A última hora de la tarde de ayer, un grupo de investigadores anunció en la revista Nature la que con toda probabilidad será la noticia científica del año. El sistema CRISPR-Cas9 había modificado el genoma de embriones humanos para ‘borrar’ una mutación relacionada con una grave enfermedad cardíaca. Cuando apenas han pasado unas horas para asimilar los resultados, que suponen un auténtico bombazo y que cuentan con implicaciones éticas y jurídicas profundas —al haber creado embriones humanos únicamente con fines de experimentación—, la edición genómica vuelve a estar en el punto de mira.

El motivo, esta vez, es muy diferente. Detrás del innegable éxito de CRISPR-Cas9, también ha habido fracasos y decepciones. En mayo de 2016, un equipo de científicos chinos anunció en Nature Biotechnology el desarrollo de una herramienta para editar el genoma procedente de la bacteria Natronobacterium gregoryi. El nuevo sistema, que recibió el nombre de Argonaute o NgAgo, fue promocionado como un ‘bisturí molecular’ igual o mejor que CRISPR-Cas, recibiendo una importante atención mediática en China, donde se publicaron más de 4.000 noticias en los dos meses siguientes a la difusión del estudio del grupo de Chunyu Han. El rival chino de CRISPR-Cas9, sin embargo, ha resultado ser un fiasco.

«Los datos han hablado»

Los resultados publicados por los investigadores chinos fueron puestos pronto en cuarentena. Como en cualquier estudio científico, otros equipos del mundo trataron de replicar sus experimentos para comprobar que las conclusiones eran ciertas. Sin embargo, diferentes grupos comenzaron a alertar meses después acerca de los problemas de reproducibilidad del artículo publicado en Nature Biotechnology. La falta de reproducibilidad, que ha llegado incluso a afectar a trabajos impulsados por premios Nobel, supone que los resultados obtenidos por diferentes investigadores no eran consistentes con los originales. Los conflictos sobre la reproducibilidad, que han sido frecuentes en áreas como la psicología o la biología del cáncer, pronto empezaron a planear sobre el máximo rival de CRISPR-Cas9.

El sistema de Argonaute era la cuarta generación de herramientas para editar el genoma, después de la llegada de otras proteínas como las TALENs, las ZFNs y, por supuesto, el ‘bisturí molecular’ más conocido, CRISPR-Cas9. Pero las expectativas sobre AgNgo, que fue inicialmente descrito en un trabajo publicado en Nature en el que participaron investigadores españoles, empezaron a desinflarse rápidamente. El científico Gaetan Burgio expresaba sus dudas sobre Argonaute en un artículo publicado en Medium. «No he encontrado evidencia estricta de que NgAgo sirva para editar el genoma», afirmaba el profesor de la Universidad Nacional de Australia.

El investigador Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), se sumaba a las críticas iniciales tras intentar repetir sin éxito los experimentos con Argonaute. «No existen evidencias de la actividad de edición genómica», escribió el científico español en la página web de su grupo, donde ha recopilado los diferentes trabajos publicados en torno al sistema NgAgo. Diversos estudios posteriores, difundidos en Protein Cell, Nature Biotechnology o Biotechniques, pasaban del escepticismo inicial al rechazo frontal sobre las esperanzas puestas en el rival chino de CRISPR-Cas9.

Jennifer Doudna/UC Berkeley

Las críticas en la comunidad científica sobre la falta de reproducibilidad de Argonaute obligó a la propia Nature Biotechnology a publicar en noviembre de 2016 un editorial donde expresaba sus reservas acerca de los resultados positivos dados a conocer previamente. La revista afirmaba estar en contacto con el grupo de Chunyu Han y con otros equipos para determinar por qué las exitosas conclusiones iniciales sobre NgAgo parecían no ser consistentes. Casi diez meses después, Nature Biotechnology ha tenido que difundir un nuevo editorial donde lamenta los esfuerzos, el tiempo y el dinero perdido para tratar de replicar los experimentos iniciales. Los datos acumulados en los dos últimos años en contra han llevado hace unas horas al propio grupo de Han a retirar el artículo científico al ser incapaces de reproducir los resultados originales.

«La publicación del paper sobre NgAgo no fue el final del proceso científico», defiende el editorial de Nature Biotechnology, que también alaba el poder de las redes sociales, que sirvieron como un canal rápido y eficaz para que la comunidad científica alertase sobre la falta de reproducibilidad de los experimentos iniciales, poniendo en duda las expectativas generadas sobre Argonaute. Además, la revista reconoce que por el momento no ha encontrado evidencia de que los resultados del equipo de Han fueran manipulados, comprometiendo la integridad científica del trabajo. «En el caso de NgAgo, el tiempo ha llegado y los datos han hablado», concluye el editorial donde se explica el fracaso del gran rival chino de CRISPR-Cas9. La evidencia disponible ha demostrado que Argonaute ha terminado siendo un fiasco. Parafraseando al mexicano Vicente Fernández, CRISPR-Cas sigue siendo el rey.

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