Música clásica, pop, rock, heavy metal... Como en otros muchos lugares de la vida cotidiana, también se escucha música de muy diferentes géneros en quirófanos  a lo largo del mundo, evitando así el aséptico silencio hospitalario. De hecho, entre el 53 al 73 % de las operaciones quirúrgicas se realizan mientras se escucha música, ya sea en Reino Unido, Israel o la India. Esta costumbre no es, ni mucho menos, reciente. La primera vez que se puso música en un quirófano fue en 1914, gracias a gramófonos, para aliviar la ansiedad de los pacientes antes de las cirugías. Fue a partir de los años 30 cuando esta práctica se volvió más común, siempre con el objetivo de calmar los nervios de aquellos que iban a ser operados.

En la actualidad, la música en el quirófano tiene una finalidad principal muy diferente. Ésta ya no se suele poner para el bienestar de los pacientes (aunque de vez en cuando se hace), sino para el disfrute del propio equipo quirúrgico (cirujanos, enfermeras y anestesistas) durante el transcurso de la operación. En la mayoría de los casos, con anestesia general de por medio, los dormidos pacientes poco pueden hacer por apreciar las melodías que allí se emiten.

Todos somos conscientes de la influencia que la música tiene sobre nuestras emociones y estados de ánimo. Así, podemos reforzar nuestra motivación para comernos el mundo al ritmo de It's my life de Bon Jovi, sentirse en armonía con la humanidad escuchando Somewhere Over The Rainbow de Israel Kamakawiwo'ole o entristecerse –e incluso llorar como una magdalena– al recordar las trágicas escenas de Titanic por canciones como My Heart Will Go On de Celine Dion.

Ahora bien, ¿los efectos que la música tiene sobre el personal sanitario en un quirófano son beneficiosos o perjudiciales para la realización y el éxito de la cirugía? ¿Ayuda a la concentración de los médicos y enfermeras o, por el contrario, es una distracción a evitar? Aunque se lleva escuchando música en quirófanos desde hace más de un siglo, lo cierto es que no son muchos los estudios que analizan esta peculiar cuestión desde un punto de vista científico. Son tan solo unas decenas.

Debido a estas lagunas científicas, no existen recomendaciones oficiales o guías clínicas que aconsejen qué hacer: si ambientar con música el quirófano o no. Y, por tanto, los profesionales sanitarios también están divididos sobre cómo actuar.

Resultados contradictorios

Un estudio llevado a cabo en 2015 por investigadores del Imperial College en Londres detectó los siguientes problemas asociados a la música en quirófano: Cuando la música estaba presente, era cinco veces más probable que los cirujanos tuvieran que repetir sus órdenes a otros miembros del equipo. Además, esto suponía retrasos para la cirugía (entre 4 y 68 segundos de retraso por orden repetida).

Por otro lado, la música podía incrementar las tensiones debido a las frustraciones por una comunicación inefectiva entre el equipo. Por todo ello, los autores argumentaban que esto podría suponer un riesgo potencial para la seguridad del paciente y se aconsejaba que la decisión de poner música en el quirófano fuera consensuada por todo el equipo.

Otro estudio, realizado en 2008, observó que el desempeño de los cirujanos en formación para realizar una laparoscopia a través de un simulador virtual era mucho peor cuando escuchaban una canción de Richard Wagner que cuando escuchaban una selección musical más relajada. Además, aquellos que no escuchaban nada de música lo hacían mejor que los dos grupos anteriores.

Por otro lado, otras investigaciones arrojan resultados positivos en este asunto. Así, por ejemplo, una encuesta realizada a miembros de equipos quirúrgicos sobre su percepción acerca de la música en el quirófano mostraba lo siguiente: La mayoría prefería escuchar música en el quirófano que les ayudase a relajarse. Percibían, al escucharla, que mejoraba su función cognitiva y se creaba una sensación de bienestar entre la gente, con un ánimo más elevado. También sentían que les ayudaba a realizar las cirugías de una forma más meditada y relajada y planteaban que la música podía mejorar la eficiencia del personal médico en el quirófano.

Aun así, los efectos de cierto tipo de música variaban para diferentes individuos. Una investigación, publicada en la revista médica JAMA, observó que cuando los cirujanos escuchan música elegida por ellos mismos se producía una mejora significativa de la velocidad y la precisión para realizar tareas estresantes en el laboratorio en comparación con la música que no era elegida por ellos. Además, la música al gusto de los cirujanos se asociaba con un estado de relajación (menor frecuencia cardíaca, tensión arterial y sudoración).

En definitiva, los pocos estudios científicos realizados han detectado que la música puede influir positivamente, negativamente o de forma neutral en las habilidades y el desempeño de los cirujanos, en particular, o en la calidad de las cirugías en general. No es ninguna sorpresa que los citados estudios arrojen resultados tan diferentes entre sí. La mayoría de se centran en facetas diferentes de los efectos de la música. Además, las características de las cirugías y el estilo/volumen de la música son elementos claves en ese asunto.

Desde luego, no es lo mismo escuchar heavy metal a todo volumen mientras tiene lugar una delicada y precisa neurocirugía que una calmada música clásica como música ambiente mientras se dan martillazos durante una cirugía traumatológica. Son una serie de detalles críticos que no se han examinado aún científicamente y, por tanto, el polémico debate sigue abierto, a la espera de un mayor conocimiento de esta cuestión.

Mientras tanto, en este vídeo podemos conocer más a fondo cuál es la experiencia de un cirujano cuando escucha música en el quirófano:

Y en "¿Qué escuchan los cirujanos cuando estás bajo el bisturí?" nos explican cuáles son sus principales gustos musicales en la sala de operaciones y cómo influye en sus rutinas en el quirófano.