La fascinación del público por los homicidas quizá se deba al interés morboso de toda la vida por los comportamientos ilegales, prohibidos y anatematizados por la sociedad. Y quizá eso explique el éxito de novelas, películas y series de televisión sobre crímenes, sobre todo ambientadas en Estados Unidos. Y es que este país norteamericano, el mayor gigante cultural del mundo, tiene una crónica negra que tanto los medios de comunicación como el cine han sabido, digamos, aprovechar.

Al margen de los homicidios de asesinos en serie tristemente famosos como Delphine LaLaurie, Ed Gein, Henry Lee Lucas, el Zodiaco, John Wayne Gacy, Ted Bundy, Jeffrey Dahmer o Aileen Wuornos, de magnicidios como los de Solomon Sharp, Abraham Lincoln, James Garfield, William Goebel, William McKinley, Huey Long, John y Robert Kennedy, Malcolm X, Martin Luther King, Harvey Milk y George Moscone o John McCarthy Roll, de masacres estudiantiles como las del Intituto Columbine y Virginia Tech o de atentados contra agentes de policía y la violencia perpetrada por ellos, Estados Unidos cuenta con buen número de otros crímenes de lo más sonados.

Cabe referirse al balazo que recibió en Florida el conocido naturalista Edward Frederick Leitner en 1838; o al caso de la veinteañera embarazada Pearl Bryan, que fue encontrada sin cabeza en Kentucky en 1896, y Scott Jackson y Alonzo Walling fueron ahorcados por asesinarla. El sádico empresario de ferrocarriles Harry Kendall Thaw le pegó tres tiros al arquitecto Stanford White, ex pareja de su reciente esposa, en junio de 1906, durante un estreno musical de Nueva York. El acaudalado Chester Gillet dejó inconsciente a su amante encinta Grace Brown cuando remaban en el lago neoyorkino Big Moose en julio de 1906 y dejó que se ahogara. Y en junio de 1912, alguien masacró a hachazos a los seis miembros de la familia Moore y a dos invitados en Iowa.

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Tumbas de la familia Clutter - KansasCity.com

Gordon Stewart Northcott secuestró, violó, torturó, mató y descuartizó en 1928 a cuatro niños de Los Ángeles en lo que se conoce como los crímenes de Wineville. Y de la misma forma y en la misma ciudad fue hallado en enero 1947 el cadáver de Elizabeth Short, la Dalia Negra, cuyo homicidio no ha sido resuelto. Roy Bryant, John William Millam y otro hombre desconocido de Misisipi molieron a golpes al adolescente afroamericano Emmett Till porque había coqueteado con la esposa del primero, le dispararon y arrojaron su cuerpo al río Tallahatchie en agosto de 1955. Y la menor Cheryl Crane, hija de la actriz Lana Turner, acuchilló al novio maltratador de esta, Johnny Stompanato, en su residencia de Los Ángeles en abril de 1958.

En A sangre fría, Truman Capote nos narraba todo lo relacionado con la muerte de cuatro miembros de la familia Clutter, de Kansas, en noviembre de 1959 y sus asesinos, Perry Smith y Dick Hickock. Kitty Genovese fue apuñalada hasta la muerte por Winston Moseley, que también la violó, ante sus vecinos de Nueva York en marzo de 1964; y Sylvia Likens, agredida sexualmente, torturada durante cuatro meses de 1965 y asesinada por Gertrude Baniszewski, sus hijos y varios jóvenes vecinos en Indiana. Al actor hollywoodiense Ramón Novarro se lo cargó Paul Ferguson, un prostituto cuyos servicios había solicitado, y su hermano Thomas en octubre de 1968. Y dieron con el cadáver de Angélica Marroquín, asesinada por Howard Elkins en 1969, treinta años más tarde en un barril del sótano de su casa neoyorkina recién traspasada.

Las víctimas de Charles Manson y sus seguidores, responsables de otros dos homicidios, durante la matanza de Cielo Drive en agosto de 1969 fueron Sharon Tate, la esposa del cineasta Roman Polanski, y cuatro amigos. En lo que restaba de siglo XX, al menos veintidós crímenes dieron mucho que hablar en Estados Unidos; el de Reet Jurvetson, asesinada en noviembre de 1969 y no identificada de manera concluyente hasta 2016; el del activista mohawk Richard Oakes en septiembre de 1972 en California; el de Martha Moxley Connecticut, apaleada y apuñalada con un palo de golf por Michael Skakel en octubre de 1975; el del actor Sal Mineo, acuchillado en Los Ángeles en febrero de 1976; el del boxeador Oscar Bonavena por parte de Ross Brymer, matón de un burdel de Nevada, en mayo de 1976.

