Saltaron de nuevo a los titulares con la prueba de un robot en los terrenos lunares de Tenerife. LUCID, que así es como se ha llamado al prototipo, está pensado para explorar la Luna; en su nacimiento ha participado la ESA (European Space Agency), la agencia que se encuentra detrás de la mayor parte de los proyectos espaciales a nivel europeo, y GMV. Una multinacional española dedicada, entre otras muchas actividades, a la investigación espacial desde hace ya 32 años; empezaron dos empleados y ahora, sólo en la división espacial, son más de 700. Porque sí, ya desde finales de los años 80 había algo más que hombreras y Movida Madrileña al sur de los Pirineos. Un territorio que, aunque parezca sorprendente, ha traído más de una alegría a la ingeniería española.

La ESA, ya desde los años 80, fue el pilar esencial para la creación de un gran número de corporaciones. No sólo en España, también a lo largo y ancho de Europa con el simple objetivo de optar a un puesto a nivel mundial dentro de la ansiada carrera espacial. Un proyecto a muy largo plazo que hoy ya está dando sus frutos.

En aquellos momentos, con una industria aeroespacial prácticamente inerte la búsqueda de talento sólo tenía un foco de origen: las universidades, explica Miguel Ángel Molina, uno de los pioneros de GMV:

"La empresa se creó como una spin-off de la escuela de aeronáuticos de mecánica de vuelo. Jose Luis Martínez García, el catedrático de la escuela, identificó la posibilidad de que había que desarrollar actividades y capacidades dentro de la ESA. En ese momento, la escuela de ingenieros no estaba orientada al espacio, más bien se enfocaba a temas aeronáuticos ya que en España había cierta capacidad en ese sector y había aviones que se habían desarrollado en nuestro país y se había vendido en el extranjero. Pero se pensó que si esa gente sabía de aviones quizá tendrían capacidad de hacer proyectos para el espacio".

Y así fue; una suerte de proto startup de la época, en un momento en el que la innovación era cosa de algunos. Este pequeño grupo empezó a diseñar de cero misiones espaciales, algo que según explica Miguel Ángel, "es relativamente fácil para un ingeniero". De este inicio surgió la oportunidad de desarrollar capacidades en tierra para controlar las misiones, de ahí a controlar las órbitas de los satélites para después diseñarlos para evolucionar a un sistema en el que los satélites puedan controlarse de forma autónoma. De ese mundo a poner un robot lunar en Teide, que posteriormente paseará por nuestro satélite, sólo hay un pequeño paso.

LUCID, un proyecto desarrollado para la ESA, tiene que realizar pruebas en territorio "real" antes de ponerse a trabajar en serio. "Como a la Luna no nos vamos a ir", explica Miguel Ángel, "debemos probarlo en algún lado que se asemeje". Primero tocó con simulaciones, después en las dehesas de Colmenar Viejo y después en Tenerife. Otras instituciones, por su parte, han conseguido recrear sus mini-Marte.

No están solos

Como es lógico, todas las empresas aeroespaciales del mundo aspiran a liderar una misión completa. Y muchas de ellas han conseguido esa exclusiva aunque sea sólo de alguna de las partes de un proyecto mucho mayor. Para Miguel Ángel eso ya supone todo un logro: "El salto a liderar una misión completa es interesante, pero tampoco es algo que sea completamente necesario. No debemos frustrarnos por no estar en ello. En un medio largo plazo estoy seguro de que lo haremos con asiduidad desde España, pero de momento hemos logrado muchísimo".

En cualquier caso, GMV no es la única que disfruta de las bondades de la ESA y de la disputa internacional por los proyectos internacionales o la venta a la NASA, China y otros países asiáticos. Existen otras muchas compañías en España dedicadas a estas lides. Además del INTA, la división española de Airbus o Casa se han dedicado al desarrollo de equipos a bordo o transponedores. Sener, por ejemplo, se ha centrado en temas de mecanismos y cómo se despliegan paneles o antenas a bordo. Cientos de empresas, algunas más grandes otras más pequeñas, que han ido surtiendo a las agencias espaciales para sus diferentes misiones. Un sector que ocupa a más de 3.500 personas en España consiguiendo estar presente en todas las misiones importantes a nivel global. Incluyendo las dos propias, Paz e Ingenio, y las investigaciones centradas en el control de la basura espacial.

Miguel Ángel Molina

Los años oscuros

La investigación espacial pasa, sí o sí, por la financiación pública. "Un satélite puede correr a cuenta de una teleco, eso es relativamente fácil pero, ¿quién va a llevar a cabo una misión a la Luna o a Marte?, explica Miguel Ángel. De media, entre el 20% y el 25% de los proyectos tienen su origen en un encargo de la ESA. La cual depende directamente de la financiación de los Estados miembros que aporten fondos de sus arcas públicas. A finales de 2016, la Agencia Espacial Europea anunció que invertiría 10.300 millones de euros hasta 2024 en diferentes misiones; España, en una promesa con su propia investigación I+D+i confirmó que aumentaría su partida a la ESA de 152 a 202 millones a partir de 2018. Además de otras muchas partidas de investigaciones adicionales durante los próximos años que, esperemos, se cumplan.

El problema es que la investigación viene de donde viene. "Pasamos de estar arriba a pasar a cero y ahora nos hemos vuelto a recuperar con el objetivo de liderar misiones importantes", comenta Miguel Ángel. Primero la crisis de los primos años de los 90 que deprimió cualquier inversión aeroespacial, recuerda, pero luego llegó la de los últimos años que "ha sido tremenda". Poco importaba que un euro de inversión en el sector aeroespacial diese como beneficio cinco en otros sectores; los fondos públicos destinados al negocio aeroespacial desaparecieron. Si el 20% de los ingresos, más otros fondos I+D, vienen del sector público sólo hay que hacer un par de cuentas para ver cómo afectó a estas compañías la crisis. Con estos desaparecidos, en el caso de GMV sólo quedaba diversificar:

"En 2012 el mercado de hunde y sufrimos bastante. Y, al menos, nosotros pudimos salvar algo más los muebles por la importante tirada que teníamos en el mundo comercial y no hundirnos en la miseria de una forma tan descarada como otras compañías. Todo esto demuestra que la financiación pública es muy importante".

Una diversificación que fue en dos direcciones. Por una parte llevar la tecnología espacial a otros mundos, –y no se refieren a otros planetas, sino a otros sectores–. La biomedicina ha sido el área que más se ha beneficiado de muchas de estas investigaciones e incluso las exploraciones petrolíferas. Por otro lado, la exportación. Durante esos años fueron capaces de expandirse a Rumanía, Francia, Alemania o Reino Unido. Países en los que la financiación seguía fuerte. Hoy se mantienen en esos lugares porque nunca se sabe cuando se puede volver a desplomar todo. No hay mal que por bien no venga.