"Lo más insoportable durante el día fueron los gritos de auxilio. Allí estaban esas montañas de escombros, de acero y cemento, y nosotros sin equipo necesario sin plumas [grúas] ni escaleras telescópicas ni traspaso, solo con palas, picos y tenazas", explicó uno de los supervivientes del terremoto del 85 en la Ciudad de México en el libro No sin nosotros, de Carlos Monsiváis.

Más de 400 edificios cayeron la mañana del 19 de septiembre de 1985 como si fueran castillos de naipes tras un terremoto de 8.1 en la capital mexicana, donde se reportaron unas 4.500 víctimas mortales ante el Ministerio Público pero, hasta la fecha, no se ha podido contabilizar el número exacto de muertes que provocaron los derrumbes. El desastre puso de relieve el mal estado de muchos edificios en la Ciudad de México y destapó tramas de corrupción en el mundo de la construcción, en donde la seguridad y el estado de los edificios se dejó de lado para fomentar el avance de la metrópoli.

Desde la tragedia, la alarma de alerta sísmica es motivo de terror para muchos capitalinos que tienen el recuerdo de esa mañana de septiembre o que han sido testigos de las experiencias de sus familiares o amigos. La noche de este 7 septiembre, casi 32 años después del sismo, la alarma volvió a sonar en la Ciudad de México, lo que predijo un terremoto de 8.2 según el Sistema Sismológico Nacional y cuyo epicentro estuvo en el estado de Chiapas.

Los mayores daños se reportaron en ese estado y en la vecina Oaxaca, donde se han confirmado la muerte de más de 30 personas hasta el momento y numerosos daños materiales. Sin embargo, la capital mexicana no sufrió ningún derrumbe y solamente se registraron fallas en el sistema eléctrico de algunas colonias. El susto y el miedo a que se repita el suceso del 85 estuvo, a pesar de todo, muy latente durante los minutos que duró el temblor.

El presidente Enrique Peña Nieto afirmó que el sismo de este 7 de septiembre ha sido el más intenso en los últimos cien años aunque las consecuencias de este terremoto de 8.2 en la capital mexicana han sido mucho menores que las del 85. Esto se debe, en primer lugar, a que el epicentro del último sismo estuvo a unos 700 kilómetros de distancia de la capital. Por el contrario, en 1985 el epicentro se ubicó entre Guerrero y Michoacán, a unos 400 kilómetros de la Ciudad de México. Asimismo, la profundidad del terremoto de este pasado jueves fue de 58 kilómetros, mientras que el anterior tuvo lugar a una profundidad de 15 kilómetros.

Estas características más allá de la magnitud del sismo marcan el efecto destructivo aunque, en el caso de la Ciudad de México, una mejora de la infraestructura desde el desastre de 1985 pudo haber evitado daños mayores en la capital. Renato Berrón, director general del Instituto para la Seguridad de las Construcciones en la Ciudad de México, explicó que desde los derrumbes de 1985 se han tomado medidas para aprobar "normas y reglamentos más severos, y los coeficientes utilizados para diseñar se incrementaron para construir edificios más robustos, más fuertes y con mucha mayor resistencia".

En concreto, la Ley del Sistema de Protección Civil puso dentro de un marco jurídico a nivel nacional las acciones "dirigidas a disminuir el impacto destructivo de un fenómeno de origen natural o antropogénico" entre las que se encuentra una modernización de las instalaciones y de la infraestructura. En este contexto, Berrón añadió en entrevista con Hipertextual algunas de las medidas llevadas a cabo en la Ciudad de México.

Se intensificó la supervisión de las obras y se crearon nuevos peritos llamados corresponsales de seguridad estructural, gente especializada con experiencia y conocimientos para que el gobierno las acredite y ejercen esa labor de supervisión como mecanismo de control.

Los nuevos reglamentos han mejorado la situación de muchos edificios pero sigue habiendo, según Renato Berrón, mucha vulnerabilidad. La necesidad de una infraestructura robusta es clave para evitar los derrumbes ante casos de terremoto, pero en el centro de la Ciudad de México muchos edificios sufren, además, peligro de hundimiento. La capital mexicana fue construida sobre lo que era antes el Lago de Texcoco y este terreno lacustre ha provocado la consolidación del suelo y su hundimiento. En algunas zonas de la ciudad se han registrado también varios socavones, provocados por la misma razón.

Las casas ubicadas en zonas lacustres como el Centro Histórico tienen muchas grietas y cuentan con un peligro mayor ante sismos por su fragilidad. Por otro lado, los edificios que sobrevivieron al sismo de 1985 pueden estar en este momento muy deteriorados por falta de mantenimiento, lo que les convierte en vulnerables. Si un suceso como el de hace 32 años se repitiera, Renato Berrón destaca que seguramente se derrumbarían de nuevo muchos edificios aunque los efectos se reducirían. "Pensamos que los resultados de las medidas serán muy buenos pero desde 1985 no ha habido un sismo de tanta magnitud y hasta entonces no estaremos seguros del gran avance".

A pesar de las mejoras en la infraestructura, siguen habiendo muchos retos pendientes. El Instituto para la Seguridad de las Construcciones en la Ciudad de México tiene en mente varios proyectos que, aunque se necesitarían muchos recursos, favorecerían el estado de algunos edificios en la capital mexicana. Una de las inicativas está basada en un estudio sobre la vulnerabilidad de los edificios tendiendo en cuenta muchos factores para determinar su estado y mejorarlo en caso de peligro de seguridad. La "radiografía", como cuenta Berrón, es algo laborioso y tardaría años pero se podría analizar toda la infraestructura y detectar fallos internos. "En el sismo de este jueves, los edificios puede parecer que están bien pero puede haber algo en el fondo. Eso no lo dicen los ojos, sino los instrumentos", concluyó el director general del instituto.

La Ciudad de México no es la misma en 1985 que 2017. La infraestructura, aunque con carencias, ha mejorado en algunos puntos de la ciudad y la seguridad ante un sismo de gran envergadura se ha consolidado. Sin embargo, la expansión de la capital mexicana no ha parado desde principios del siglo XX y el gran número de construcciones ha provocado que muchos edificios se hayan construido sin tener en cuenta la protección ante el riesgo por sismos.