Seguramente no habrá nadie que no sepa a estas alturas quiénes son MrGranBomba y ReSet. En el primer caso, es el ya casi olvidado youtuber que fue abofeteado por un repartidor cuando este le llamó caraanchoa; en el segundo, el chico que ha sido denunciado por humillar a un mendigo, dándole galletas Oreo llenas de pasta de dientes, tanto por la hija de este mendigo como por la Guardia Urbana de Barcelona.

ReSet es un joven de 19 años de origen chino que vive actualmente de YouTube. Él mismo ha decidido contar su historia en un vídeo, en el que relata su infancia, sus problemas familiares, su difícil integración cultural, su soledad a la hora de hacer amigos y sus obstáculos financieros. Debajo de toda su triste biografía hasta la fecha, la verdad, el vídeo tiene contradicciones; por ejemplo, sobre los problemas financieros. Dice que vio en YouTube una oportunidad para dejar de trabajar en la tienda de su familia; unos minutos después que, además, está pagando un préstamo pedido por su padre (que ha regresado a China). Todo esto estaría bien si seguidamente no dijera: “no me interesa el dinero, sólo quiero hacer disfrutar a la gente con mis vídeos”.

ReSet recibe 10 millones de visitas mensuales y, según datos de El Mundo, ronda un salario de 3.500 euros al mes. Si pretendes hacer ver que la humillación fue “con la intención de captar atención ya que en mi vida real solo tengo un amigo y en ocasiones me siento un poco solo” y que no tiene en absoluto que ver con el dinero, no tiene caso recalcar que tienes problemas financieros.

Pero, en realidad, no se trata de sacar a coacción lo sólidos que sean los argumentos expuestos por el chico para defender su actitud, la cual no tiene justificación posible. Tampoco si él tiene problemas personales, quiere ganar dinero o no. Su relato entristece, es cierto, pero debajo transluce una cosa muy importante: ReSet no es un caso aislado. Los youtubers, al menos los que se dedican por entero a esta actividad, quieren y necesitan obtener ingresos —son emprendedores—. Desgraciadamente, a veces, lo quieren a toda costa. Lo que nos lleva a otra reflexión: ¿la plataforma permite esto?

¿Qué hace YouTube en casos como los dos anteriores? Por supuesto, lo único que puede hacer es borrar el vídeo, pero no lo hace en todos los casos. YouTube tiene unos términos de uso para estos asuntos, llamados Lineamientos de la comunidad. Si se infringen, quitan esos videos y “las infracciones graves o reiteradas pueden dar lugar a la cancelación de la cuenta”. En principio, se supone, no se permiten: desnudos o contenido sexual, contenido violento o gráfico, videos cuyos derechos de autor sean propiedad de otro, amenazas, incitación al odio, spam, ni contenido perjudicial o peligroso. Sin embargo, la verdad es que quien quiere juega con los bordes, y esto se aplica con cuestionable éxito. Tan solo hacen falta unas búsquedas intencionadas para notarlo.

En cuanto a la monetización, YouTube, desde el 2016, no permite la ganancia en todos los vídeos.

El contenido adecuado para anunciantes es aquel que resulta adecuado para todos los públicos. Se trata de contenido que no incluye (o apenas incluye) contenido inapropiado o para adultos en el propio vídeo, en la miniatura o en los metadatos (por ejemplo, el título del vídeo). Si el vídeo incluye contenido inapropiado, es porque el contexto es relevante o cómico y el creador pretende informar o entretener, no ofender ni impactar.

Surgen varios debates, por supuesto. El primero es qué tipo de contenido es apropiado, qué contexto es relevante o cómico y cuándo no se pretende ofender. Esta cuestión queda a resolverse en el imaginario colectivo, pero conste que el vídeo de ReSet sobre las galletas estaba monetizado.

Pero, además, la plataforma no discrimina, en realidad, en base a la calidad, lo que importa es la audiencia. Lo cierto es, por tanto, que lo que sale ‘a cuenta’ es hacer tantos vídeos como sea posible y que se vean. Nadie ha dicho sobre qué.

El número de canales que ingresan importes de 6 cifras al año gracias a YouTube ha aumentado un 50% de un año a otro.

Foto cedida por Rubén Lijó.

Y bueno, ¿qué se ve más en YouTube? "​Gatitos. Luego también alguna caída, pero sí... definitivamente gatitos", me comenta Rubén Lijó, de 24 años, Ingeniero Eléctrico y un youtuber más pero con la diferencia de que se dedica a otro tipo de contenidos. "En primero de carrera hice mi primer documental amateur y poco a poco a lo largo de los años he ido profesionalizando mi actividad hasta el día de hoy en el que dirijo una productora, doy charlas y hago vídeos en YouTube. Ahora tengo dos canales: Rubén Lijó, en el que publico vídeos de ciencia como charlas, mini-documentales o entrevistas a científicos y Sígueme la Corriente: un canal de ciencia, ingeniería y curiosidades".

