Un equipo de científicos ha publicado los resultados de un ensayo clínico sobre una vacuna contra la malaria. Su estrategia de vacunación ha demostrado conferir una protección completa frente a la infección durante al menos diez semanas después de administrar la última dosis. Las conclusiones, publicadas en la revista Nature, son una prueba de que esta vacuna es la herramienta más eficaz contra la malaria desarrollada hasta la fecha.

La vacuna, que ya demostró su efectividad en un trabajo preliminar publicado en 2013, se basa en una idea de la propia naturaleza. La malaria está causada por el parásito unicelular Plasmodium falciparum, que se transmite a los humanos a través de las picaduras de mosquitos del género Anopheles. Una forma de este parásito, denominada esporozoito, infecta las glándulas salivares de los insectos y, en el momento en que estos pican a las personas, estas quedan inmunizadas frente a la malaria.

Una estrategia "natural" contra la malaria

El grupo del Dr. Stephen Hoffman, líder del estudio y director general de la empresa biotecnológica Sanaria, lleva años tratando de utilizar esporozoitos del parásito causante de la malaria para proteger frente a esta enfermedad. "Solo se han publicado tres ensayos clínicos en los que una vacuna contra la malaria muestre una eficacia superior al 90%, y los tres corresponden a vacunas de nuestra compañía", resalta a Hipertextual el científico. La estrategia actual, denominada PfSPZ-CVac, se basa en usar una combinación de esporozoitos de Plasmodium y cloroquina, un fármaco antimalárico.

Sus resultados no solo demuestran que la vacuna PfSPZ-CVac confiere una protección completa durante al menos diez semanas. Los investigadores también han logrado reducir el número de esporozoitos empleados y las dosis necesarias para inmunizar a los voluntarios, disminuyendo así los costes necesarios para producir la vacuna contra la malaria. "Somos optimistas de que una de nuestras vacunas basadas en PfSPZ pueda ser licenciada en menos de 5 años", señala Hoffman.

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Riesgo de malaria en los diferentes países del mundo.

Los resultados positivos de este nuevo ensayo representan una nueva esperanza frente a una enfermedad que mata a casi 1.200 personas al día, especialmente en el África subsahariana, según la Organización Mundial de la Salud. "Tiene un mérito tremendo", destaca la Dra. Carlota Dobaño, jefa del grupo de inmunología de Instituto de Salud Global, centro impulsado por la Obra Social "la Caixa", que no ha participado en la investigación. "Es muy difícil alcanzar un 100% de protección y este es el segundo estudio que lo consigue utilizando la misma aproximación", dice en conversación telefónica con este medio.

Probablemente no haya una sola vacuna

A su juicio, los desafíos que tiene por delante esta estrategia de vacunación son múltiples. Por un lado, se debe determinar cuánto dura la inmunidad que confiere la vacuna y si existe protección cruzada frente a otras cepas de parásito. Y, por otro lado, ya que el desarrollo de PfSPZ-CVac es más complejo que otras vacunas, la científica sostiene que será necesario simplificar al máximo el esquema de vacunación. El gran reto, sin embargo, es demostrar que la vacuna es eficaz para proteger a las personas expuestas a la malaria. "Existen factores genéticos y ambientales que reducen la inmunidad de las poblaciones africanas, e incluso podrían influir parámetros relacionados con el microbioma, la nutrición y el metabolismo", apunta Dobaño.

Entre las ventajas de esta estrategia de vacunación, la científica del ISGlobal destaca dos. Las vacunas como PfSPZ-CVac, que se basan en el parásito completo atenuado, parecen conferir más protección durante más tiempo. La mayor amplitud de respuesta inmune se debe a que estas herramientas utilizan miles de antígenos de forma simultánea. Esta característica, que debe demostrar su eficacia y seguridad en más estudios, también dificulta la producción de estas vacunas, en opinión de Dobaño.

La segunda vía para desarrollar vacunas contra la malaria es la creación de vacunas subunitarias, que utilizan pequeñas "piezas" del parásito para activar la respuesta inmune de los participantes. La más conocida es la vacuna RTS, desarrollada por el Instituto de Salud Global de Barcelona y la farmacéutica GlaxoSmithKline. La inmunización permitía reducir a la mitad el número de casos de malaria en niños entre 5 y 17 meses, lo que permitió que la Agencia Europea del Medicamento diera luz verde para facilitar el acceso a esta vacuna fuera del viejo continente.

En opinión de Dobaño, las conclusiones del estudio publicado en Nature "son fantásticas". Sin embargo, la reducida inmunidad observada en África con respecto a resultados obtenidos en otras poblaciones es un motivo de preocupación. Pese a la elevada protección que confiere la vacuna PfSPZ-CVac, su utilización podría no ser suficiente para frenar e incluso algún día erradicar la malaria. "Probablemente no haya una vacuna, sino que combinaremos varias estrategias de vacunación, junto a mecanismos de control como mosquiteras o fármacos", sostiene la investigadora del ISGlobal. "Necesitamos como mínimo diez años más para lograr una vacuna contra la malaria, pero tendremos que pensar bien cómo diseñar los ensayos que hagamos en el futuro. Espero que haya voluntad política y financiera para que pueda salir adelante", concluye la especialista.