A día de hoy, el 78% de los habitantes europeos vive en ciudades, y el 85% del producto interior bruto del viejo continente se produce, asimismo, en ciudades. Por lo tanto, gran parte del progreso de la sociedad, depende de lo que ocurra en ellas. Y no es una cuestión trivial. Aunque el avance depende de las personas, la consecución de objetivos con mejores sistemas de información, infraestructura y conectividad suele ser mucho más sencilla. Que ello salga de nuestra oficina y de la palma de nuestra mano hacia todo lo que nos rodea es clave para seguir avanzando en esta era.

El de las ciudades conectadas del futuro no es un asunto que haya que ver como tendencia, sino como realidad. Visto como lo primero durante un período prolongado de tiempo, se cae en el "es humo, no llegará nunca". Analizar el fenómeno como una realidad que necesita su tiempo hará que ese futuro se desarrolle de manera eficiente y más adaptada a lo que cada contexto necesita. Echando la vista atrás, ¿en qué se parece un sistema de transporte moderno a los de hace unas décadas?

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Sólo con que el ritmo se mantuviese, alcanzaríamos pronto la figura de las ciudades conectadas. Pero el ritmo se está acelerando. Grandes medios y empresas tecnológicas han estado debatiendo estos días en el Festival of Media Global (#FOMG16) sobre las tendencias del futuro, y los principios de las ciudades son uno de los grandes temas. Los principios sobre los que pivotarán de las ciudades del futuro son estos:

  • Sostenibilidad del transporte: las grandes ciudades comparten un problema gigantesco: contaminación. Una red inteligente y organizada de vehículos podría reducir enormemente el número de vehículos requeridos, sin perder, e incluso ganando, comodidad. Los sistemas de economía colaborativa que ya llevan unos años entre nosotros pueden evolucionar para poner en contacto a pasajeros que compartan rutas y que actualmente se muevan por separado gastando más dinero y contaminando más. Análisis basados en Big Data que ya se hacen a día de hoy resolverán esta cuestión de manera sencilla.

  • Productividad: Se ha mencionado que el entorno ayuda en la consecución de objetivos, y es fácil encontrar ejemplos que lo ratifiquen. Una ciudad en la que la movilidad fluye y permite llegar a tiempo a las citas sin perder mucho tiempo hace que los trabajadores se centren más en su trabajo y se olviden de circunstancias que son irrelevantes, pero que destruyen las ganas de "crear" y ofrecer valor. El futuro de la ciudad pasa por ser una herramienta más en la felicidad de sus usuarios, no un disgusto. Por eliminar los atascos en vez de producirlos.

  • Eficientes: Que los edificios logren producir más energía de la que consumen no es una meta fácil de conseguir, pero sí realista para alguien tan importante en la materia como el arquitecto Norman Foster. Haciendo uso de nuevas tecnologías y mejores planteamientos en el momento del planteamiento y diseño, una de las claves energéticas de las ciudades será la de contar con las nuevas construcciones como "fuentes de energía" de la que alimentarse, en vez de como un lastre.

  • Accesibilidad: Hasta ahora, las planteamientos sobre cómo mejorar la vida de las personas con ciertas discapacidades han sido decididos, pero su calado ha sido muy superficial. La recolección de datos es fundamental a la hora de conocer las necesidades reales de los distintos colectivos y no pasar alto por detalles a priori sin importancia, pero claves en el día a día de muchas personas. Una reorganización urbana basada en estos datos ayudará a miles de personas.

  • Seguridad: Que los ciudadanos hagan vida en la calle sin temer por nada es siempre un objetivo de los organismos públicos. Ciudades como Nueva York han avanzado con no poco mérito en este sentido desde la década de los 80, sin ayuda de lo digital. Con una monitorización anónima de cada punto de la ciudad, la atención de los cuerpos de seguridad estará más que garantizada a nivel de personas y a nivel de prevención de incendios y otros desastres domésticos.