Se venía rumoreando desde hacía meses, especialmente con la entrada de Dara Khosrowshahi como CEO de una de las compañías tecnológicas más populares del mundo: Uber. El nuevo líder de la compañía pronto dio por sentado la entrada de nuevos miembros a la denostada colección de personajes de la junta directiva; y, como no podía ser de otra manera, el nombre de SoftBank era uno de los pocos capaces de participar en ese selecto grupo, al menos como comprador de una parte importante del capital de la compañía.

Pese a los problemas con los accionistas ya establecidos, véase el caso de Benchmark que no querían renunciar a sus opciones de compra sobre la oferta última, el acuerdo final se terminó cerrando en 10.000 bajo la primera oferta, incluyendo acciones de los empleados, que que supone la compra secundaria de acciones más grande de la historia por casi 9.000 millones de dólares con una valoración de la compañía de 70.000 millones de dólares. Los 1.000 millones restantes forman parte de una ampliación de capital Serie G junto con Dragoneer.

Más allá de la operación y lo que supone estratégicamente para Uber y sus finanzas, el posicionamiento de SoftBank en el sector del transporte ha quedado patente con esta adquisición. Sólo en 2017 la entidad japonesa ha entrado en el capital de Ola, Grab, Uber y Didi. Posiblemente las figuras del transporte privado más importantes en todos los continentes, que hacen que SoftBank sin tener empresas del sector propiamente dicho participe de forma activa en su desarrollo. La ironía de Uber o Airbnb, que sin propiedades de sus verticales controlan las mayores industrias de su sector, ha rizado el rizo.

Masayoshi Son. Imagen:Forbes.

Desde 1981 en Japón a todo el mundo

La compañía Japonesa se creó a principio de la década de los 80s como un holding de telecomunicaciones. Sin embargo, el negocio se les iba quedando pequeño allá por donde pasaban, por lo que bajo una estrategia de comprar antes de crear el proyecto inhouse fueron cogiendo músculo a ojos del país asiático.

De esta forma, y siguiendo con esa estrategia, hoy en día controlan varios servicios de internet, telecomunicaciones y televisión digital; además de otros negocios que ha ido fagocitando la empresa a través de sus infinitas filiales de negocios. Compañías de juegos, publicidad, datos en la nube, servicios financieros serían sólo algunas de ellas. Incluso, en 2005, SoftBank entró en el negocio de los deportes a gran escala adquiriendo el Fukuoka SoftBank Hawks, de la Liga Japonesa de Béisbol Profesional. Las compañías internacionales tampoco podían hacerle sombra al imperio creado por Masayoshi Son: Vodafone Japón se deshizo ante los encantos de la entidad y ante un cheque de 78.000 millones de dólares. Tanto así Yahoo, cuando aún eran poderosos, que se unió a la multinacional para controlar el mercado de Internet en el país. Muchas inversiones que, si bien trajeron grandes réditos a las cuentas de la compañía, también dejaron grandes agujeros en sus arcas. Sin embargo, pocos pueden decir que habiendo perdido casi 100.000 millones en un negocio fallido, la empresa tiene su solvencia completamente asegurada.

Aunque, sin duda, uno de los momentos cumbre de la entidad fue cuando, en 2008, cerraron un acuerdo de exclusividad con Apple. De esta forma, SoftBank era la única entidad en el país nipón con permisos para vender el nuevo 3G.

Con todo, el beneficio de SoftBank para junio de este mismo año se posicionaba en unos 4.330 millones de dólares. O lo que es lo mismo, una de las compañías más valiosas de Japón.

A por las tecnológicas del mundo

La compañía ya apuntaba a maneras cuando en el año 2000 entraba en el accionariado de Alibaba; controlando hoy el 32% de su capital, SoftBank pronto vio cómo esta entidad podía hacer frente al ideario de Bezos en Amazon. La creadora de Clash of Clans, Supercell, ya es propiedad al 51%. Tanto lo mismo con Yahoo Japan o Line.

Lo anunciaban en mayo de este mismo año. SoftBank creaba el fondo tecnológico más grande de la historia con una capitalización de 100.000 millones que se dedicarían única y exclusivamente a la inversión en startups estratégicas de todo el globo. Entre sus partners un grupo selecto de representantes a nivel mundial: Apple, Qualcomm, Mubadala Investment Company, UAE, el fondo público PID de Arabia Saudita, Foxconn y Sharp. Un paso curioso para una empresa en un país que, pese a su elevado nivel tecnológico, carece de cultura emprendedora ad hoc.

Y las inversiones empezaron más que pronto. Sólo en lo que llevamos de 2017, SoftBank ha entrado en el capital de 39 tecnológicas, la mayor parte de ellas liderando la inversión. Y lo cierto es que algunas de ellas pueden considerarse como estratégicas. Slack recibía 250 millones en una última ronda. Teniendo en cuenta que el sistema de comunicación hace frente a las herramientas nativas de Microsoft, la idea de conquistar los servicios de empresas más populares puede ser muy golosa para SoftBank. Así como los espacios de trabajo; a principios de año WeWork levantaba casi 3.000 millones de varios inversores para crecer en mercados internacionales. La entrada en el capital de Flipkart tampoco se quedaría corta con sus 2.500 millones anunciados en verano. Sin embargo, esto ha sido especialmente destacado en el negocio del transporte Si hace unos días Grab cerraba 2.000 millones de dólares con SoftBank detrás, Ola y sus casi 2.000 millones en varias operaciones, los más de 10.000 de Didi. Ahora, Uber cierra el círculo que posiciona a SoftBank en la cumbre el imperio del transporte.