2017 fue el año de Snapchat y 2018 el de Spotify. Todo apunta a que 2019 será el de Airbnb si es que Uber no se le adelanta en algún momento. La tecnológica norteamericana de alquiler de pisos vacacionales más grande del mundo, sin ningún inmueble en su cartera, podría salir a bolsa a lo largo del próximo año.

El propio CEO de la compañía, Brian Chesky, adelantaba este dato en la Recode’s Code Conference de California.

Con el visto bueno de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, Chesky asume que la compañía se encuentra en un buen momento. Tan bueno como para poder plantearse una oferta pública de acciones y poner sus cuentas y cifras, hasta ahora secretas, a disposición del mundo. Los datos de Uber, así como los de Airbnb, llevan siendo objeto de codicia desde hace tiempo.

31.000 millones de dólares en valoración en este momento que podrían empezar a cotizar en Estados Unidos. El CEO de la tecnológica asume que, antes de dar el paso a los mercados públicos, quiere asegurarse de que es bueno para la compañía y para los inversores. Y no solo los inversores, Airbnb se enfrenta a problemas legales en algunas de sus geografías; asegurarse de que el curso de su actividad no sufrirá ningún traspié sería algo más que positivo para esa oferta pública.

Y mientras, en China...

"Airbnb necesita más tiempo para comprender que ellos o cualquier otra compañía extranjera de tecnología simplemente no pueden hacerlo bien en China sin un socio local, cuando se lo demostremos tendrán que sentarse y hablar sobre un trato".

Las palabras de Warren Wang, director de Tujia, competidor de Airbnb en China, a Bloomberg reflejan la realidad de los negocios tecnológicos en el país asiático. La situación de la compañía tecnológica de alquiler de pisos en China no está exenta de problemas. Si en Europa, y concretamente en España, la batalla viene dada por la inclusión de una regularización de los pisos turísticos con el objetivo de grabar con impuestos esos ingresos, en China el problema se encuentra en el propio país. Ciertamente sin regulación en lo que a pisos turísticos en viviendas particulares se refiere, pero con un concepto de empresa extranjera muy complejo.

Hasta la fecha, Airbnb ha trabajado en solitario. Un sistema que ya probase Facebook, Uber o Apple; un sistema que a ninguno le sirvió para triunfar en el país. Facebook y Apple han terminado plegándose a las peticiones chinas y Uber claudicó ante la compra de su negocio en el país por parte de la compañía china Didi.

La suerte de Uber parecía que iba a tener un efecto contagio en Airbnb. En diciembre de 2017, Tujia y Airbnb se sentaban para cerrar el acuerdo de fusión. A pocas horas de la formalización y con todo preparado, la estadounidense se echaba para atrás. Casi dos años después, el acuerdo sigue sobre la mesa para la china. En una suerte de guerra de desgaste, en la que Tujia cuenta con la mayor parte de la cuota de mercado y el beneplácito de las instituciones, su insistencia para formalizar el trato no ha parado.

Por su parte, Airbnb dice que su negocio en el país mejora cada día. Nuevas viviendas y más usuarios, pero que de ningún modo pueden llegar a los niveles de Tujia. La compañía nativa sabe también que, tras la marcha del director de Airbnb china, el puesto ha quedado desierto. De momento, los negocios se controlan desde la central en Estados Unidos con viajes mensuales de alguno de los fundadores a las oficinas en el país asiático para controlar el estado del negocio. Un parche temporal, que tarde o temprano terminará haciendo aguas. Tujia, además, se encarga de recordarle a Airbnb su capacidad para levantar fondos de inversores chinos que apuestan, como no podía ser de otro modo, por la tecnológica nacional. La última en 2017 por 300 millones de dólares.

Mientras tanto, algunos inversores de la tecnológica norteamericana siguen apostando por la fusión. Saben del poder que controla Tujia, con un Gobierno de su parte. Y, sin embargo, Airbnb quiere conseguir eliminar el mito de que una empresa de EE.UU. no puede triunfar en China sin un socio local.