A mitad del mes pasado un curioso objeto aparecía en nuestros telescopios. Rápidamente, el cometa giraba en una órbita muy acusada y se volvía por donde había venido. El encuentro duró apenas una semana y la observación dejó boquiabiertos a los astrónomos: estábamos ante el primer asteroide interestelar de nuestra historia. ¿De dónde vino? ¿Y hacia dónde va? Hoy tratamos de desvelar sus secretos.

’Oumuamua, así se llama

Durante los días posteriores a la detección, con el furor todavía en la mente, el cuerpo conocido como C/2017 U1 pasó a llamarse 1I/'Oumuamua; que significa en hawaiano, en una traducción un poco libre, "mensajero" o "explorador" (o más concretamente, “llegar desde lejos”). Este nombre, por cierto, fue dado con mucha prisa y saltándose las reglas establecidas para la nomenclatura por la International Astronomical Union. Pero teniendo en cuenta que no vamos a volver a ver este objeto nunca más, podemos saltárnoslas un poco.

cometa en la tierra

Así, ‘Oumuamua pasó rápidamente por nuestra cercanía y se fue veloz en una elipsis que, según todos los cálculos, solo puede deberse a un objeto que provino de fuera de nuestro sistema solar y cuyo camino sigue una dirección similar. ¿Dónde acabará? No tenemos ni idea. Pero mientras perdemos su señal en el espacio profundo, estamos tratando de adivinarlo.

El camino de un cometa interestelar

Mientras que algunos telescopios están intentando verlo perderse en el espacio, antes de que sea demasiado tarde, otros están buscando en lo que fue su supuesta trayectoria con la intención de encontrar su origen. Por suerte, las matemáticas no mienten, y un cálculo preciso puede ayudarnos a interpretar con exactitud de qué punto partió y hacia dónde va este cometa.

Repasemos lo que vimos: el cometa entró en nuestro sistema desde un punto exterior, un plano casi perpendicular a la órbita de nuestros vecinos planetarios. De ahí, la atracción gravitatoria del Sol "capturó" este cuerpo y lo lanzó, de nuevo, hacia el espacio, convirtiendo a nuestra estrella en el vértice de una pronunciada elipsis.

A partir de estos datos, un equipo dirigido por Eric Gaidos, de la Universidad de Hawai, en Manoa, calculó que 'Oumuamua podría haberse formado originalmente en cúmulos de estrellas situadas en las constelaciones de Carina o Columba. "Este objeto tiene el mismo movimiento en el espacio que estos clústeres de estrellas", explica Gaidos para la prensa. "Durante muchos millones de años después de aparecer, este tipo de objetos conservan cierta velocidad, como si fuera una marca de donde nacieron".

¿Cómo se forman los planetas?

Toda esta información podría ayudarnos a conocer más sobre otro hecho fundamental en nuestras investigaciones: la formación planetaria. ¿Cómo aparecen los planetas? De hecho, ¿cómo apareció el nuestro? Para poder descubrir nuevas piezas de este puzle, los astrónomos han de aprovechar al máximo cualquier información recogida en los eventos celestes. Especialmente interesantes son aquellos extraordinarios, como este.

Por ejemplo, los investigadores creen que 'Oumuamua se formó dentro de la línea de hielo de su estrella, es decir, un lugar lo suficientemente cerca de esta como para ser en su mayoría roca y hielo no volátil. El cometa pudo haber sido expulsado por una colisión durante la formación planetaria que probablemente estaba ocurriendo, de manera que fue catapultado del tirón gravitacional hace unos cuarenta millones de años.

Esto convierte a 'Oumuamua en una especie de espejo hacia el pasado, a cómo era nuestro sistema planetario hace mucho tiempo. Al menos una parte de él. "Esta 'cosa' ha estado viajando entre las estrellas, bañada suavemente por los rayos cósmicos durante mucho tiempo", explica a su vez Michele Bannister de la Queen's University de Belfast. Cuando miramos el asteroide no solo aprendemos sobre su sistema original, sino que también podemos conocer más sobre el espacio que le rodea.

HR 8799c: agua y monóxido de carbono en la atmósfera de un exoplaneta

Así, 'Oumuamua comparte un "perfil" de luz teñida de rojo similar a los objetos distantes del cinturón de Kuiper, en nuestro propio sistema solar. Esta pista nos cuenta cómo la exposición prolongada al espacio profundo altera la composición de las rocas espaciales. Y sí, nos sirve para entender mejor qué demonios ocurre en el universo cuando se forman sus cuerpos celestes.

Por ahora solo contamos con una pista cada vez más fría y algunos datos con los que trabajar, mientras el asteroide se aleja rápidamente de nuestros cielos. ¿Qué más descubriremos a partir de este feliz encuentro? Por el momento, podemos estar contentos de haber sido testigos de un hecho único con un cometa que jamás volveremos a ver.