"Fue como caer en un pozo". Así describe Francisco Monfort, presidente de la Asociación Síndrome Hemolítico Urémico (ASHUA), la situación que vivió hace una década con su hijo. El niño, que solo tenía tres años, pasó de encontrarse mal a que sus riñones se paralizaran por completo. En aquel septiembre de 2006, aunque ni familiares ni médicos lo sabían, el pequeño sufría el primer brote de una enfermedad ultra rara. Bajo el nombre de síndrome hemolítico urémico (SHU), se esconde un trastorno cuya incidencia es de dos casos por cada millón de habitantes.

El reducido número de pacientes en todo el mundo ha dificultado mucho su investigación. A pesar de ello, España, junto a Reino Unido e Italia, se ha posicionado como uno de los países de referencia en el estudio del síndrome hemolítico urémico, incluido dentro del listado de enfermedades raras. La patología ocurre porque "nuestro sistema inmune no distingue los endotelios, los daña y se forman trombos", explica a Hipertextual el Dr. Santiago Rodríguez de Córdoba, investigador del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB-CSIC). De algún modo, nuestras defensas destruyen dichos endotelios, que son las paredes de las "tuberías" formadas por los vasos sanguíneos. Como consecuencia, el riñón es el órgano más afectado, aunque el síndrome hemolítico urémico también puede atacar a otros como el cerebro, el hígado, el corazón, los pulmones o el sistema gastrointestinal.

Cuando nuestras defensas nos atacan

La Dra. Margarita López Trascasa, especialista en inmunología del Hospital Universitario La Paz, señala que es la vía alternativa del sistema de complemento la que sufre una desregulación en el desarrollo del síndrome hemolítico urémico. Este mecanismo de complemento "es un conjunto de proteínas del sistema de inmunidad innata que funcionan en cascada", dice la experta a este medio. El sistema de complemento es fundamental en la respuesta que lleva a cabo el organismo ante el ataque de un agente extraño como, por ejemplo, bacterias patógenas. Su objetivo no es otro que lisar o "romper" a los microbios, literalmente. Para ello debe reconocer su parte externa y provocar que "exploten". El problema llega cuando este sistema de complemento se equivoca de superficie exterior. En ese caso, en lugar de romper a las bacterias que nos infectan, creará "agujeros" en las paredes de los vasos sanguíneos. Es lo que sucede en el síndrome hemolítico urémico.

La enfermedad se produce por fallos en el sistema de complemento, un mecanismo de defensa frente a agentes extraños como las bacterias"Desde el punto de vista genético estamos ante una enfermedad compleja", sostiene Rodríguez de Córdoba. A día de hoy la ciencia ha logrado determinar entre ocho y diez genes candidatos que aumentan la predisposición a padecer síndrome hemolítico urémico. "Se trata de genes que codifican proteínas reguladoras del sistema de complemento", explica el investigador. Sin embargo, el ambiente juega un papel fundamental en la aparición de este trastorno, que se manifiesta con brotes agudos como el que sufrió el hijo de Francisco Monfort. "A la enfermedad contribuyen también factores adquiridos, como los autoanticuerpos, y factores ambientales, que actúan como disparadores" de la predisposición genética que tenga un individuo. Una infección o un determinado tratamiento farmacológico, por ejemplo, pueden activar el sistema de complemento. Entonces la persona "no es capaz de diferenciar a un patógeno de sus propios tejidos y los ataca", señala Rodríguez de Córdoba.

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"Lo que falla en los pacientes es un escudo que protege a sus propios componentes del daño accidental por parte del sistema inmune", prosigue el científico. En otras palabras, "no necesitas un paraguas cuando no llueve; pero si no tienes paraguas y llueve, te vas a mojar", explica el investigador del CIB-CSIC a Hipertextual. Las personas con síndrome hemolítico urémico presentan "defectos genéticos que les impiden protegerse de su propio sistema inmune". Ante determinados factores disparadores externos, aún no bien conocidos, el sistema del complemento ataca las paredes de los vasos sanguíneos. "Una vez tuvimos el caso de un joven de diecisiete años que perdió el riñón tras un partido de baloncesto. Presentaba una mutación en el factor H -uno de los errores en el ADN que se asocia con los episodios más complicados de esta enfermedad- y se sometió a diálisis. Recibió un trasplante de riñón donado por su padre, y perdió el segundo órgano a las 24 horas", explica López Trascasa, que destaca además que se trata de un trastorno muy poco previsible.

