El principio de parsimonia, también llamado la navaja de Ockham, es un principio metodológico y filosófico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham. Y su utilidad radica en la aplicación práctica que tiene en la resolución de problemas y en que sirve como un interesante modelo mental. En realidad, el susodicho no acuñó el término: su forma característica de hacer deducciones inspiró a otros escritores a desarrollar la heurística; de hecho, fue enunciado en su versión más famosa por John Punch en su comentario de 1639 de las obras de Duns Scotus.

Por su parte, los modelos mentales fueron enunciados, al menos en los tiempos contemporáneos, por Charlie Munger, el vicepresidente de Berkshire Hathaway y uno de los mejores pensadores vivos del mundo. En resumen, viene a ser una colección de conocimientos básicos que se entrelacen y que presenten una respuesta estándar para un tipo de problema concreto. Así, tienes un modelo, falible pero práctico para la mayoría de casos, que puedes aplicar en cada situación que se presente con las determinadas características necesarias.

En el caso del principio de parsimonia, se utiliza para eliminar opciones improbables en una situación dada o para elegir una de dos alternativas en situación de aparente igualdad.

La navaja de Ockham se puede resumir diciendo: entre dos hipótesis que compiten, la que tiene menor número de supuestos suele ser la correcta. O bien: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable.

Otra buena explicación de esta misma afirmación la dijo el escritor William J. Hall: “La navaja de Ockham se resume para nuestros propósitos de esta manera: las afirmaciones extraordinarias exigen pruebas extraordinarias”.

"Un poco de simplicidad sería el primer paso hacia la vida racional, creo" — Eleanor Roosevelt.

En otras palabras, debemos evitar la búsqueda de soluciones excesivamente complejas a un problema y centrarnos en lo que funciona, dadas las circunstancias. La verdad, se utiliza en una amplia gama de situaciones como un medio para la toma de decisiones rápidas, pero es especialmente útil a la hora de hacer conclusiones iniciales antes de poder obtener la información adecuada y establecer verdades provisionales.

Por supuesto, a pesar de que se cumple en muchos campos y situaciones, en otros no. En el método científico, la navaja de Ockham no se considera un principio irrefutable, y ciertamente no es un resultado científico. La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera. Funciona más bien como método de descarte. La opción más simple puede ser el estándar a tomar en primer lugar o la primera opción a someter a prueba ya que, estadísticamente, tiene más posibilidades. Responde a la pregunta ¿por dónde empezar? Sin embargo, es importante tener en cuenta que como cualquier modelo mental, no es a prueba de fallos y se debe utilizar con cuidado. Esto es especialmente importante cuando se trata de decisiones importantes o de riesgo. Hay excepciones a cualquier regla y nunca se debe seguir ciegamente a un modelo que la lógica, la experiencia o la evidencia empírica contradicen.

Entonces, ¿de qué te sirve para la productividad? Cuando te enfrentas a las pequeñas decisiones del día a día, aquellas que si bien no atañen mucho riesgo han de tomarse y consumen tiempo, se ahorran gastos cognitivos simplemente tomando por defecto la más simple o la que en sí misma contempla menos pasos y complicaciones. Dado que los recursos mentales son limitados, si por ejemplo te enfrentas a una decisión de bajo impacto frente a otra, toma la de menos pasos porque tiene más probabilidades de ser mejor. Por supuesto, si la experiencia tras el intento demuestra lo contrario, la opción más simple no era en ese caso la mejor y habría que modificarlo.

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