El evento más importante de la industria del videojuego ha terminado. Hemos asistido a un E3 2016 falto de grandes sorpresas que lo ha sabido compensar a base de ritmo en las grandes conferencias, el anuncio (filtrado previamente) de dos nuevas consolas y un extenso catálogo de videojuegos por llegar en los próximos meses. Ahora, unos días después del cierre y como ya hiciéramos el pasado año, hablamos de lo mejor y lo peor que ha dado de sí un evento que ya tiene confirmado su regreso para el próximo año.

Lo peor

Nintendo

A estas alturas del año pasado hablábamos con resignación del esperpento de Nintendo en la feria de Los Ángeles. Apostar por un Nintendo Direct en lugar de una presentación en directo quizá no fue la mejor idea pero el desastre lo supusieron los videojuegos enseñados. Empezaba a vislumbrarse que Nintendo había asumido el fracaso de Wii U y estaba con la cabeza en otra parte.

Nintendo enseñó poco y mal, sin ningún ritmo, en su Treehouse

Por ello, teniendo en cuenta el potencial de la compañía nipona en el evento de este año, sorprendió sobremanera el anuncio de que no tenían intención de dar ninguna información sobre NX, su nueva consola, en la feria angelina. Eso ocurría solo unos meses después de que tanto Reggie Fils-Aime como la propia Nintendo, mediante comunicado oficial, anunciaran que desvelarían su nuevo producto en el E3 2016. También parecieron improvisar el catálogo a mostrar en la feria angelina, confirmando en origen la sola presencia del nuevo The Legend of Zelda para, semanas antes del evento, anunciar que también habría novedades sobre Pokémon Sol y Luna o Monster Hunter Generations, entre otros.

Si hay una de las tres grandes compañías de la industria que no puede permitirse una estrategia de comunicación tan desastrosa, esa es Nintendo. Con una consola que debe, por todos los medios, ser un éxito para ellos, parecen empeñados en dilapidar su futuro en la industria a base de decisiones incomprensibles.

Renovaciones ¿innecesarias?

Si uno piensa en God of War hay dos cosas que se vienen a la mente: el espectáculo puro y duro de la mano de un hack n' slash en el que sentirnos pequeños mientras peleamos con Dioses y titanes y, sobre todo, un Kratos despiadado y cegado por la ira que solo piensa en acabar con todo aquello que se le ponga por delante. Ahora, el nuevo God of War ni siquiera es un hack n' slash y, además, nos presenta a un Kratos que, tras ser padre de nuevo, será acompañado todo el videojuego por su hijo y centrará su historia en la relación entre ambos y la carga emocional que le supone ser un Dios de la Guerra.

Por su parte, nadie sabe muy bien qué es Resident Evil VII por el momento pero, tras lo mostrado y la demo publicada, es evidente que poco o nada tiene que ver con la esencia de la franquicia: hay mucho más de P.T que de lo visto hasta ahora, olvidándonos de la tercera persona, la importancia de las armas y las mecánicas de survival horror o los personajes y ubicaciones emblemáticos.

Las third parties

Echando la vista atrás, todas las third parties que contaron con conferencia en el E3 2015, salvo Electronic Arts, firmaron presentaciones de un muy buen nivel, tanto por cantidad como por calidad de lo mostrado. Es por ello que no resultaba difícil ser optimista y, pese a la baja de Square Enix, esperar grandes cosas de una Bethesda que se estrenó con muy bien pie, una Ubisoft que siempre cumple y una EA obligada a dar una mejor imagen.

EA sigue en su línea mientras que Bethesda y Ubisoft bajaron el nivel

Pero, por desgracia, los tres cuajaron conferencias muy mejorables: Electronic Arts no bajó del notable alto en el potencial de los juegos mostrados pero los fragmentos elegidos, demasiado breves y con cero gameplay en vivo, y el volver a apostar por personajes conocidos que no aportan nada al aficionado del videojuego volvieron a ser errores fatales. Bethesda siguió a pies juntillas al esquema del pasado año pero, pese a una mayor cantidad, la calidad de lo mostrado se alejó mucho de lo visto en 2015 (se echó en falta, también, el carisma de Todd Howard en el escenario).

