“La serpiente” es el título del décimo primer episodio de la tercera temporada de Fear the Walking Dead, y pocas veces como en su comienzo se da uno cuenta de que, por lo visto, los zombis han pasado definitivamente a un segundo plano en esta parte de la historia en el mundo postapocalíptico de Robert Kirkman. En los dos episodios anteriores, “Minotaur” (3x09) y “The Diviner” (3x10), ya nos habíamos percatado de ello, de todos modos, y de que lo importante son las tramas de poder y supervivencia de aquellos que aún razonan, sienten y padecen y no caminan arrastrando los pies ni emiten repulsivos sonidos guturales como si se les hubiera atravesado una espina en sus gargantas putrefactas.

Así que lo sentimos por los que ven esta serie y su ficción madre, The Walking Dead, por los momentos de vísceras y sanguinolencia, que los hay, pero es que resulta un poco difícil hacer evolucionar a los muertos vivientes como personajes, profundizando en ellos sin llegar a su masa encefálica con algún objeto puntiagudo, y que resista el interés del espectador más exigente; dentro de lo que cabe. Resulta que Madison Clark (Kim Dickens), un risueño Victor Strand (Colman Domingo) y Qaletqa Walker (Michael Greyeyes) se dirigen a la presa antes controlada por Dante Esquivel (Jason Manuel Olazábal) en su vehículo provisto de un tanque para conseguir el agua que el Rancho Broke Jaw tanto necesita; y los zombis sólo son una molestia en su camino de la que librarse.

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Se ven obligados a descender a las apestosas, oscuras y laberínticas cloacas de Tijuana con Strand como guía, se pierden con muertos vivientes al acecho, y Walker se harta y toma las de Villadiego para luego volver. Entonces, Strand le confiesa a Madison que, tal como vimos en “100” (3x04), utilizó a Ofelia Salazar (Mercedes Mason) como cebo para obtener ayuda de su padre, Daniel (Rubén Blades), que la está buscando, se encuentra en la presa dichosa y es “más duro que nunca”. Strand halla el camino de nuevo pero no se acaban las dificultades, que se materializan en un orondo y podrido tributo precisamente a esos espectadores a los que les van los descuartizamientos.

Por otro lado, Daniel Salazar y su grupo de la presa tienen verdaderas complicaciones para repartir agua entre la población próxima a la presa por sus desesperados arranques violentos, y discute con Efraín (Jesse Borrego). Al regresar, se topa con Madison, Strand y Walker abandonando las cloacas, y pese a que no demuestra mucha alegría al ver al segundo, su expresión cambia radicalmente cuando Madison le explica qué ha sido de Ofelia. Pero Lola Guerrero (Lisandra Tena) les niega el agua que ansían para evitar motines. Daniel puede quedarse para protegerla sabiendo que su hija se encuentra bien, pero Walker le asegura a Strand que, sin agua, la expulsión de las personas de los Otto y los Clark de Broke Jaw será inevitable.

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Nos enteramos de que el nombre del capítulo se refiere al bribón, astuto y peligroso, de Strand, quien le sonsaca a Efraín las sospechas de Daniel, que tilda de simples paranoias, sobre un posible estallido de violencia contra los encargados del lugar y su convencimiento de que Lola debe defenderse. Y, en ese repentino giro de antipatía que han querido darle a Efraín, apunta que deberían abrir las compuertas que mantienen el agua retenida, dejarla escapar y que sea lo que Dios quiera. ¿Es lo que va a ocurrir y los guionistas preparan el terreno? Por otra parte, a Daniel no le gusta demasiado en lo que Ofelia se ha convertido según lo que le informa Walker. Y, finalmente, Strand obra su magia astuta, que a tantas anécdotas históricas y del cine contemporáneo hace referencia, y “La serpiente” concluye como uno de los pocos capítulos esperanzadores que hayan podido contemplarse en este universo plagado de zombis.