Terry Jones vuelve a la dirección transcurridos casi veinte años desde su último largometraje para la gran pantalla, y con él regresa el resto de sus compañeros de los Monty Python, el célebre grupo cómico británico que no había participado en una película de ficción al completo, exceptuando al “aguafiestas” de Graham Chapman, desde hacía más de tres décadas.El realizador galés es uno de los dos que han surgido de esta panda de humoristas; Terry Gilliam es el otro, quien ha sido capaz de evolucionar y distanciarse de sus orígenes, convirtiéndose en algo más que un amontonador de sketches cinematográficos, casi al contrario que Jones, y con cierta fortuna en unos cuantos casos y muy buena en alguno, si bien hay que decir que ya nos había dado un par de cortometrajes antes de la formación de los Monty Python. Pero ambos dirigieron su primer largometraje juntos, Monty Python and the Holy Grail (1975), una suma de escenas cómicas bastante irregular entre las que, sin embargo, se encuentra una de las más divertidas que uno pueda echarse a la cara, la del carro de los muertos.

Life of Brian (1979), de hechura similar y muy querida, deslavazada, satírica y tontorrona, sólo fue obra de Jones pero en ella, como en la anterior, actúan John Cleese, Eric Idle, Michael Palin, Chapman, Gilliam y su tocayo. Estos dos últimos dirigieron luego la nueva sátira absurda de su grupo, The Meaning of Life (1983), que no es más que otra sucesión de sketches narrativamente inconexos; una estructura de la que Jones se alejó un poco en solitario en su siguiente filme, Personal Services (1987), quizá porque el guion no lo escribió él mismo; como sí lo hizo para el de **Erik the Viking (1989), un flojo retroceso que no pudo suceder en la digna The Wind in the Willows (1996) porque adaptaba el clásico literario infantil de Kenneth Grahame.

Y esta trayectoria de quiero y no puedo de la que, por suerte para nosotros, se libró Gilliam aún se deja sentir en Absolutely Anything** (2015), la última película de Jones, que cuenta las disparatadas peripecias de un profesor londinense al que unos alienígenas, doblados por los Monty Python en pleno, confieren poderes absolutos para poner a prueba a la humanidad. Es una comedia para quienes sólo buscan carcajearse y no les interesa la elaboración ni el estilo cinematográfico, y no se van a reír muchoSi ya de por sí **semejante planteamiento recuerda, sobre todo, al de fallidos antecedentes de fantasía como Bruce Almighty (Tom Shadyac, 2003) y su secuela, Evan Almighty (Shadyac, 2007), quizá ligeramente hibridado con el de la decente ciencia ficción de The Day the Earth Stood Still (Robert Wise, 1951), uno se plantea si de veras era necesaria este filme, si tiene sentido que Jones escribiese un libreto así cuando no arregla el mal desarrollo de la premisa principal que hicieron los guionistas de Shadyac, de forma que inutiliza la virtud que pueda suponer la leve hibridación con la del escritor de Wise, el cual se basaba en un relato de Harry Bates.

Esto es así porque Jones parece incapaz de quitarse de encima el sombrero de simple humorista audiovisual**, de constructor de comedias grabadas para regocijo de quienes no buscan nada más que carcajearse y no les interesa ni un poco la propia elaboración ni el estilo cinematográfico: se resiste a dejar de ser un Monty Python para desarrollar todas las posibilidades de un cineasta o, sencillamente, no da para más. Y los únicos momentos en que la contextura del cine pensado como tal y labrado en función de ello asoma en Absolutely Anything, y lo mismo ocurría en The Wind in the Willows, son los del comienzo, el montaje que contemplamos en los títulos, sideral para esta ocasión.

De ese modo, la técnica narrativa de Jones no puede ser sino funcional, supeditada en todo momento a los artefactos cómicos, con una puesta en escena mediocre de tan invisible que, no obstante, no se puede tildar de ineficaz pero tampoco de reflexionada y, desde luego, el absoluto de creativa. Lo cual no resultaría tan inconveniente si no fuese porque el filme cuenta con escasos golpes graciosos de verdad, y ninguno de ellos es ni un poquito memorable.

Y por si todo esto no fuera suficiente, sólo uno de los personajes está individualizado con claridad, pero Grant (Rob Riggle) carece del más mínimo interés como histrión. La presencia de Eddie Izzard como el desdeñoso director escolar nos puede agradar a los que le recordamos en la piel del doctor Gideon de la serie Hannibal, pero el Neil del efectivo Simon Pegg, que protagoniza este despropósito encarnando al profesorcillo londinense, carece de una construcción característica, igual que el Ray de Sanjeev Bhaskar y la Catherine de Kate Beckinsale, si bien tampoco le podríamos pedir peras al olmo de esta última en otras circunstancias, que no es ninguna Meryl Streep; aunque aquí se la ve especialmente desmotivada, y no es para menos.

Pero ni siquiera se nos antoja adecuado u honorable vender esta película como el regreso de los Monty Python en pleno a la gran pantalla, ya que los alienígenas a los que prestan sus voces, al margen del gusto que pueda dar oírlas, no las merecen porque sus chistes ni son muy Python ni hacen siquiera sonreír: un auténtico desperdicio. Y la única voz que sin duda nos mueve algo por dentro al escucharla es la del difunto Robin Williams, que dobla a Dennis, el vivaracho perro de Neil, y el motivo no es alguna virtud de su personaje, sino que echamos mucho de menos a tan querido payaso del cine.

Conclusión

Viendo Absolutely Anything, se diría que Terry Jones se encuentra bastante oxidado después de casi veinte años sin dirigir una comedia, si no fuese porque su estilo no ha sido nunca demasiado acerado para lo que es la elaboración cinematográfica. Y se nos antoja triste constatar que lo que más gusto da de ver de este filme son las breves imágenes de Robin Williams que nos ofrecen a lo largo de los créditos.

Pros

  • La eficaz puesta en escena.
  • La presencia de Eddie Izzard como el desdeñoso director escolar.
  • Escuchar al añorado Robin Williams doblando al perro Dennis.

Contras

  • Que Terry Jones es incapaz de pasar de ser humorista a verdadero cineasta.
  • La técnica narrativa mediocre de tan invisible.
  • Los escasos golpes graciosos de veras.
  • Que casi todos los personajes no están individualizados.
  • El auténtico desperdicio de los Monty Python.