Es curioso que, tras los lógicos y esperables movimientos de Activision y Electronic Arts al anunciar que Call of Duty y Battlefield tendrán sendos modos battle royale, fueran muchas las voces críticas que señalaran a una “clara copia de Fortnite”. Un videojuego cuya modalidad battle royale, el más popular actualmente sin discusión, fue desarrollado, según confirmaron desde Epic Games, en poco más de dos meses tras ver cómo PUBG arrasaba.

Por ello no vamos a perder el tiempo en remarcar similitudes en un modo multijugador competitivo más, con unas reglas muy concretas y marcadas, y sí a centrarnos en cómo es y cómo se juega a algo tan disruptivo, dentro de la franquicia Call of Duty, como el modo Blackout.

Lo primero que queda claro es que desde Activision no han querido innovar más allá de lo normal: aquí, 88 jugadores (80 al inicio de la beta, el número todavía no es definitivo) saltan a una isla en la que una cúpula se cierra progresivamente con el objetivo de ser el último soldado en pie. Todo ello mientras se encuentran armas, accesorios y mejoras por el amplio escenario.

Uno de los principales añadidos en la franquicia, pese a que ya se coqueteara con ellos en Call of Duty 3 y World at War, son los vehículos: quads, camiones, zodiacs o helicópteros. Las físicas y la conducción, sobre todo de los terrestres, es del todo menos pulida pero son elementos integrales en la experiencia.

En general, las sensaciones en las primeras partidas de Blackout son, como poco, mejorables. Es del todo evidente, a los pocos minutos de juego, que la franquicia debe renovar su motor gráfico a la de ya (hablamos, recordad, de una de las sagas más vendidas año tras año) y además de un rendimiento técnico muy mejorable (los frames distan de ser estables y la resolución, en una PS4 Slim, está lejos de los 1080p), gráficamente es un videojuego mediocre.

Algo a lo que contribuye una interfaz de usuario que, igual que ocurriera en el multijugador tradicional, es caótica, poco atractiva y mal diseñada. Poco a poco nos iremos acostumbrando, e incluso agradeceremos el uso de la cruceta para hacer cambios rápidos en nuestras armas y accesorios, pero otros elementos como el saqueo de enemigos caídos o cajas de loot están lejos de ser ideales. Treyarch tiene, en general, mucho trabajo por delante a nivel de usabilidad.

Es por lo comentado y por otros elementos como un buen puñado de bugs gráficos y jugables y una estabilidad que, pese a tratarse de una beta, dista mucho de ser la que cabría esperar de una compañía como Treyarch y una marca como Call of Duty (son más de media docena las partidas en las que los servidores han dicho basta) que, si uno no supiera a qué está jugando, sería lógico pensar que estamos ante una experiencia free to play creada por algún estudio con ansias de subirse al carro de los battle royale. Blackout, desde luego, no entra por los ojos ni es una experiencia sin fricciones.

Ahora bien, tiene la suerte de que, en el núcleo, sigue siendo Call of Duty. El gunplay es tan satisfactorio y bien medido como siempre en la franquicia y aunque, de forma lógica, se han aumentado notablemente el retroceso, la caída de la bala y el tiempo necesario para acabar con un enemigo, los tiroteos siguen funcionando de maravilla.

Otro de los puntos diferenciales de la experiencia está en los zombis que, controlados por la IA y repartidos en zonas concretas, dejarán caer jugoso loot al ser eliminados. Un giro de tuerca, añadiendo mecánicas de riesgo-recompensa, que funciona bien y aporta una capa adicional de profundidad. Lo mismo ocurre con una parte esencial de ese citado loot, las ventajas consumibles que, durante un tiempo concreto, nos darán beneficios como eliminar el ruido de nuestros pasos o aumentar nuestro daño cuerpo a cuerpo.

En general, la esencia de Blackout es la de un battle royale competente y que, bien llevado, puede ser sumamente entretenido y, sobre todo, exitoso y beneficioso para la franquicia Call of Duty. Tiene un tremendo margen de mejora en cuestiones técnicas, gráficas, de conexión y de usabilidad que, más que posiblemente, terminen cambiando menos de lo que nos gustaría pero, si desde Treyarch escuchan a la comunidad y son resolutivos, es seguro apostar que el battle royale habrá llegado para quedarse en Call of Duty. De momento, a un mes del lanzamiento, Blackout divierte pero todo está mucho más verde de lo que cabría esperar.