Anunciaron que buscaban aumentar sus operaciones a nivel mundial y no han tardado mucho en ponerse manos a la obra. Los 335 millones de dólares cortesía de Uber y Alphabet ya tienen nuevos destinos y, la mayor parte de ellos, se encuentran en Europa.

Con 70 ciudades en el mundo, la mayor parte de ellas en Estados Unidos, abrieron Europa con Frankfurt y Zurich. Pronto pasaron a poblar las calles de la Ciudad de la Luz, París. Ahora le toca el turno a Madrid. Lime, la mayor compañía de patinetes eléctricos, cuenta los minutos para aterrizar en la capital española.

A día de hoy no están claros los detalles de su desembarco. Se desconoce la fecha exacta, aunque todo apunta a que no se extenderá más allá del verano de 2018. Tampoco el número de patinetes que pondrán en circulación por las calles de Madrid. De momento, la única referencia es París donde la compañía estadounidense comenzó con unos 175 modelos; un euro por desbloquear el patinete y 15 céntimos por minuto en los modelos Lime-S.

A través de varios anuncios en Facebook, la compañía está intentando reclutar trabajadores en la capital. Conocidos como "Lime Juicer" sería la versión rider pero en el mundo de los patinetes. Prometiendo un salario de 500 a 1.000 euros por semana con horarios flexibles, el objetivo es buscar trabajadores (bajo el modelo autónomo) que recojan los patienetes con sus vehículos para cargar las baterías y después soltarlos de nuevo por la ciudad.

"¡Gana dinero ayudando a Lime a transformar el futuro del transporte! Los nuevos scooters eléctricos "Lime-S" de Lime, están a punto de cambiar la forma en que viaja por Madrid. Estamos buscando personas ambiciosas que nos ayuden a garantizar que siempre haya suficiente energía para llevar a todos los conductores allá donde vayan".

La amenaza ya está aquí

Era cuestión de tiempo. La amenaza de que una gran multinacional llegase a España con sus patinetes era algo anunciado desde hace tiempo; la inversión en Lime y su anuncio de expansión era determinante. Fundada en 2017 en Florida, la tecnológica estadounidense está valorada en más de 1.000 millones de dólares y ha conseguido encuadrarse también con clientes que buscan el pago en efectivo o que no usen móviles inteligentes.

En este contexto, varias compañías nacionales habían estado preparando el terreno para lograr cuota de mercado antes de una conquista de terceros. UFO, con sede en Sevilla pero comenzando su negocio en Barcelona con algo más de 100 patinetes, buscaba precisamente este objetivo. Con más dudas en su modelo de negocio que otra cuestión, la idea era crear una comunidad fiel antes de la entrada de una nueva competencia; luchar con el brazo económico de Uber y similares es, para muchos, imposible. Lo mismo la valenciana Buhho.

La realidad es que ambas se encuentran en fase beta y apenas comienzan su andadura por las capitales del país y tiempo se les ha echado encima.

La opinión en contra de Carmena

Desde hace tiempo, ya son varias las voces que se han manifestado en contra del gran número de servicios que copan las aceras de las capitales. Motos eléctricas, bicis y, ahora, también patinetes todos de diferentes compañías privadas. Ya no solo aparcados esperando un nuevo usuario, también circulando algunos de ellos por las mismas aceras.

Hasta la fecha, tanto bicis como patinetes tenían el permiso del Ayuntamiento de la capital para circular por las zonas reservadas a peatones. Limitado para los primeros y abierto al 100% para los segundos, desde algunos sectores se entendía como un asalto a la seguridad de los viandantes.

Sin embargo, el pasado mes de julio, el Ayuntamiento de Madrid daba luz verde a un nuevo texto de movilidad urbana que quiere regular precisamente el negocio de los patinetes en la capital. A grandes rasgos, el objetivo de Carmena es expulsar estos modelos de transporte de las aceras y pasarlos a los carriles bici de la ciudad dejando el aparato como una suerte de juguete para niños grandes.

Ni que decir tiene que esta medida afecta directamente a las compañías que buscan explotar el negocio en España. Una limitación en este sentido, pondría en riesgo el futuro y el crecimiento de los márgenes de las multinacionales interesadas.