Va dando coletazos de un lado a otro, pero no termina de quitarse los problemas heredados de su pasado reciente. Parecía que la llegada de Dara Korosashahi marcaría un paso adelante; la realidad es que Uber aún tiene que quitarse de encima muchos trapos sucios del pasado.

Uno de sus mayores problemas sigue siendo el del acoso a las mujeres dentro del universo de la tecnológica; tanto en la división de los conductores como en las oficinas centrales. La historia de Susan Fowler es ya de sobra conocida por la opinión pública, tanto así como sus resultados dentro del mundo de las tecnológicas. El testimonio de la ingeniera fue capaz de remover conciencias en Silicon Valley y, sí bien no ha resuelto el problema, si que ha puesto de manifiesto ese mismo hecho: el de que sí existe un problema. Tanto de acoso, como de integración de la mujer en el sector tecnológico.

Las diferenciaciones sexuales en la compañía no han cambiado, ni ido a mejor, con el paso de los meses. Hace pocas semanas, salía a la luz un estudio encargado por la compañía en que se determinaba que la culpa de la brecha salarial era, en principio, de las propias mujeres. Al menos de aquellas que trabajaban como conductoras en la plataforma. Según el texto, elaborado por un grupo de economistas de la Universidad de Stanford y de Uber, las costumbres de las mujeres a la hora de conducir afectan a su sueldo. Conducen más despacio, trabajan menos por su papel de madres y no abordan lugares inseguros por su condición de mujeres. Todo un contraste con las declaraciones del nuevo CEO de la compañía que, haciendo balance del pasado, había concluido que el papel de Uber era el de pedir perdón y empezar a hacer las cosas de una forma diferente.

Ahora, se une a la lista otro nuevo escándalo que aborda la cuestión del acoso dentro del universo de la compañía. Según The Guardian, la tecnológica estaría intentando que los casos de agresión de conductoras a pasajeras no saliesen por la vía judicial y se arreglasen bajo cuerda. A puerta cerrada y para hacer que la polémica sobre la supuesta seguridad de Uber, especialmente en Estados Unidos, se diluya con el paso del tiempo. Según la filtración de una serie de documentos judiciales de una demanda colectiva en California, Uber estaría resolviendo muchos de los casos de acoso de forma privada y con una firma de férreos acuerdos de confidencialidad.

Un total de nueve mujeres afirman que sus expedientes de acoso se resolvieron de esta manera. Por su parte, la compañía afirma que al haber firmado acuerdos de confidencialidad estas no tienen derecho a presentar una demanda.

La complicado de todo esto es la cuestión de la visibilidad de los casos de acosos. Si bien el hecho de mantener la confidencialidad de los papeles firmados es un cuestión inviolable, la solución de Uber no pasa por ocultar los mismos. Si hace unos meses se acusaba a Kalanick de ocultar la peor cara de la compañía, afectando a sus inversores una vez salieron a la luz, la historia de ocultación de los casos de acoso no tendrán un efecto positivo para la compañía. El peor pasado de Uber, pese a intentar quitárselo de encima, sigue estando muy presente.