Hace algo más de un mes nos topamos con la primera evidencia de un cometa interestelar que cruzaba nuestro espacio para desaparecer poco después camino al vacío. Este objeto alargado y extraño fue bautizado como 'Oumuamua y, a medida que avanzamos los análisis lo tenemos más claro: este cometa es único. El último descubrimiento es su capa protectora exterior.

Bañado por los rayos cósmicos

'Oumuamua ha pasado muchísimo tiempo viajando por el espacio. De hecho, no sabemos cuánto, pero está claro que han sido millones de años. Y, al contrario de lo que ocurre con nuestro planeta, su superficie no está protegida por una atmósfera. Esto quiere decir que los rayos cósmicos de cientos de miles de estrellas, explosiones estelares y otros fenómenos astronómicos llevan una eternidad bañando su superficie.

Según un reciente estudio publicado en Nature Astronomy, la exposición a largo plazo a los rayos cósmicos ha creado una capa aislante rica en materia orgánica en su superficie. Esta capa podría haber sido la razón de que el interior rico en hielo de 'Oumuamua no fuera vaporizado durante su paso cerca de nuestro Sol.

C/2017 U1

Recordemos que el cometa entró en nuestro sistema a todas luces desde un punto exterior, un plano casi perpendicular a la órbita de nuestros vecinos planetarios. La atracción gravitatoria del Sol "capturó" este cuerpo cuando pasó muy cerca a él y lo lanzó, de nuevo, hacia el espacio, donde a estas alturas seguirá su largo viaje hacia los confines del universo.

Según los primeros análisis, 'Oumuamua podría haberse formado originalmente en cúmulos de estrellas situadas en las constelaciones de Carina o Columba. Y esto lo deducimos por su dirección y su velocidad, ya que durante muchos millones de años después de aparecer, este tipo de objetos la conservan como si fuera una marca de donde se originaron.

Roja y orgánica

Según los análisis posteriores, 'Oumuamua presentaba una forma alargada de unos 400 metros. Probablemente su color era rojo oscuro, bastante denso y con poco hielo en su interior. Y esta densidad, muestran los últimos análisis, se deberían a su capa protectora externa, formada por compuestos orgánicos que habrían protegido su interior helado.

Los investigadores obtuvieron un espectro completo de las longitudes de onda visibles e infrarrojas cercanas, entre 0.3-1.8 μm de longitud de onda, para determinar su composición. Al parecer, existen diferencias de composición entre las distintas partes de la superficie de 'Oumuamua, que serían similares a las de otros cuerpos pequeños del sistema solar cubiertos con hielo rico en carbono.

Estos sufren cambios en su estructura debido a la exposición a los rayos cósmicos. Y, según el modelo desarrollado por el equipo, un manto de material rico en materia orgánica de medio metro de espesor podría haber protegido la evaporación del interior del cometa, compuesto por hielo rico en agua, probablemente.

'Oumuamua se llamaba C/2017 U1

El pasado dieciocho de octubre, el telescopio Pan-STARRS indentificaba un cuerpo muy oscuro que se acercaba rápidamente. Durante casi seis días se observó este cuerpo con una gran fascinación ya que su dirección eran del todo extraña: perpendicular a los planos de giro de los planetas del sistema solar. Todo indicaba que estábamos ante algo inusual.

Así, el cometa llegaba, daba la vuelta y se marchaba en una cerradísimas elipsis, usando nuestro sistema para dar un violento giro. Poco después las observaciones confirmaban algo que llevábamos años esperando: acabamos de captar un exocometa. Esto es increíble porque es el primer cuerpo procedente de otros sistema que hemos visto y registrado sin lugar a dudas.

A este cometa se le llamó C/2017 U1, en un primer momento, siguiendo la costumbre vigente de nomenclatura de cuerpos celestes en el telescopio. Poco después, sin embargo, semejante encuentro tuvo que ser bautizado. ¡No podía ser menos! C/2017 U1 pasó a llamarse 1I/'Oumuamua, que significa en hawaiano, en una traducción un poco libre, "mensajero" o "explorador" (o más concretamente, “llegar desde lejos”).

Un nombre dado un poco a la ligera, pero abrazado con placer por los astrónomos, y con la venia de la Unión Astronómica Internacional. Y mientras 'Oumuamua sigue su periplo espacial, nosotros seguimos analizando toda la información que pudimos hallar de aquel fugaz encuentro. ¿La razón? Este visitante podría ayudarnos a comprender mejor qué hay ahí fuera. O, incluso, cómo se forma lo que conocemos en nuestro propio sistema.