El verano llegó hace una semana, y con él la brisa veraniega, la promesa de sol y el olor a vacaciones. Por mucho que nos cueste admitirlo, no contamos con el cuerpo que nos gustaría lucir en la playa. Los complejos sobrevienen para hostigarnos y nos sentimos culpables de no habernos cuidado más durante el año. Es hora de hacer algo desde ya mismo. Ha llegado el momento de poner en marcha la operación bikini. ¿Por dónde empezamos? Un momento de calma por favor. Probablemente estés cometiendo un grave error.

La operación bikini no tiene sentido

Antes de comenzar a tratar en mayor profundidad este tema hay que dejar claro un aspecto: eso que solemos llamar operación bikini no es precisamente algo para tomarse a broma. Con esta expresión se nombra a una peligrosa práctica consistente en tratar de adelgazar mucho en poco tiempo, algo que es definitivamente malo para nuestra salud. Y lo peor de todo es que siempre están los listillos que conocen secretos cuasi mágicos para que pierdas peso fácilmente y sin esfuerzo, en sólo dos semanas. Vamos, que podrían curar la obesidad, que es la epidemia más extendida del mundo, si quisieran. Lo que tal vez no saben estos "gurús" del peso (o no quieren que tu sepas) es que la aplicación de este tipo de dietas consiguen más bien lo contrario. Sí, como podrás deducir, eso implica que dejarse llevar por la furia de la operación bikini puede significar engordar más, en vez de adelgazar.

Janeb13 (Flickr)

Lo dicen varios estudios científicos cuya finalidad es únicamente contrastar los hábitos alimenticios de la población: tratar de adelgazar mucho en poco tiempo es un craso error. La única manera de perder kilos de forma saludable y, además, mantener el peso es cambiar nuestros hábitos. Y no, no se cambian los hábitos de la noche a la mañana. Ni siquiera en un par de semanas. El hábito se construye con esfuerzo y disciplina. ¿Y de qué hábitos hablamos? Alimentación y actividad física. Aunque tu cuerpo tiene un consumo basal de kilocalorías diarias, necesitas algo de actividad física todos los días. También es conveniente "aprender" a comer adecuadamente, siguiendo horarios y dietas saludables. Con algo de tiempo, meses probablemente, habremos modificado nuestro metabolismo, adquiriendo más músculo y metiéndonos en el cuerpo las calorías necesarias, y no una burrada más (que es lo que solemos hacer). Estos dos hábitos pueden ser un poco incómodos, especialmente al principio, pero son las dos únicas claves para adelgazar sin poner en riesgo nuestra salud.

Por el contrario, en la dichosa operación bikini esto no ocurre: ni cambiamos nuestros hábitos alimenticios, ni tampoco los hábitos de actividad física. En tan poco tiempo es imposible que nuestro cuerpo cambie su metabolismo, pues para eso está finamente regulado, por nuestra propia salud. Lo único que hacemos con estas dietas milagrosas es limitar exageradamente la ingesta durante periodos cortos de tiempo. En conclusión, nuestro cuerpo consume las reservas que tiene y perdemos peso. Peso que volvemos a ganar en el momento en el que volvemos a los viejos hábitos (cosa nada difícil cuando te alimentas dos semanas a base de piña). Además, durante ese tiempo no hemos provisto de las necesidades nutricionales adecuadas, por lo que podríamos encontrarnos con problemas inesperados un poco más adelante. Problemas que podrían resultar muy graves.

Las dietas más peligrosas del verano

Bueno, admitiremos que algunas no son sólo para el verano. Y es que, si sirven para la operación bikini, ¿por qué no van a valer para el resto del año? Al menos así piensan muchas personas. El problema, como os decíamos, es que ni valen para el verano ni valen para nada. Seguir estas dietas puede ser un auténtico problema para nuestra salud y rara vez, por no decir ninguna, llegarán a surtir el efecto que esperamos.

La increíble dieta de la piña

Así la llaman muchas páginas de internet que quieren ser "tu portal de alimentación y nutrición". Según estos sitios, la dieta de la piña es especialmente útil para bajar hasta cinco kilos en sólo tres días, librarnos de toxinas y no se cuantas maravillas mágicas más. Pero no. Esta dieta es lo que se conoce como una dieta excluyente, monoalimenticia, basada prácticamente en este alimento. Lo que es un grave error, por mucho que no se alargue más de unos pocos días. No por nada los mismos que la recomiendan advierten que "Si te sobrepasas, puedes acarrear graves problemas a tu salud (SIC)". La dieta de la piña, resumiendo el asunto, provoca una pérdida de líquidos considerable, arrastrando con ellos una gran cantidad de nutrientes. Además, aunque la piña en sí es bastante saludable, con un aporte en fibra y vitaminas muy positivo, no contiene todo lo que un ser humano necesita, ni por asomo, así que esta dieta suele quedarse muy corta en su perfil nutricional.

La dieta de la alcachofa

Al igual que la dieta de la piña, esta otra apuesta por el efecto diurético de la alcachofa como alimento. Bueno, es verdad que la alcachofa tiene una serie de propiedades muy positivas para la salud, incluyendo el efecto diurético y la presencia de cinarina, una sustancia con varias propiedades beneficiosas en nuestro cuerpo. Pero no hay ni una sola evidencia que indique que ayude a perder peso. Excepto por el hecho de que esta dieta aconseja restringir la alimentación de forma salvaje, lo que puede suponer un desequilibrio nutricional severo. Comer alcachofa es bueno. Comer alcachofa, solamente, es malo. Más claro, agua.

La dieta del hielo

Esta dieta no tiene por qué ser peligrosa en sí. Aunque sí puede acarrear algunos problemas de salud. El método consiste, básicamente, en comer hielo para promocionar la quema de grasas para generar mayor calor corporal. Esto se produce para compensar el frío que le metemos al cuerpo con el hielo. Su inventor, el Dr. Brian Weiner, asegura que se pueden perder 160 Kcal más todos los días, lo que supone casi medio kilo al mes. Ahora, ¿No es más fácil, no se, hacer algo de ejercicio todos los días? Salir a caminar durante una hora, por ejemplo, podría resultar mucho más efectivo que consumir hielo. Por otro lado, como decíamos, algunos expertos alegan que comer hielo puede herir nuestra sensibilidad dental.

La dieta de las ocho horas

Esta dieta sigue dando coletazos a pesar de lo increíble de sus afirmaciones: puedes comer lo que quieras durante ocho horas. ¡Lo que te de la gana! Pero luego debes pasar en ayunas otras dieciséis. No es que se entienda demasiado bien qué se pretende con dicha dieta. Entre otras cosas porque no limita ni la ingesta ni da directrices de alimentación. Eso sí, modifica los patrones horarios alimenticios, algo que sí que puede tener muy malas consecuencias, tal y como muestran cada vez más estudios.

La dieta de los potitos

Los potitos, o comida para bebés, son muy sanos. Pero para bebés, claro está. ¿Lo son también para adultos? Bueno, por qué no. Pero no si sólo nos alimentamos de potitos. Según esta dieta, hemos de consumir unos catorce tarros a lo largo del día para luego hacer una dieta normal. Pero volvemos al problema de las dietas excluyentes: los potitos no tienen el aporte nutricional que necesita un adulto humano en su día a día. Al reducir la ingesta de otros alimentos ponemos en serio peligro nuestra salud. No sólo por las calorías, sino también por otros nutrientes que no son absorbidos de la misma manera por parte de los más pequeños. Eso por no mencionar lo horribles que están.

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