En 1819, uno de los pintores más reconocidos de la historia adquirió una casa junto al río Manzanares, en lo que por aquel entonces eran las afueras de Madrid. La vivienda, conocida como la "Quinta del Sordo" antes de la compra, fue testigo de algunas de las obras cumbre del trabajo de Francisco de Goya. El artista aragonés colgó cuadros como Saturno devorando a su hijo, una de sus famosas pinturas negras, en las habitaciones de aquella residencia. Los pigmentos oscuros empleados y los sombríos temas elegidos forman parte de la colección que hoy alberga el Museo del Prado.

Como si de un Goya microscópico se tratase, científicos del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) han revelado los mecanismos de ataque de una de las bacterias más conocidas, Salmonella. Este microorganismo, que sacrifica a su descendencia para proseguir con la infección de células humanas, guarda una poderosa similitud con el Saturno que el pintor dibujó entre 1820 y 1823. Pero la historia repasa también la leyenda de otras figuras menos grotescas que la de este dios romano.

Sacrifica a la progenie para mantener el ataque

La leyenda cuenta que Guzmán el Bueno lanzó desde los muros del castillo de Tarifa un cuchillo para que mataran a su hijo, secuestrado por soldados del infante Don Juan, antes que rendir la plaza sitiada. El ejemplo del noble leonés puede trasladarse al mundo invisible de las bacterias para comprender los ataques de Salmonella. Este microorganismo, causante de las intoxicaciones alimentarias conocidas como salmonelosis por la ingestión de comida en mal estado, provoca más de 100.000 infecciones anuales en el viejo continente. Según datos de la Unión Europea, las salmonelosis están relacionadas con pérdidas económicas que ascienden a 3.000 millones de euros al año por el gran impacto sanitario y alimentario de este microbio.

El estudio, publicado en la revista Autophagy, ha logrado identificar un mecanismo utilizado por Salmonella para mantener su infección de manera persistente en el tiempo. Con el fin de prolongar su ataque dentro de las células humanas, la bacteria se ve obligada a sacrificar a su descendencia, un "truco" que los investigadores del CNB-CSIC han descrito como agrefagia. Así, el microorganismo patógeno "mata" a parte de su progenie para evitar la muerte de la célula hospedadora del ser humano en la que se aloja, según han visto mediante imágenes obtenidas por microscopía en tiempo real.

Salmonella
Imagen cedida por el Centro Nacional de Biotecnología, donde se observa el ataque de la bacteria a una célula humana.

"Es un mecanismo muy efectivo para establecer una infección persistente manipulando la maquinaria de autofagia de la célula eucariota", explica Francisco García del Portillo, investigador del CNB-CSIC. Al observar al microscopio células humanas infectadas con Salmonella enterica serovar Typhimurium (S. Typhimurium), vieron que la bacteria promueve que la célula infectada acumule "agregados", que deben ser eliminados por parte de los humanos. Así, son nuestras propias células las que inician el proceso de agrefagia, similar al que se llevaría a cabo para recoger las basuras en nuestro día a día, sólo que de forma invisible para nuestros ojos.

Al inducir el mecanismo de "limpieza", algunas bacterias de la progenie de Salmonella quedan atrapadas cerca de los agregados y las células humanas también las desechan. El camión de la basura que realiza el proceso es conocido científicamente como "autofagosoma", que transporta a los microbios que, indirectamente, sacrifica este patógeno para asegurar su supervivencia y mantener su ataque en el tiempo. Según los investigadores, este es el primer caso descrito en el que se eliminan bacterias y restos de las células hospedadoras de forma simultánea. Aunque sea sin querer o poder evitarlo, Salmonella emula al Saturno de Goya o al noble Guzmán para prolongar su agresiva infección, que puede aparecer por consumir alimentos en mal estado como huevos, carne, leche, pescados o marisco, entre otros.