloverfield (Matt Reeves, 2008) se convertiría en una saga, siguiendo con la singular y satisfactoria 10 Cloverfield Lane (Dan Tachtenberg, 2016) y la curiosa y explicativa The Cloverfield Paradox (Julius Onah, 2018), lanzada en Netflix casi sin previo aviso. Pero, aunque la primera pudiese resultar olvidable, no hay duda de que sus continuaciones han merecido la pena, especialmente la segunda película, en la que nada indicaba que perteneciera a esta historia y en la que lo monstruoso de veras dista mucho de tener tentáculos y fauces que habrían encantado a H. P. Lovecraft, y a pesar de que la última entrega esté un tanto infravalorada.

Y ahora ha llegado a los cines Overlord (Julius Avery, 2018), cuya trama inicial había sido concebida por los cineastas J. J. Abrams (Perdidos) y Billy Ray (Capitán Phillips) como la cuarta aportación de la franquicia antes de que Mark L. Smith (El renacido) puliese el guion de Ray a instancias de Paramout Pictures, que se hizo con el proyecto en 2017, y en algún momento desconocido de 2018 tomara este otros derroteros. El propio Abrams declaró a Digital Spy el febrero pasado que, si bien el espíritu de la saga es mantener sus detalles en secreto y una cosa diferente “se sentiría contraintuitiva”, estaba deseando que los espectadores viesen el filme porque, entre otros aspectos, “es una auténtica locura”. Pero en abril reveló que ya no se integraría en Cloverfield y que la verdadera tercera secuela se estaba desarrollando.

overlord cloverfield
Bad Robot

Y, para completar la confusión reinante, Julius Avery ha declarado en una entrevista para IGN que el plan nunca había incluido que Overlord formara parte de la saga. “No todo lo que viene de [Bad Robot] va a ser una película de Cloverfield”, ha explicado el director. “La franquicia es realmente genial y, porque es genial, [la gente] ve el logotipo de Bad Robot, ven el nombre de J. J. Abrams y suman dos y dos. Esta es su propia bestia, pero es estupendo que todos hayan mostrado mucho interés en ella”. En cualquier caso, podemos decir que Overlord habría sido una decente pieza del puzle narrativo que los guionistas contratados por Bad Robot —Drew Goddard (Malos tiempos en El Royale), Damien Chazelle (La La Land), Josh Campbell, Matthew Stuecken (Notorious Nick) y Oren Uziel (Shimmer Lake) hasta ahora— han ido armando en los últimos diez años.

Y, pese a que su impresionante secuencia de apertura es lo más destacado de la película, por su planificación visual, su montaje en todos los sentidos y la intensidad enorme que se logra con ellos, en adelante mantiene el interés por lo que ocurre y la tensión jamás decae. Por otro lado, la plantilla de actores a disposición de Avery trabaja lo bien que se les pide: Jovan Adepo (The Leftovers) como el soldado Boyce, Wyatt Russell (Black Mirror) en la piel del capitán Ford y recordándonos los personajes más chulos que un ocho de su padre, Kurt Russell (The Hateful Eight), Mathilde Ollivier (Boss Level) como Chloe, Pilou Asbæk (Juego de tronos) interpretando al capitán Wafner, John Magaro (Amor y letras) como el francotirador Tibbet, Dominic Applewhite (El discurso del rey) encarnando al soldado Jacob Rosenfeld o Erich Redman (United 93) como el doctor Schmidt.

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Bad Robot

También Bokeem Woodbine (La Roca) del sargento Rensin, Jacob Anderson (Broadchurch) y Iain De Caestecker (Agentes de S.H.I.E.L.D.) poniendo rostro a los soldados Dawson y Morton Chase o el primerizo Gianny Taufer como el pequeño Paul. Ningún miembro del reparto se luce hasta el asombro ni sus papeles dan para eso, pero ni falta que hace. Tampoco para que los seguidores de Cloverfield se entretengan con Overlord, en la que no pocos analistas han señalado que, incluso habiendo decidido sacarla finalmente de la franquicia o sin haberse integrado nunca en ella, los detalles de lo que los paracaidistas estadounidenses descubren en la aldea ocupada por los nazis, todo aquello que utilizan para sus propósitos, bien pudiera ser consecuencia de lo que vimos en The Cloverfield Paradox, como la catástrofe del primer filme. Y seguro que a no pocos espectadores les encantaría que fuese cierto.

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