Llegar antes que el resto, más rápido y mejor, es la máxima de los repartos de última milla. Se sirven de esa norma para hacerle la competencia al resto de tecnológicas que juegan en la misma liga para prácticamente los mismos clientes, o público objetivo, mismos restaurantes o servicios y similares franjas horarias con alguna excepción. Compiten por la exclusividad de algunas de las cadenas de comida rápida más populares e incluso por el mayor número de repartidores posible el mayor número de horas hábiles. La lucha por posicionarse como líderes del sector nunca se había hecho tan necesaria, especialmente cuando la rentabilidad es un logro complicado de conseguir con tan poco margen de beneficio por trayecto.

En cualquier caso, Deliveroo parece que ha encontrado una manera de sacar la cabeza respecto al resto. Porque en esto de los repartos de última milla menos no es más y la eficiencia es básica para hacerse un hueco.

Cada compañía maneja sus precios y sus tiempos de reparto; el mínimo establecido varia dependiendo del producto que se haya pedido en ese momento. Algunos ofrecen un mínimo de 20 minutos, si el lugar de recogida y entrega están relativamente cerca. Otros una hora. Pero, en cualquier caso, todo esto es muy relativo. Es complicado controlar el tiempo de preparación en los restaurantes, en el caso de que se trate de comida; no es lo mismo preparar para dos que para cinco y a veces se suceden una serie de catastróficas desdichas que terminan con tiempos de espera por encima de lo deseado.

El diseño de algunas zonas de reparto puede tener dos vertientes. Una eficiente, como la de la cesada Nevera Roja, y otra que al menos en la capital de España, carece de sentido completamente pero que se ha empleado por gigantes como JustEat. Esta última toma los códigos postales de la ciudad, útiles para otras cuestiones, en el caso del reparto de comida carece de sentido por las grandes distancias que se deben cubrir. Mucho más si tenemos en cuenta que todo eso suele ser en bicicleta.

En el caso de Deliveroo parece ser que han encontrado la clave del éxito. Este se llama Frank y, lejos de ser una persona, lo cierto es que es el nombre del algoritmo que controla el sistema de repartos en Londres y que, según confirma la compañía, ha reducido en un 20% los tiempos de entrega. La teoría dice que Frank utiliza un sistema de inteligencia artificial que aprende de los resultados obtenidos para programar los repartos futuros; su análisis se centra en la ubicación de los restaurantes, los riders y los clientes y estudia la mejor forma de distribuir los pedidos. El modo manual pasa al sistema automático. Además, el sistema tiene en cuenta cuánto tardan cada uno de los restaurantes en servir la comida. En el caso de Reino Unido unos 10.000, de los cuales Frank ha elaborado métricas en función de la hora del día en las que se piden y el tipo de comida.

¿En en el resto de países? Eso no está claro del todo, puesto que Deliveroo siempre prueba sus innovaciones primero en su lugar de origen y luego las lleva al resto de geografías. De momento, Deliveroo España nos explica que efectivamente el nuevo algoritmo llegará, pero aún no hay fecha prevista ni más detalles anunciados.

En cualquier caso, la implantación de Frank, al menos en España supondría un respiro para el negocio. Las quejas de muchos de los riders, que por el aumento de repartidores han visto reducidos sus pedidos y, por tanto, ingresos, quedarían más o menos resueltas. Al menos, una reducción del 20% del tiempo medio en los repartos ayudaría a que muchos de ellos pudiesen aumentar su volumen de entregas. No llegarían a las cuotas previas aseguradas por la compañía, pero sí mejoraría el estado actual de la cuestión.