Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa son los dos únicos investigadores que España reivindica a la hora de hablar de los premios Nobel relacionados con la investigación —aunque Ochoa fuese galardonado en 1959, cuando ya se había nacionalizado en Estados Unidos, perdiendo su nacionalidad de origen—. Un año más, tras conocer qué científicos han recibido los premios Nobel de 2017, un español se ha quedado a las puertas de recibir el galardón.

A pesar de que su nombre sigue sonando como firme candidato, Francis Mojica no ha sido premiado en esta edición. Tampoco ha recibido el reconocimiento ningún otro investigador implicado en el desarrollo de la edición genómica, por lo que cabe la posibilidad de que los pioneros de CRISPR-Cas9, incluido el propio Mojica, ganen el Nobel en un futuro.

Si echamos la vista atrás, hubo varios científicos españoles que se quedaron a las puertas de recibir este importante galardón. Las nominaciones a los premios Nobel no se hacen públicas hasta pasados cincuenta años, por lo que en la actualidad solo es posible consultar quiénes fueron los candidatos desde 1901 hasta 1967. La lista de investigadores con nacionalidad española es exigua, pero incluye figuras muy relevantes de la ciencia cuyos trabajos han pasado desapercibidos durante décadas.

El fisiólogo catalán que llegó a ser diputado

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La familia Pi i Sunyer, reunida en Caracas. Fuente: Col·legi de Metges de Barcelona

El barcelonés August Pi i Sunyer combinó su afición política con una vida dedicada a la investigación. Licenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona y doctor por la Universidad de Madrid, el científico creó una importante Escuela dedicada a la Fisiología en la Ciudad Condal. Allí fue donde realizó el grueso de su carrera investigadora, enfocada en el estudio de los mecanismos fisiológicos de la inmunidad celular y de los reflejos, tal y como recoge Mª Jesús Santesmases en el libro Entre Cajal y Ochoa: ciencias biomédicas en la España de Franco (1939-1975).

Pi i Sunyer, cuyo trabajo es recordado en el nombre de una de las instituciones de investigación biomédica más importantes de Cataluña, fue nominado al premio Nobel en cuatro ocasiones (1915, 1929, 1948 y 1949). Sus importantes contribuciones científicas no le apartaron de otra de sus grandes pasiones, la política, a la que dedicó buena parte de su tiempo con la fundación de la Unión Federal Nacionalista Republicana en 1916, su ascenso como diputado en las Cortes por el Partido de la República Catalana o su trabajo como miembro de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, entonces presidida por Ramón y Cajal.

El fisiólogo catalán era hermano de Santiago Pi i Sunyer, también experto en Fisiología, y de Carles Pi i Sunyer, alcalde de Barcelona durante la proclamación del Estado catalán dentro de la II República Española por parte de Lluís Companys. El candidato al Nobel vio cómo su familiar era detenido y trasladado al buque Uruguay, después de que el Gobierno de Alejandro Lerroux declarase el estado de guerra para frenar la intentona separatista de octubre de 1934. Tras el golpe de estado del 18 de julio y el estallido de la Guerra Civil, los hermanos Pi i Sunyer se vieron condenados al exilio, donde permanecieron hasta su muerte.

El médico al que le cambiaron el nombre

Uno de los casos más curiosos en la historia de las nominaciones al Nobel lo protagoniza José Gómez Ocaña. El investigador, nacido en Málaga y miembro de la Real Academia Nacional de Medicina, fue pionero en el estudio de los centros ópticos en la corteza cerebral. Su trabajo le hizo merecedor de cinco nominaciones al Nobel (1901, 1912, 1913, 1916 y 1918), aunque en la base de datos de la fundación que gestiona los galardones en memoria de Alfred Nobel, su nombre aparece cambiado. En algunas candidaturas se puede ver "Joseph G. + Ocaña", mientras que en otras figura como "José + Gómez Ocaña" y "José Gómez + Ocaña".

El republicano discípulo de Cajal

Uno de los mejores discípulos de Santiago Ramón y Cajal fue el vallisoletano Pío del Río-Hortega. El científico se dedicó a estudiar las células gliales, un tipo de células que representan el 90% del encéfalo, mediante las técnicas desarrolladas por Camilo Golgi y el propio Cajal. Las investigaciones de Río-Hortega hicieron que fuera candidato al Nobel en dos ocasiones (1929 y 1937), años después de un célebre enfrentamiento con su mentor por problemas personales, que le alejaron del laboratorio de Cajal durante una época, aunque luego volvieran a retomar su amistad.

Tras el levantamiento del 18 de julio y la Guerra Civil, al igual que ocurrió con August Pi i Sunyer, Pío del Río-Hortega acabó sus días en el exilio. Las necrológicas de la época, como recopilaba el catedrático José Ramón Alonso, le describieron como "un hombre de ciencia auténtico", de los que "mantuvieron la bandera de la democracia, del antinazismo, del republicanismo hasta el último soplo vital". El neurocientífico permanece sepultado desde 1986 en el Panteón de Hombres Ilustres de la capital vallisoletana.

El inventor de la vacuna contra el cólera

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Microrao (Wikimedia)

El valenciano Jaume Ferrán fue nominado al Nobel en seis ocasiones (1911, 1912, 1913, 1915, 1920 y 1921). Sus candidaturas eran realmente merecidas, ya que el investigador fue el responsable de desarrollar la primera vacuna contra el cólera que se probó en el mundo. Sus logros médicos fueron recibidos con escepticismo debido a las dudas sobre la seguridad de la vacuna planteadas por buena parte de la comunidad científica española, incluido Ramón y Cajal, que trabajaba en aquella época como catedrático de Anatomía en Valencia.

Sin embargo, según la historiadora María José Báguena, los datos no dejan lugar a dudas. A la luz de los estudios realizados sobre las estadísticas de la inmunización promovida en Alzira, la eficacia de la vacuna de Jaume Ferrán fue del 80,9% en los inoculados y del 92,5% de los reinoculados, mientras que se registró un 51,8% de fallecimientos entre las personas que no fueron inmunizadas. El bacteriólogo también hizo estudios sobre otras enfermedades infecciosas, como el tifus, la difteria o la rabia.

El Nobel español que no entra en las cuentas

A pesar de que España suele presumir de contar con dos premios Nobel en ciencia, lo cierto es que Severo Ochoa recibió el galardón cuando ya había adquirido la nacionalidad estadounidense. El investigador asturiano, que comenzó su carrera bajo la dirección del neurocientífico y político Juan Negrín, se especializó en Bioquímica y Farmacología.

Ya en Estados Unidos, donde llegó en 1940 tras exiliarse a Alemania primero y a Reino Unido después por culpa de la Guerra Civil, Ochoa contribuyó a elucidar los mecanismos por los que se sintetizan los ácidos nucleicos. Su trabajo le valió cuatro nominaciones (1956, 1957, 1958 y 1959), aunque logró la ansiada medalla con su última candidatura, compartiendo el premio con Arthur Kornberg.

Al igual que Severo Ochoa, el neurocientífico Santiago Ramón y Cajal pudo recibir el Nobel durante alguna edición más. El investigador aragonés fue candidato al premio en más de sesenta ocasiones durante los años 1901, 1902, 1903, 1904, 1905, 1906 y 1907, aunque finalmente fue galardonado en 1906 junto con Camilo Golgi. De haber recibido el Nobel por partida doble, Cajal habría logrado entrar en el selecto 'club' de investigadores que repitieron el galardón, una selección formada por Marie Curie, Linus Pauling, Fred Sanger y John Bardeen, aunque finalmente Cajal no lo consiguió.