Antes de la llegada del vídeo en 8K, el vídeo en 4K empezará a reinar, previsiblemente, cuando los televisores de esa resolución copen toda la gama media, haya contenido suficiente, y sobre todo, los medios para reproducirlo se abaraten. Este año han comenzado a aparecer los primeros contenidos en soporte físico, el [Blu-Ray 4K HDR](https://hipertextual.com/2015/09/samsung-bluray-4k), y sin duda llegará pronto otro impulso, las consolas de seminueva generación, la Xbox One S, y la todavía no anunciada pero confirmada Playstation Neo o Playstation 4K. El triunfo del vídeo en 4K es inevitable, pero **su implementación puede ser más lenta que en otras generaciones**.

En primer lugar, es necesario huir de la falacia de que el vídeo 4K no supone un gran avance sobre el vídeo en alta definición (1080p). En cuanto a cantidad de píxeles, **supone multiplicar por cuatro**. El vídeo en alta definición supuso multiplicar por 6 la cantidad del DVD. Es decir, **el avance existe y es muy grande**. La diferencia respecto a anteriores generaciones es que **la mejoría no será tan perceptible por todos**. En primer lugar, por una cuestión física y de óptica, que se puede ver en el cuadro añadido a continuación.

Grafico que te ayudará a averiguar la distancia óptima que debes tomar a la hora de ver tu televisor.

Como se observa, el público tendrá que acercarse más que nunca al televisor (o viceversa) si quiere notar los cambios en resolución, que no en calidad de imagen (aunque de momento sólo en gamas altas y medias-altas). Añadido a esto, hay otro factor que explica que el triunfo del 4K será natural, pero **no producido por una renovación masiva del hardware, como sí propiciaron en 2006-2007 en Europa eventos como el Mundial de Fútbol de Alemania o el lanzamiento de la PlayStation 3**.

El 4K no podrá arrancar la necesidad de compra en el público que sí logró la alta definición en 2006-2007

La gran conclusión aquí es que, frente a las disrupciones del paso de VHS a DVD, y de DVD a Blu-Ray 1080p, lo que ahora mismo está en manos del espectador, es suficientemente bueno. No hay un sentimiento general, más allá de círculos de entusiastas, de que lo que se tiene necesita mejorar. De hecho, como datos, es interesante repasar que tanto la televisión satélite, en 720p, como el vídeo en streaming en Netflix o YouTube, en 1080p, se ofrecen muy comprimidos, y aún así se valoran mucho.

El vídeo en HDR puede ser mayor reclamo para renovar que el 4K en sí (al que acompaña).

No sólo es el público de televisores el que probablemente no sienta que debe actualizar si tiene hardware de alta definición. En el mundo informático, por ejemplo, la cosa está muy estancada y la mayoría de pantallas están también muy lejos, en general, de resoluciones 4K, tanto en escritorio como en portátiles. Desde hace mucho tiempo se vive en informática un clima de pocos cambios, como el que está llegando a los smartphones. Y no sólo es que no haya novedades, es que **el hardware de hace años es perfectamente capaz de satisfacer las necesidades básicas**, como son las redes sociales, reproducción de vídeo en streaming y ofimática. Sin embargo, no lo es, asimismo, para reproducir vídeo en 4K, lo que en caso de requerirse obligaría a buscar hardware nuevo.

En conclusión, todo el público acabará, inevitablemente, renovando sus dispositivos multimedia. Por ello va a triunfar sin discusión el 4K. Sin embargo, **1080p es ya suficiente para la gran mayoría, como ocurre en las pantallas de los smartphones**. Resoluciones superiores se aprecian por parte de unos pocos. Existen problemas adicionales, como la cantidad de contenidos que fueron rodados en digital por debajo de 4K y cuya visualización, con escalado, no será superior a la que hasta ahora se contemplaba con 1080p. 4K necesitará pantallas más grandes y que estén situadas más cerca, pero la buena noticia es que **el futuro es el streaming, y que lleguen los catálogos será más fácil**.