Según la Asociación Española Contra el Cáncer, en España se detectan cada año 26.000 casos de cáncer de mama, representando casi el 30% de los tumores diagnosticados en el sexo femenino. Afortunadamente, la mejora en las técnicas de diagnóstico y tratamiento de la enfermedad ha llevado a que las tasas de supervivencia a cinco años de la enfermedad asciendan notablemente, situándose en un 82,8% de los casos.

Sin embargo, aún queda mucho por investigar al respecto, especialmente en lo referente a la identificación de factores de riesgo, con el fin de aumentar las formas de prevenir la enfermedad, en la medida de lo posible. Uno de los factores de riesgo más estudiados es la densidad mamaria. Por eso, dos investigadoras procedentes del Centro Nacional de Epidemiología y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) acaban de publicar en Maturitas un estudio en el que analizan qué hábitos se relacionan con el aumento de esta densidad mamaria. Aunque advierten que será necesaria más investigación para confirmar sus resultados, por ahora sus conclusiones parecen claras: una ingesta demasiado calórica puede ser muy perjudicial en este sentido.

Los peligros del tejido mamario denso

El pecho está compuestos principalmente por dos tipos de tejido: el graso, también conocido como no denso, y el denso. Ambos difieren entre sí en las imágenes tomadas por mamografía por el color en el que aparecen, ya que el tejido graso se identifica como un conjunto de líneas finas de color gris, mientras que el denso aparecen en forma de líneas gruesas y manchas blanquecinas. A la hora de realizar este tipo de pruebas los resultados se clasifican en cuatro categorías, de la A a la D, siendo la A la que cuenta con una proporción muy alta de tejido graso y muy baja de denso y la D la que posee tejido denso en un porcentaje muy alto. Las categorías C y D son las que se consideran en riesgo de cáncer de mama principalmente por dos razones. Por un lado, porque el tejido denso aparece en la mamografía con una apariencia similar a la del tumor, por lo que puede enmascararlo. Por otro, porque se ha observado una proporción bastante importante de aparición de cáncer de mama en estas paciente, aunque no se sabe muy bien por qué.

Por todo esto, es muy importante para los investigadores detectar qué factores se relacionan con un aumento de la proporción de este tipo de tejido. Este es el caso de Marina Pollán y Virginia Lope, las dos científicas detrás del estudio que se ha publicado recientemente en Maturitas.

Calorías y tejido graso

Según ha declarado Lope en una nota de prensa, existe una fuerte evidencia de que la obesidad y la ganancia de peso son importantes factores de riesgo para el cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas. Sin embargo, las evidencias en torno a la vinculación de otros factores, como la restricción calórica, son menos consistentes.

Por eso, se puso en marcha el estudio DDM-Spain, impulsado por CIBERESP, con la colaboración de siete programas de cribado del cáncer de mama en España. En dicho proyecto participaron 3.517 mujeres, con edades comprendidas entre los 45 y los 68 años, que acudieron a uno de estos centros de cribados para la realización de una mamografía y una encuesta. En esta última tuvieron que responder a preguntas sobre su alimentación y otros hábitos interesantes para el estudio.

Finalmente, los resultados de ambas pruebas se compararon, en busca de posibles correlaciones. De este modo, detectaron que sí que parecía haber una clara relación entre el aumento de la ingesta calórica y el incremento de la densidad mamaria. Esta ingesta calórica se calculó individualmente, según las necesidades de cada mujer. Por ejemplo, la necesidad calórica no es la misma para una persona que realiza ejercicio con frecuencia que para otra que apenas lleva a cabo ninguna actividad física. Además, esta relación se hacía especialmente evidente cuando dicho aumento calórico superaba el 40% de lo esperado. Incluso la densidad aumentaba en un 5% por cada incremento del 20% en la ingesta calórica relativa. También comprobaron que las mujeres en las que se observaba una correlación más clara eran las nulíparas, las que tenían antecedentes familiares de cáncer de mama y las que solían mantener una dieta más occidental.

En cuando a la restricción calórica, no se encontró ninguna relación con el aumento o disminución de la densidad mamaria.

Aunque se deberán llevar a cabo estudios más potentes para confirmar los resultados, las conclusiones obtenidas aportan un motivo más para dar importancia a la alimentación que mantenemos a diario. No solo está en juego nuestra apariencia física, también lo está nuestra salud, tanto presente como futura. Y con la salud no se juega.