La expansión tuvo un precio para Facebook y comprar su éxito más. Su crecimiento en el mundo no solo respondía a los méritos propios de la red social. Se ha podido saber que la tecnológica habría estado compartiendo datos de los usuarios con más de 60 fabricantes de dispositivos móviles desde hace más de 10 años. Apple, Amazon, BlackBerry, Microsoft o Samsung, entre otras muchas. ¿El objetivo? Posicionarse en el negocio de los smartphones mucho antes de que estos estuviesen estandarizados y asegurarse de que se fabricación interesase a los diseños y necesidades de la red social. Eso explicaría la gran presencia que Facebook tenía en las BlackBerrys o por qué era tan sencillo acceder a las listas de contactos de los dispositivos desde el primer momento. Accesibilidad con forma de botones de "me gusta" a cambio de información sin control para los fabricantes.

Tras el escándalo de Cambridge Analytica, que puso patas arriba la seguridad de los datos de los usuarios de la plataforma, se vuelve a poner en entredicho la protección de los datos de la red social. Según publica The New York Times, aún a día de hoy algunos datos de miembros de plataforma siguen circulando sin consentimiento explícito de sus propietarios, incluso después de que el propio Mark Zuckerberg declarase que esas prácticas eran cosa del pasado. Huelga decir que esta situación entraría en grave conflicto con el GDPR vigente en Europa desde el 25 de mayo de este año. Normativa por la que ya han sido acusados por incumplimiento.

Pero, ¿esto no entra en conflicto con el anuncio de Facebook de que se prohibiría la información a terceros? Sí y no. La clave del momento en que la red social entiende que si hay un contrato sobre la mesa esos fabricantes ya no sería considerados terceros. Independientemente de que la información sobre estados civiles, gustos, localizaciones o preferencias dada a fabricantes y a "terceros" fuese exactamente la misma. De esta manera, aunque el usuario no diese su consentimiento tácito, los datos igualmente pasarían a formar parte de la base de datos de los fabricantes. Por su parte, Facebook ha emitido un comunicado en el que niega la mayor, algo similar al caso de Cambridge, y añade que para que los fabricantes pudiesen trabajar sobre la API de Facebook tenían que poder acceder antes de que esta estuviese disponible a los usuarios. Igualmente confirman que no están de acuerdo con los procedimientos de la investigación realizada por el medio. The New York Time ha consultado a los diferentes fabricantes de dispositivos. Samsung y Amazon no emitieron declaraciones. Apple, Microsoft o BlackBerry confirmaron que, efectivamente, tenían acceso a los datos pero solo para el desarrollo de los dispositivos; los datos mencionados nunca pasaban a los servidores de las compañías.

¿Por qué ahora?

Según analiza la investigación del diario estaodunidense, las claves de estas asociaciones se debe a un claro ajuste de cuentas que se está viviendo en Silicon Valley. El dilema de la recopilación de datos, su poca regulación en el país, y la monetización de esta industria está abriendo grandes brechas en la cuna del emprendimiento.

También es un momento sensible para la red social. En mitas de la vorágine de los datos y en una de sus crisis de imagen más graves de la historia, todos los trapos sucios de la compañía se suceden. Pese a sus intentos de bloquear todas aquellas aplicaciones que hagan uso de datos, la realidad es que lo peor de Facebook ha venido de sus propias oficinas.

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