Los canales de ciencias, como podemos imaginar, no serán tan fácilmente virales. "​Más por desgracia que por suerte, la polémica y el cotilleo siempre tira en este país.​ Y no hay que llegar a YouTube; tenemos una de las programaciones de televisión más vergonzosas y denigrantes de los países europeos, y eso refleja claramente la pobre inquietud intelectual que se fomenta en España desde que somos pequeños. Tampoco desde arriba se hace mucho esfuerzo por revertir esta situación".

Me cuenta que, en realidad, le toma bastante tiempo realizar sus vídeos y noto por lo que me relata, que no es lo mismo que grabarte haciendo maldades por la calle: “Intento hacerlos en series siempre que puedo, dedicar un día intensivo a grabar varios capítulos para optimizar esfuerzos. Todo empieza con un largo proceso de documentación (sobre todo cuando trato temas que no son de mi especialidad). Luego suelo redactar un pequeño guion de referencia, aunque normalmente no le haga ni caso en el vídeo. Luego viene la fase de rodaje, en la que grabo las distintas escenas y vídeos en bruto. Y llegamos al montaje. Yo creo que el proceso entero desde que me documento hasta que tengo el vídeo final puede perfectamente durar 3 o 4 días con bastante dedicación. Pero, como comentaba, también depende mucho del tema y del dominio que tenga sobre él”.

Q: ¿Crees que, en principio, tienen la misma facilidad [sus vídeos] para hacerse virales que otros géneros?

A: "Ni de broma. Partimos de que la ciencia es un tema que no suscita un interés tan amplio como otras cuestiones. Como ejemplo, tenemos los deportes, las series, los videojuegos, y el cotilleo. Estos son temas que mueven masas. Y, por supuesto, lo comprendo. Yo también consumo este tipo de contenidos [...]. Como elemento que viralice y al cual suscribirse para recibir una batería continua de vídeos... definitivamente sí: pega mas fuerte el entretenimiento".

El sistema de monetización de YouTube se basa en poner publicidad en cada vídeo y pagar al creador una parte de las reproducciones de esta. La plataforma tiene más de mil millones de usuarios (para que te hagas una idea, equivaldría a un tercio de todos los usuarios de Internet), y cada día se ven cientos de millones de horas de vídeos y se generan miles de millones de reproducciones, de las que por lo menos la mitad, llevan un anuncio. En sus Tendencias, con una simple ojeada podemos notar que, salvo algunos vídeos de música y algunos programas de la tele, el humor, los challege y las bromas pesadas, colman las primeras posiciones. ¿Por qué? La realidad es que lograr ganar un sueldo con la plataforma sólo es posible si tienes una gran cantidad de reproducciones y por tanto los creadores —o algunos creadores, ya hemos visto que no todos—, se subordinan sistemáticamente a lo que la gente quiere ver.

La necesidad de darle a la gente lo que te demanda o nunca destacar, y el premio monetario de la plataforma, pone en bandeja una deformación moral. Una deformación a la que se enfrentan, en su mayoría, chavales.

YouTube dice en sus estadísticas oficiales que su mayor audiencia está en edades comprendidas entre los 18 y los 34, no obstante, los menores de 14 años forman uno de los grupos demográficos más asiduos. A la edad de ReSet y MrGranBomba, o antes, casi todos los chavales han hecho alguna estupidez de la que se arrepienten y recordarán durante buena parte de su vida, solo que no la han visto 10 millones de personas.

La verdad es que YouTube está hasta cierto punto incitando a jóvenes —y tal vez otros no tan jóvenes— a que hagan lo que sus séquitos de fans les piden. Sea o que sea. Y no nos engañemos, los propios fans no pueden negar su responsabilidad individual al también colaborar con la fiebre de las bromas. La forma que tiene la plataforma de dar más visibilidad a un contenido es fijándose en las estadísticas del mismo. Y esto son datos objetivos: estado del canal, número de suscriptores, número de visitas en el vídeo, número de likes, etc. El hecho de que suba más un vídeo que otro hace referencia al patrón de conducta de la audiencia. Con este percal, no debería extrañar que cada vez haya más y más réplicas de estas inmoralidades. Al fin y al cabo, es lo que funciona. Probablemente estos dos no serán los últimos ni fueron los primeros. Es lo que pasa cuando premias por igual hacer las cosas bien que hacerlas mal: la gente que no piensa va y las hace mal, porque es más fácil.

Y es una pena, porque como dice Rubén, YouTube es una herramienta ideal para hacer divulgación. "El público de YouTube es muy amplio y rico, y eminentemente joven. Ahí es donde hay que poner el acento en la actividad de comunicación. La plataforma permite crear vocaciones, ¿cómo no iba a merecer la pena hacerlo bien?"

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