La mayor sorpresa quizá vino de la mano de una Ubisoft acostumbrada a un buen ritmo y a sorprender. El catálogo más corto y menos sorpresivo de los últimos años hizo que ciertas partes de la conferencia, con entrevistas alargadas en exceso y un tanto innecesarias (de nuevo, sigo sin comprender la presencia de un productor cinematográfico o un antiguo actor de televisión), se sintieran sumamente pesadas. Esperemos que, de cara al próximo año, tomen nota de los errores.

Lo mejor

Sony y Microsoft, ritmo imparable

Ya marcaron un buen precedente durante la feria del pasado año pero tanto Microsoft como Sony han ido un paso más allá, a nivel de ejecución, en sus presentaciones de este año. La compañía de Redmond contó con la desventaja de la filtración previa de la práctica totalidad de su lista de anuncios pero, pese a ello, cuajó un evento repleto de anuncios, incluyendo grandes exclusivos, producciones de third parties, interesantes desarrollos independientes y el anuncio de dos nuevas consolas, Xbox One S y Project Scorpio.

Sony, por su lado, cambió de escenario y llevo más allá el dogma de “juegos, juegos, juegos”, haciendo difícil recordar una conferencia de la última década con menos intervenciones de ejecutivos o desarrolladores. A nivel de forma y ritmo, impecables.

Menos CGI, más gameplay

Pese al ya mencionado problema de la ausencia de fechas orientativas (sobre todo, en los exclusivos de Sony y los nuevos anuncios de Bethesda), una inmensa mayoría de los videojuegos mostrados en la feria vinieron acompañados de una ración más o menos jugosa de gameplay. Por suerte, parece, ha quedado atrás esa desesperante moda de anunciar proyectos con un simple teaser de pocos segundos y, como mucho, echando mano de escenas CGI poco o nada representativas del producto final.

Así, desde Sea of Thieves o Scalebound hasta God of War o Days Gone, videojuegos que sorprendería tener en nuestra consola hasta dentro de, al menos, un año, pasaron por el E3 2016 mostrando una más que decente fracción de gameplay. Como nos ha enseñado la industria en tiempos recientes, todo esto puede variar notablemente de cara al producto final pero, al menos, sabemos qué podemos esperar, en términos jugables, de proyectos recién anunciados. Un paso adelante.

Cambio de aires

Sí, hablamos del mismo concepto que también hemos metido en el saco de “lo peor” del E3 2016. Mientras que cuesta entender ciertas decisiones tomadas en las franquicias comentadas, hay otras en las que los riesgos son bienvenidos y, sobre todo, no desvirtuan por completo la esencia de la saga en cuestión.

Lo importante, la esencia jugable, parece intacta en ambos casos

En el panorama de los FPS, los dos franquicias reinas, Battlefield y Call of Duty, van a cambiar mucho las cosas con sus próximas entregas, yéndose al pasado y al futuro respectivamente. Si miramos cifras de ventas, no parece que cambios tan radicales sean necesarios pero, a expensas de comprobar el resultado final, el riesgo creativo de DICE e Infinity Ward es plausible. El primero ganó a casi todos en el momento de su anuncio y la presentación en el pasado E3 no hizo más que confirmar las buenas sensaciones; el segundo tiene la difícil misión de convencer a un amplio y hastiado sector de su comunidad tras los flirteos con el futuro de las últimas entregas de la franquicia. Sea como fuere, en un panorama con cierto regusto a terrenos ya pisados y elementos ya vistos, se agradece sobremanera que se dejen a un lado las previsiones de ventas y las frías cifras y se apueste por el cambio.

Tras contar con uno de los tráilers con más dislikes de la historia de YouTube y viniendo de un fracaso como Ghosts, Infinity Ward tiene mucho que demostrar pero si podemos tomar lo visto en el E3 como vara de medir, Infinite Warfare puede ser una de las mayores y mejores sorpresas de la franquicia en tiempos recientes. Falta menos para saberlo.