Bajo el velo de nubes que cubre Júpiter, se encuentra el planeta más grande de todo el sistema solar. Con el objetivo de descubrir en detalle al gigante gaseoso, en 2011 la NASA lanzó al espacio Juno, una misión que alcanzaría su objetivo cinco años después. Tras recorrer más de 3.000 millones de kilómetros, la sonda de la agencia espacial norteamericana comenzaba su aventura para comprender cómo era el interior de Júpiter y determinar su origen y evolución.

Desde la órbita polar del planeta, sumergida entre los peligrosos cinturones de radiación, la nave ha logrado proezas como desvelar el enorme campo magnético de Júpiter, mucho mayor de lo que pensábamos hasta ahora, o sobrevolar la llamada Gran Mancha Roja. Pero su trabajo en el gigante gaseoso aún no ha terminado. Cuatro nuevas investigaciones de la NASA publicadas hoy en la revista Nature sacan a la luz más detalles sobre el interior de Júpiter.

Nuevos detalles sobre Júpiter, el gigante gaseoso

Una de las grandes incógnitas sobre el planeta más grande del sistema solar es saber si su interior es tan dinámico como su parte externa. Por lo que sabíamos hasta la fecha, la superficie de Júpiter consiste en bandas gaseosas que alternan una tonalidad clara y oscura y que albergan fuertes vientos que, en direcciones opuestas, pueden alcanzar una velocidad de más de 100 metros por segundo. ¿Pero qué ocurre dentro del planeta?

Los estudios realizados ahora por los científicos se han centrado en analizar el campo gravitacional, los flujos atmosféricos, la composición interna y los ciclones polares. Según detallan en los cuatro artículos, que protagonizan la portada de esta semana de Nature, Júpiter consiste en una gran bola giratoria cuyos cambios en su campo gravitatorio, que varía entre ambos polos, es la principal pista que sugiere que su densidad interna varía. En un planeta de tipo gaseoso, esta característica puede deberse a la interacción de los flujos atmosféricos que recorren su superficie y que también cambian entre las diferentes regiones.

El tercer trabajo investiga la profundidad de estos flujos de aire. Según sus resultados, una profundidad de 3.000 kilómetros alberga aproximadamente el 1% de la masa de Júpiter. Cuanta mayor profundidad tengan dichos flujos, más masa presentan y, por ello, más impacto tendrán sobre el campo gravitatorio del planeta; una relación que les permitió determinar, a partir del valor de la gravedad, la profundidad a la que se encontraban las corrientes de aire. Así han podido estudiar en detalle la extensión, la forma y la profundidad de las bandas de Júpiter.

Por último, el cuarto artículo en Nature se focaliza en los ciclones polares, que crean patrones con forma poligonal. Sus conclusiones revelan que Júpiter, bajo el manto de nubes que ocultan su existencia, es un planeta fluido, con un exterior gaseoso compuesto por hidrógeno y helio y un interior que cuenta con líquido a una temperatura y presión mayores. Datos que ofrecen un retrato un poco más completo acerca de la dinámica de este lejano mundo, y que nos muestran pistas acerca de otros planetas como Saturno.