Era de esperar y finalmente ha llegado. Uber ha presentado su apelación ante la decisión de la agencia controladora del transporte en Londres, TFL, de retirarles la licencia de operaciones.

Las malas prácticas que, según la organización, ha venido gestionando Uber respecto al control de los usuarios empleados en la administración o la falta de seguridad con sus conductores fueron suficientes para retirar el permiso. De nada ha servido la visita del CEO de la compañía, Dara Khosrowshahi, para intentar recuperar la licencia perdida a finales de septiembre. Y que, de no cambiar próximamente, dejaría fuera de juego a la tecnológica en uno de sus principales bastiones europeos.

El recurso se presenta largo y complicado para la tecnológica. Según fuentes de Reuters, el 11 de diciembre (suponiendo que no haya cancelaciones o atrasos), se celebrará una audiencia en la que se enfrentarán Uber y el TFL, cada uno con sus argumentos. Está claro cuáles serán los de la organización londinense para el transporte; pero por parte de Uber, según ha podido saber Techcrunch, no serán revelados hasta días antes de la vista. Como suele ser costumbre para la entidad. Aunque lo más seguro es que los tiros vayan por el histórico de actividad de Uber en la ciudad británica que, tras casi cinco años operando, se ha convertido en un elemento indispensable para la gestión del tráfico en la capital.

La buena noticia, tanto para usuarios como para los más de 30.000 conductores de Uber en Londres, es que la compañía podrá seguir operando con sus coches durante todo el tiempo que dure el proceso legal entre la compañía y el TFL. Lo cual, probablemente será durante mucho tiempo .

El dilema de Londres se une, de esta manera, a la lista de procesos legales que Uber mantiene abiertos en medio mundo. El de España, que se mantiene abierto desde 2013 y que espera su resolución desde el Tribunal de Justicia de la Unión Europea a finales de año sería uno de ellos.

Así como el que mantienen en Estados Unidos contra Waymo, la filial de coches autónomos de Google, por un supuesto caso de robo de patentes de la mano de Lewandowski. Todos ellos, especialmente el último y el de Londres le costaría millones a Uber; tanto por el pago de las multas que se le vendrían encima, como por la pérdida de una de sus principales fuentes de ingresos a nivel global.