El recibimiento de Harry Potter and the Cursed Child no ha sido el esperado. Mientras la obra de teatro triunfa entre la crítica y el público, la adaptación escrita de la misma está levantando ampollas entre los aficionados, siendo muchos los que se niegan a considerar esta octava historia parte de la saga canónica creada por J.K Rowling en 1999.

¿Pero qué pasa en la historia para que se haya recibido de esta forma? Aquí tenéis nuestra crítica sin ningún tipo de spoiler, pero si queréis ir más allá, vamos a desgranar qué es lo que Harry Potter and the Cursed Child tiene que ofrecer. Evidentemente, aluvión de spoilers inminente.

J.K Rowling y Jack Thorne nos cuentan los primeros años en Hogwarts de Albus Severus Potter, hijo de Harry y Ginny, y Scorpius Malfouy, hijo de Draco y Astoria. El primero, sobrepasado por lo que supone ser el hijo del "Niño que sobrevivió"; el segundo, señalado por todos como el posible hijo de Voldemort, debido a la supuestos problemas de infertilidad de sus padres.

Por otro lado, claro, tenemos a los antiguos conocidos: Harry, Ron, Hermione, Ginny y Draco funcionan en un segundo plano; a modo de mentores y manteniendo una trama paralela. Al final, el núcleo del libro roza el drama familiar, centrado en la relación Harry-Albus.

El problema, desde la premisa

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El punto de partida de la aventura que vivirán nuestros protagonistas es salvar de la muerte a Cedric Diggory, echando mano del “único giratiempo que no ha sido destruido”. El porqué de dicha decisión por parte de Albus y Scorpius, niños de 14 años que ponen en peligro sus vidas por alguien al que ni siquiera conocieron y que lleva muerto más de veinte años, no es más que una pataleta con tal de fastidiar a Harry Potter. Literalmente.

Roza lo increíble que en un universo tan rico y sumamente profundo como el creado por J.K Rowling, se tenga que recurrir a dicho momento para dar pie a una nueva aventura. Todo, de esta forma, se siente conocido, sobado y poco fresco. De hecho, volveremos a leer situaciones en las que se usa poción multijugos, otras en las que se echa mano del mapa del merodeador, regresaremos por enésima vez al día en el que Voldemort acabó con los padres de Harry, visitaremos de nuevo el Torneo de los Tres Magos y, en definitiva, nos montaremos en una noria impulsada por la nostalgia y la falta de ideas.

Teorías, especulaciones y fanfiction

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A partir de esa misma decisión, vemos como J.K Rowling y Jack Thorne deciden romper las reglas establecidas hasta ahora y hacen que los giratiempos puedan crear líneas de tiempo paralelas, encontrándonos así con una espiral de situaciones provocadas por el famoso “efecto mariposa”.

Llegado el momento, todo vale con tal de sorprender

Y aquí empieza a notarse el tono de fanfiction que empapa el libro, encontrándonos con muchas de las situaciones con las que los aficionados de la saga especularon en su momento: los distintos errores que cometen Albus y Scorpius al viajar en el tiempo les llevan a universos paralelos donde el Ejército de Voldemort ganó la Batalla de Hogwarts y gobierna con puño de hierro, donde Snape todavía sigue vivo, en los que Hermione y Ron no son pareja y donde Harry Potter murió.

Algunas situaciones tienen cierta lógica y están bien llevadas pero otras, como la de toparse con Snape, se sienten demasiado forzadas y faltas de lógica. Otros "detalles" como que Cedric Diggory, estudiante destacado de Hufflepuff, termine convirtiéndose en un mortífago porque sus compañeros se rieran de él tras su fracaso en el torneo del Cáliz de Fuego son directamente risibles.

Giros absurdos y Deus Ex Machina

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Pero los problemas que la narración presenta en su práctica totalidad no son nada comparado con lo que veremos en la recta final. Las líneas temporales (y espaciales) de los dos grupos protagonistas se separan y, llegado el momento, Scorpius y Albus requieren de la ayuda de Harry y compañía. ¿Cómo lo consiguen? Utilizando un par de objetos de la habitación del propio Albus para mandar un mensaje al universo paralelo de sus padres.

El personaje de Delphi es un error absoluto, desde cualquier perspectiva

¿El problema? Que durante la aventura, se esfuerzan en remarcar que ni Harry ni Ginny habían pisado la habitación del niño desde que se fue. Y, cómo no, justo en el momento en el que se envía el mensaje, ambos se encuentran en ese mismo lugar, con ese mismo objeto a la vista. De nuevo, todo parece improvisado y escrito a conveniencia, sin tener en cuenta la lógica interna o las repercusiones.

El mayor problema del texto, sin embargo, lo arrastra el personaje de Delphi. Presentada en origen (y, de nuevo, de manera precipitada) como la prima de Cedric Diggory, colaborará con Albus y Scorpius en sus aventuras para, al final, revelarse como la hija de Voldemort y Bellatrix Lestrange. Sí, evidentemente, algo tan remarcado como la posibilidad de que Scorpius Malfoy fuera hijo de Voldemort termina desmintiéndose y se nos explica que el señor oscuro y Bellatrix tuvieron descendencia poco antes de la Batalla de Hogwarts, lo que no calza en absoluto con lo que leímos y vimos en su momento.

Al final, lo mejor está en los detalles

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Albus Severus Potter no es el típico héroe juvenil, tiene dudas, reniega de su legado y termina entrando en Slytherin. Es un inicio prometedor y disruptivo en el mejor sentido pero, por desgracia, todo esto termina quedando en un segundo plano, desaprovechando tal punto de partida.


Con todo, ciertos momentos enamorarán a los fans

Por otro lado, uno de los mejores momentos viene de la mano de la curiosa revelación relacionada con la mujer encargada de llevar el carro de dulces en el Hogwarts Express: es, ni más ni menos, una bruja centenaria con un gran poder y la posibilidad de transformarse en una criatura con afiladas garras. Un pequeño detalle sin mayor importancia pero que funciona a la perfección a la hora de profundizar con sentido en lo ya conocido.

Por último, el libro sabe explotar, en algún que otro momento, el hecho de que los antiguos protagonistas rocen ahora los cuarenta y tengan otras preocupaciones. Son las menos, eso sí, pero alguna que otra charla entre Ron y Hermione, Harry y Ginny o la confrontación entre Draco y Harry en la cocina son grandes situaciones.

Fe de erratas: inicialmente confundimos la casa a la que pertenecía Cedric Diggory y lo señalamos como estudiante de Gryffindor, cuando siempre ha sido un ilustre miembro de Hufflepuff. Pedimos disculpas y rectificamos.

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