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Roman Polanski en la escena del crimen de Cielo Drive - ReoCities.com

O el de Dorothy Stratten, modelo de Playboy que iba a dejar a su marido, Paul Snider, por el director de cine Peter Bogdanovich, en agosto de 1980 en Los Ángeles; el del músico John Lennon, muerto a tiros en Nueva York por el desequilibrado Mark David Chapman en diciembre del mismo año; el de tres actrices en California: Dominique Dunne, estrangulada por su ex novio John Sweeney en noviembre de 1982, Judith Barsi y su madre Maria a manos de su violento padre en julio de 1988, y Rebecca Schaeffer en julio de 1989, tiroteada por Robert John Bardo, un fan acosador. Siete compañeros de clase adolescentes acabaron con la vida de Bobby Kent en julio de 1993 en Florida. A Brandon Teena lo mataron John Lotter y Marvin Nissen en Nebraska en diciembre de 1993 porque era transexual. Y se acusó al actor O. J. Simpson del homicidio de su ex mujer, Nicole Brown, y de Ron Goldman en junio de 1994 en Los Ángeles.

La cantante Selena falleció por un disparo de Yolanda Saldívar, gestora de sus tiendas de ropa, en marzo de 1995 en Texas. También allí, la activista atea Madalyn Murray O’Hair, su hijo Jon y su nieta Robin fueron asesinados en septiembre de 1995 por su ex empleado David Roland Waters. El oscarizado actor Haing S. Ngor y el rapero Tupac Shakur corrieron la misma suerte en febrero y septiembre de 1996 en Los Ángeles y Las Vegas respectivamente. Como Biggie Smalls, otro rapero, en la capital e California, el diseñador de moda Gianni Versace, víctima del asesino en serie Andrew Phillip Cunnanan, en Miami y el activista transexual Ali Forney en Nueva York en marzo, julio y diciembre de 1997. Y el estudiante homosexual Matthew Shepard en Colorado por causa de Russell Arthur Henderson y Aaron James McKinney en octubre de 1998, y el soldado Barry Winchell por la misma razón entre Kentucky y Tennessee en julio de 1999 a manos de su compañero Calvin Glover.

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John Lennon y su asesino, Mark David Chapman - Reddit.com

Una agresión en grupo provocó la muerte de la transexual Gwen Araujo en octubre de 2002 en California, un tiro la del músico Jam Master Jay en octubre del mismo año en Nueva York, ser lanzados por la borda de su yate con ataduras en la costa californiana la de pareja de jubilados Thomas y Jackie Hawks en noviembre de 2004, otros disparos del marine Nathan Gale la del guitarrista Dimebag Darrell durante un concierto en diciembre de 2004 en Ohio, la estrangulación por parte de Stephen Poaches, padre del hijo que esperaba, la de LaToyia Figueroa en agosto de 2005 en Pensilvania; un fuerte golpe en el abdomen por parte de Michael Lee Porter, su padrastro abusador, la de la bebé Kelsey Briggs en octubre del mismo año en Oklahoma; y otro tiro la del baloncestista Ozell Jones en septiembre de 2006 en California. Allí igualmente fue estrangulada y desfigurada quizá por su marido, el famosillo Ryan Alexander Jenkins, la playmate Jasmine Fiore en agosto de 2009.

El mismo mes, el contratista Bradley Tocker quitó de en medio en Arizona al diseñador de interiores Billy McGrath. Como el modelo Renato Seabra al periodista Carlos Castro en Nueva York en enero de 2011 “para liberarlo de sus demonios homosexuales”; o, en el mismo lugar, la niñera enloquecida Yoselyn Ortega a los pequeños Lucia y Leo Krim en octubre de 2012, la española María Reyes García-Pellón a su marido, el jugador de baloncesto Matt White, en febrero de 2013 en Pensilvania por haberle pillado viendo porno con menores, y el reportero despedido Vester Lee Flanagan en Virginia a sus colegas Alison Parker y Adam Ward en agosto de 2015. Son este tipo de sangrientas historias las que inspiran a muchos narradores de cualquier tipo, aunque sea políticamente incorrecto decir que el tenebroso imaginario criminal de Estados Unidos sirva para algo útil.