Ha vuelto a pasar. La fama del emprendedor exitoso, que alcanza las mieles de la fama –la de pertenecer a aquel grupo que sólo ha tenido grandes resultados en su historia y ha sabido levantarse de los fracasos–, pero que a golpe de investigación cae a peso muerto ante la realidad.

Esta semana le ha tocado el turno a Billy Mobile, una startups con sede en Barcelona, que está siendo investigada por la Guardia Civil en mitad de la llamada operación Rikati. Junto a Billy Mobile, otras cinco compañías de las que aún no ha trascendido su identidad, están inmersas en una trama de estafa de telefonía móvil, en la que podría haber más de 1 millón de usuarios afectados y 30 millones de euros defraudados. Concretamente por enviar a un número de teléfono alertas a las que se suscribe al usuario sin su consentimiento.

Lo curioso de esta historia, más allá de la simple estafa a los usuarios, es quién está detrás de la compañía. Billy Mobile ha sido considerada como una de las tecnológicas con mayor futuro en la publicidad para móvil en España gracias, en parte, a la mente de sus fundadores: David Martínez y Jordi Tamargo. Dos ingenieros informáticos que comenzaron sus andanzas en el sector emprendedor en 2009 cuando entraron en Burn Media SL. Aunque el nombre legal de esta compañía suene extraño, la web que estos gestionaban llegó a tener más de 5,5 millones de usuarios únicos en su mejor momento: estamos hablando de Series Yonkis.

Los dos jóvenes co-fundaron, no sin cierta polémica, el popular portal de Series Yonkis. Sin embargo, gran parte del mérito hay que atribuírselo a Alberto García Sola que, dueño de una empresa de investigación denominada Pousen SL, creó en 2007 los cimientos de lo que poco después se conoció como uno de los portales de descarga directa más populares de España. El trabajo de los dos ingenieros se limitó al de ser meros inversores de capital inicial. Hubo que esperar a 2009 para que controlasen la mayoría accionarial. Hasta 2012 fueron buenos años para los inversores que reconvertidos en los reyes de las descargas lograban grandes beneficios gracias a una agresiva publicidad en la web: se estima que una media de 45.000 euros mensuales; llegaron a posicionarse como la 21ª web más visitada de España. Pero todo cambió en 2012. La llegada de la Ley Sinde ponía en jaque a cualquier portal que tuviese el acierto de promocionar las descargas; David y Jordi sabían que esto podía ser el fin de su empresa por lo que, antes de que entrase en vigor el polémico decreto, decidieron vender su parte en la gestora del portal a una empresa denominada IMB-FX 2019 SL. Una venta muy oportuna, de la que no trascendió demasiada información –muy a juego con el ocultismo que arrastraban en Series Yonkis–, pero de la que sí se supo que podría haber supuesto casi 10 millones de euros para ambos empresarios. Fondos que, como ellos mismos comunicaron, emplearían en un nuevo proyecto emprendedor que nada tendría que ver con Series Yonkis; salvo en lo ilegal del asunto. Series Yonkis siguió operando durante un tiempo hasta que, como estaba previsto, la Ley Sinde tumbó su actividad; concretamente en 2014. En la actualidad, la web de descargas mantiene una causa abierta en los juzgados de Murcia por temas de derechos de autor.

Tras un paso fugaz por las oficinas de Fever, otro hito del emprendimiento español que tiene tantos detractores como defensores, pero que no ha dejado de levantar capital hasta hace bien poco, Tamargo y Martínez crearon Billy Mobile. La que actualmente está en el centro de la polémica.

Fundada con un capital inicial de 50.000 euros, y sin rondas de financiación futuras, la empresa se presentó como la búsqueda del éxito sin parangón. Tras viajar a Estados Unidos una vez se formalizó la venta de Series Yonkis, los jóvenes vieron la luz: crear un algoritmo propio que diese la posibilidad de intermediar entre la publicidad móvil y las webs de anunciantes; un proceso que fue definido por ellos mismos, en una entrevista a El Confidencial, como "la Capilla Sixtina", permitiéndoles conocer datos sobre la oferta y la demanda y optimizarlos. ¿La monetización? La comisión que ellos se llevaban por operar como pasarela gestora. En poco tiempo, el crecimiento de la compañía quedó demostrado en sus impresionantes cifras; posicionándose como una de las cabezas destacadas del Adtech. En 2016, su segundo año de operaciones, logró un crecimiento del 87% facturando 28 millones de euros y aumentando su plantilla en 20 personas, llegando a los 70 empleados. Aprovecharon también para crecer en otros mercados: México y Singapur fueron las geografías elegidas. Con esto, ya eran una de las joyas de la corona del emprendimiento español, pasando ligeramente desapercibidos ante el público general, tanto dentro como fuera de España.

Al proyecto se unió Vicenç Martí, otra de las grandes figuras del sector, que según dónde se pregunte se le posiciona como co-fundador o como presidente de la empresa. Sea como fuere, Martí ha actuado como portavoz de la compañía desde que se uniese en 2014. El empresario viene de cerrar uno de los grandes triunfos en lo que a exits se refiere: la venta de Akamaon. La cancadiense Imperius compraba la startups de apuestas online, en la que junto a Martí se encontraba Carlos Blanco entre otros, por 23,7 millones de euros.

Y llegó 2017: el año de la desdicha. Su previsión creciente de facturación para el presente año hacia aguas. En marzo, los agentes de la UCO registraban las oficinas de Billy Mobile en un aparte del proceso de investigación de lo que hoy conocemos como operación Rikati y que venía realizándose desde 2014 –prácticamente desde el inicio de la actividad de la compañía–, tras las denuncias de varios afectados por actividades ilícitas. Las informaciones aportadas en aquel momento explicaban que la Guardia Civil incautó abundante documentación de la sede de la tecnológica. Además, pese a que Billy Mobile tenga sede en México de momento no hay evidencia de que también haya afectados allí.

No está claro el desenlace de los hechos, pero los implicados podrían enfrentarse a multas millonarias y a seis años de cárcel.