El síndrome hemolítico urémico es una enfermedad sistémica, que afecta a todo el cuerpo, aunque su diana principal sean los riñones"El debut del síndrome es muy agresivo", cuenta Monfort. "En poco tiempo pasas de tener un niño saltando y corriendo a que esté en la UCI y no sepas cómo va a terminar", explica. Su hijo perdió la función renal por completo, lo que le provocó una hipertensión totalmente descontrolada. Llama la atención que el síndrome hemolítico urémico ataque de manera tan fulminante los riñones. "Son el filtro de las impurezas que lleva la sangre", señala el presidente de ASHUA. "Es un órgano diana en otras muchas enfermedades", añade la inmunóloga del Hospital Universitario La Paz. Pero no es el único afectado de esta patología. "Si uno busca daño endotelial en otros órganos se encuentra", explica Rodríguez de Córdoba. En otras manifestaciones asociadas con el síndrome hemolítico urémico, los investigadores también han observado afectación neurológica o problemas de corazón como las cardiopatías. Son la otra cara de una misma moneda. La enfermedad "es una especie de autolesión", describe el científico del CIB-CSIC. Autolesión que destruye las paredes de los vasos sanguíneos para ir dañando lentamente todo el organismo. Primero los riñones, luego el resto del cuerpo.

España lidera el manejo del síndrome

"La enfermedad en los últimos años ha cambiado mucho", en palabras de Francisco Monfort. Él y su familia lo saben de primera mano. En la Navidad de 2006, y ante la imposibilidad de controlar la hipertensión que padecía su hijo, los médicos decidieron extirparle los dos riñones. "Con solo tres años era muy difícil realizar la diálisis y que permaneciera ingresado tantos días", comenta a este medio. "Después de cinco meses en el hospital, volvimos a casa pero siempre regresando para hacer diálisis. Pocos meses después confirmaron que no había tratamiento para la enfermedad. El niño debía permanecer en diálisis durante un tiempo indeterminado. Se hablaba de años, pero no se sabía", dice al otro lado del teléfono.

El eculizumab, comercializado con el nombre de Soliris, fue autorizado en España hace cinco años"Como padres no es que desconfiáramos de las palabras de los doctores, pero necesitábamos saber algo más", cuenta. Por eso se desplazaron hasta Bergamo (Italia), donde estaba Giuseppe Remuzzi, uno de los mayores especialistas en síndrome hemolítico urémico. "Fue muy atento y humano. Nos dedicó casi dos horas para explicarnos con detalle qué era la enfermedad. Al final de la reunión nos dio a entender que dentro de pocos años, posiblemente, habría una solución", relata. Era 2007, el mismo año en el que la Agencia Europea del Medicamento concluía su primer estudio favorable sobre el eculizumab, un anticuerpo monoclonal fruto de la biotecnología, dirigido a frenar la hemólisis o destrucción de los glóbulos rojos. La anemia provocada por esa destrucción era precisamente otro de los síntomas del síndrome hemolítico urémico. El ansiado fármaco contra esta patología cada vez estaba más cerca.

