A veces, el transporte de fármacos hacia un punto muy concreto del organismo puede ser un proceso complicado, que no se soluciona simplemente ingiriendo una pastilla. Por eso, en los últimos años se han ido perfeccionando las técnicas de desarrollo de pequeños robots capaces de navegar hacia su destino, cargando con medicamentos o pequeñas cámaras dedicadas a realizar inspecciones médicas.

El problema es que el interior del cuerpo humano-y el de otras especies animales- es un entorno bastante hostil en el que desplazarse resulta mucho más complicado de lo que parecía en "La vida es así". Sin embargo, un grupo de investigadores del City University, de Hong Kong, acaba de desarrollar un mili-robot, similar a un pequeño ciempiés, que derriba todos los obstáculos con los que se encontraban hasta ahora otros robots dedicados al transporte farmacológico.

Crédito: City University (Hong Kong)

El Hércules de la farmacología

La naturaleza está repleta de especies animales y vegetales de las que los seres humanos tenemos mucho que aprender. De hecho, el campo de la robótica es uno de los que más siguen esta premisa, especialmente para el desarrollo de robots voladores.

Por eso, estos investigadores, cuyos resultados acaban de ser publicados en Nature Communications, decidieron observar la estructura de varias especies de animales terrestres con 2,4,8 o más patas. Sobre todo, se concentraron en cómo afectaba la relación entre la longitud de sus extremidades y la distancia a la que se encontraban, a la hora de desplazarse y cargar objetos pesados.

Finalmente, concluyeron que lo mejor era recurrir a una proporción 1:1, por lo que elaboraron un robot con cientos de patas puntiagudas de 0’65 mm, separadas entre sí por una distancia de aproximadamente 0’60 mm. En cuanto al grosor del cuerpo, era mucho más pequeño, de 0’15 mm. El resultado es un robot muy ligero, que puede desplazarse fácilmente, tanto por un ambiente seco como por superficies cubiertas o inmersas en fluidos corporales, como la sangre o el moco. De hecho, consigue reducir la fricción 40 veces, en comparación con robots similares, pero sin extremidades.

El material también fue elegido a conciencia hasta optar por el uso del polidimetilsiloxano (PDMS), un derivado del silicio que puede cortarse y moldearse fácilmente, para fabricar robots de tamaños y formas diferentes.

En cuanto al transporte, se hace gracias a pequeñas partículas magnéticas, incrustadas en el PDMS. De este modo, se puede guiar desde fuera del cuerpo mediante electromagnetismo. Este método es muy interesante, ya que se puede aumentar o disminuir la velocidad aprovechando la frecuencia de las ondas electromagnéticas. El resultado es un pequeño robot, similar a una oruga o un ciempiés, que tiene la capacidad de levantar pesos cien veces más grande que el suyo. Esto equivaldría, aproximadamente, a un humano levantando un minibús de 26 plazas.

Pero eso no es todo, pues también es capaz de vadear obstáculos con longitudes diez veces más grandes que sus patas. Lo consiguea gracias a su flexibilidad, que le permite levantar un extremo del cuerpo, formando un ángulo de noventa grados para cruzar sin problema.

Objetivos para el futuro

Una vez desarrollado el robot, el siguiente objetivo de estos científicos será tratar de buscar nuevas formas, todavía más eficientes, añadirle características adicionales y, sobre todo, intentar que sea biodegradable. Según ha explicado en una nota de prensa el doctor Sheng Yajing, director del estudio, esperan haber conseguido esto último en un periodo de entre dos y tres años.

Una vez que lo hayan conseguido, ya podrían proceder a realizar las primeras pruebas con animales y, más tarde, con humanos.