Ya son varios los días que han pasado desde que el mundo asistiese al inicio de una de las crisis más graves en la historia de Facebook. Lo más posible es que, con el paso de las semanas, la resaca de la trama de Cambridge Analytica quede en el olvido; el grueso de los usuarios de la red social quizá ni se hayan percatado de la situación. Pero la realidad es que esto supone una gran mancha en el expediente de Facebook que muy probablemente cambiará algunos de los preceptos que formaban parte del ABC de la compañía hasta la fecha.

Si el uso, a través de sus redes, de noticias falsas ha revuelto conciencias y más de un cargo directivo ha tenido que replantear muchas cosas, emplear datos de usuarios por parte de Cambridge Analytica va un poco más lejos. Think Tanks de Silicon Valley ya están dando su punto de vista y apuntan a un castigo severo a Facebook, incluyendo las restricciones de compra durante algunos años y pasando por un aumento de las políticas de privacidad en la red social.

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Con un Facebook acorralado contra la pared, pero que parece no querer reaccionar en exceso ante la avalancha de demandas que se le vienen encima, las últimas declaraciones de Zuckerberg apuntaban a que estudiarían el caso para entender todo lo acontecido. Sin más, y con días de retraso, el fundador de la compañía aparecía despreocupado ante la opinión pública. Desde el otro punto del juego, Christopher Wylie, creador del monstruo de los datos de Cambridge confesaba que la red social estaba al corriente de toda la trama. En un juego de tú palabra contra la mía, ambos gigantes inician ahora un proceso de a ver quién lleva la razón.

El primer instinto de Facebook fue el de prohibir el acceso a Cambridge Analytica a sus dominios. Sin embargo, se pudo saber por una información publicada en The New York Times que los representantes de Facebook y los de Cambridge Analytica se reunieron el pasado martes con el objetivo de discutir los términos de un posible levantamiento de la prohibición. Y es que, en contra de todo pronóstico, según explicó Zuckerberg a ese mismo medio, se están planteando seriamente que la compañía implicada en la trama para colocar a Trump en el gobierno de Estados Unidos vuelva a participar dentro de Facebook.

La realidad es que tanto dejar que Cambridge Analytica vuelva a Facebook como el hecho de vetar su entrada sine díe tiene sus pros y sus contras. Ninguno de ellos salvará a Facebook de su escarnio público.

El posible retorno de Cambridge Analytica

La compañía de origen británico ya se ha encargado a lo largo de la semana de despedir a todos aquellos que, de alguna manera u otra, podían estar relacionados con el caso de los datos de 50 millones de usuarios de Facebook. Alexander Nix y Christopher Wylie han sido los primeros en salir por la puerta.

Con este movimiento, la pequeña tecnológica quería marcar una pauta muy clara: si bien alguno de sus miembros había incurrido en el escándalo de la trama, siendo el origen y fin de todo el proceso, no toda la compañía había estado implicada. Lo que suele decir de forma coloquial como "salvar los muebles". Los documentos aportados por Wylie en su momento de confesión a los medios, sin embargo, daban a entender que hasta el último eslabón de Cambridge Analytica estaba implicado en el proceso.

Con todo, y demostrándose una suerte de inocencia de la compañía -o, al menos, de una parte de ella- y viendo su regreso a Facebook bajo el beneplácito de Zuckerberg, la red social estaría intentando un arriesgado movimiento. Dejando entrar de nuevo a la británica estaría dando un mensaje al mundo de confianza, al menos desde su punto de vista, sobre la actividad de terceros dentro de Facebook. Un elevada seguridad en sí mismo que, sin embargo, podría salirles mal; la confianza en la compañía no pasa por su mejor momento independientemente de su inocencia o no.

Nunca el mundo había sido tan consciente del poder de Facebook y de la capacidad de manejo de datos que controla. Nunca el mundo había sido tan consciente de la influencia de terceros a través de la red social. Asumir su vuelta sería, para Facebook y para los usuarios, una confirmación continuada de que todo va bien con su modelo de negocio y un intento de desacreditar el papel de Wylie y compañía.

El cerrojo de ocho candados para Cambridge Analytica

Si dejar entrar de nuevo a Cambridge Analytica supondría un riesgo para Facebook, tanto lo mismo ocurre con no dejar que la compañía volviese a participar. Sería asumir, con todas las letras, que algo no va bien dentro de la red social desde hace mucho tiempo. Asumirlo en el sentido más amplio de la palabra: ser conscientes de que hay mucho que arreglar dentro de Facebook, en su relación con terceros y en sus brechas de seguridad que están poniendo en entredicho el trato de los millones de datos que maneja Facebook de sus usuarios. Esto, en términos financieros, supone una pérdida de millones de dólares para la red social.

La propia red social sería consciente, aún más del poder que maneja, pero abría la puerta a un estudio exhaustivo de todos sus acuerdos con terceros. Ya apuntaba Aleksandr Kogan, psicólogo implicado con Cambridge Analytica en el desarrollo de los test de personalidad, que lo que habían hecho ellos era una réplica de la actividad de otras muchas compañías. Se inicia por tanto la caza de brujas para Facebook que traerá a los inversores de la red social por el camino de la amargura de aquí a un tiempo.

Cualquiera de las dos decisiones traerá consecuencias negativas para la compañía, ya se a por un lado o por otro: usuarios y credibilidad o dinero e inversores. Si alguno quiso ser Zuckerberg, lo más seguro es que ahora mismo sea uno de los personajes más preocupados del panorama tecnológico.