El episodio “Blackjack” (4x13) comienza donde terminó “Weak” (4x12), en la milla 21 de una carretera perdida entre Texas y Misisipi, junto a cuya indicación acabó la perturbada mujer sucia (Tonya Pinkins) con la vida del desesperanzado Quinn (Charles Harrelson) al final del capítulo precedente: June (Jenna Elfman), que había hablado con él por walkie-talkie y parece que le había convencido para que se uniera a ellos, Althea (Maggie Grace), quien espera recuperar el vehículo de los SWAT que el difunto había tomado, y Morgan Jones (Lennie James) le buscan allí en medio de la noche. Y, cuando Wendell (Daryl Mitchell), Sarah (Mo Collins) y Jim (Aaron Stanford) encuentran al zombi sobre el que la mujer había escrito lo que ponía en las cajas de reparto: “Coge lo que necesites, deja lo que no”, y al que había sustituido por el de Quinn, se dan cuenta de que supone una amenaza.

Por su conversación con Morgan a través del walkie-talkie, comprendemos que es una especie de loca iluminada que abomina la debilidad, se complace por la fortaleza y pretende imponerle a otros su visión desquiciada al respecto, y acecha ahora a nuestro temeroso grupo protagonista. Tras los títulos, nos cuentan por fin de lo que le ha pasado, primero, a Victor Strand (Colman Domingo) y el aún convaleciente John Dorie (Garret Dillahunt), que han quedado atrapados en los terrenos de la oficina de un ranger debido una inundación causada por el huracán, y luego, a Luciana Gálvez (Danay García), quien llega a pie a la biblioteca pública a la que pertenecía el ejemplar de la novela juvenil El Principito (Antoine de Saint-Exupéry, 1943) que le había devuelto Charlie (Alexa Nisenson), con la esperanza de verla allí. Los tres personajes habían ido tras la joven en “People Like Us” (4x09).

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Luciana se topa con un anciano moribundo, Clayton (Stephen Henderson), al que ayuda a tomarse su última cerveza “porque tiene cosas que compensar”, según le dice. “¿Y quién no?”, le responde el vejete. Y, por lo que le explica de su pasado en una escena, comprendemos que es Polar Bear, el hombre que repartía las cajas con suministros junto a determinadas señalizaciones de la carretera y al que Wendell y Sarah le robaron el camión que conducía. Al tiempo, Morgan y June continúan distribuyéndolas a lo largo de su camino, es decir, sin saber cuáles serán las consecuencias —seguro que no muy gratas—, han optado por no atender la exigencia demencial de la abyecta mujer sucia sobre no seguir socorriendo así a los que puedan dar con las mismas “porque les vuelve débiles”. Y la cerveza que Luciana le proporciona a Clayton la ha tomado de una de las cajas repartidas por sus amigos.

Hay aquí, pues, conexiones gustosas, algún desangelado intento de humor por contrapunto y, oh, sí, una gran idea, consistente en aislar juntos a los dos personajes de Fear the Walking Dead que no podrían ser más distintos, Strand y Dorie; y la lógica empuja a los guionistas a mostrar su diferente forma de ver la vida postapocalipsis y el comportamiento que un astuto y deprimente cínico y un luchador buenazo y con fe consideran más oportuno, pero solamente uno de los dos gana el primer asalto. Y Luciana, que ya se ha reunido con ellos, no es la única que se tropieza con los suministros de Morgan y June, sino también Alicia Clark (Alycia Debnam-Carey) y Charlie, instantes antes de que la mujer sucia reaparezca con toda su locura a punto y se líe a disparar al camión en el que viaja parte de los protagonistas desde el vehículo de los SWAT. Una andanada inquietante de balazos y estática es lo último que oímos a través del walkie-talkie que sostiene Alicia: cliffhanger al canto para concluir esta episodio irregular.