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Una de las iniciativas desarrolladas por la Asociación Síndrome Hemolítico Urémico Atípico. Fuente: ASHUA

Remuzzi fue, precisamente, el que puso en contacto a Monfort con Rodríguez de Córdoba y otros especialistas de nuestro país. "Los profesionales de la salud en España están liderando el manejo del síndrome", explica el presidente de ASHUA. Tres años después de aquel encuentro, la familia de Francisco recibió la llamada más esperada. "En 2010 nos propusieron un trasplante renal combinado con eculizumab", cuenta. En septiembre, justo cuatro años después de que su hijo sufriera el primer brote, fue trasplantado. Los médicos también dieron el fármaco Soliris al niño por uso compasivo. Un año más tarde, la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios autorizó la utilización del eculizumab en nuestro país. "Dos años después de la operación retornó la alegría a la familia. Hasta la fecha el trasplante ha funcionado perfectamente y el medicamento ha frenado los brotes", explica. Fue entonces cuando, un poco más relajados, empezaron a conocer a otros pacientes. "Nos vimos obligados a crear la asociación para devolver la ayuda recibida", relata. Así fue como nació ASHUA, que estima que en España hay entre 400 y 500 pacientes bien diagnosticados. La organización también mantiene contactos hoy en día con otras entidades de pacientes de Europa, Australia y América.

Un tratamiento caro "que salva vidas"

Su pelea, sin embargo, no ha terminado. "Tenemos constancia de casos que no han podido acceder al tratamiento por la crisis", denuncia Monfort. El eculizumab es un medicamento caro, con unos costes que rondan los 300.000 euros al año. "Es de alto impacto, como dicen los políticos, pero salva vidas", sostiene el presidente de ASHUA. Su precio es uno de los retos que cita López Trascasa, quien incide también en que en el futuro será fundamental controlar los brotes del síndrome. Según Monfort, la asociación "ha visto cómo los nefrólogos se ven presionados para reducir el gasto farmacéutico, pero [los políticos] no contemplan que reducir costes de un medicamento puede incrementar por otro lado el gasto de camas en nefrología". El presidente de la entidad es muy crítico en ese sentido. "Hay presión para que se reduzca el uso de este fármaco". La paradoja que explica Monfort no es nueva. El Tribunal Superior de Justicia de Galicia ya sentenció en 2013 que, en relación a la administración de fármacos como el eculizumab, debía prevalecer el criterio médico frente al económico. La Xunta de Galicia había negado esta terapia a un paciente afectado por otra enfermedad ultra rara, la hemoglobinuria paroxística nocturna, que también puede ser tratada con este medicamento. El fallo decía específicamente que la garantía y la protección del derecho a la salud poseían "una importancia singular en el marco constitucional, que no puede verse desvirtuada por la mera consideración de un eventual ahorro económico".

"Hay presión para que se reduzca el uso de este fármaco", denuncia el presidente de la asociación de pacientesASHUA apuesta también por la investigación para hacer frente al síndrome hemolítico urémico. La asociación participó en una campaña, liderada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y ALSA, en la que cada persona que comprase un billete de autobús podía donar un euro en cada adquisición. "El techo se fijó en 10.000 euros, pero al final llegamos a los 20.000", celebra Monfort. El dinero recaudado se destinó al laboratorio de Rodríguez Córdoba, encargado de hacer el diagnóstico genético de la patología en España. Los análisis de ADN "son fundamentales para la prevención", explica el presidente de ASHUA. Los test genéticos son asumidos por la sanidad pública aunque no siempre sucede así. "Tenemos un caso de un paciente de Tarragona en el que los familiares han tenido que pagar los análisis porque su médico ha dicho que no los realiza", denuncia Monfort.

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Ilustración que muestra cómo es un anticuerpo monoclonal, el tipo de molécula a la que pertenece el medicamento eculizumab. Fuente: extender_01 - Shutterstock.

Según explica a Hipertextual Rodríguez de Córdoba, "el diagnóstico genético molecular se realiza siempre que haya diagnóstico clínico". "Tratamos de conocer el factor etiológico, es decir, la causa de la enfermedad", señala. Pero no siempre es posible. "En un 40% de los pacientes, los estudios no identifican un culpable", comenta el experto. Esto puede ser debido a que haya genes adicionales que no se hayan determinado todavía o a causas secundarias que estén confundiendo al médico en el diagnóstico. Los análisis de ADN son realizados por Secugen, una compañía biotecnológica que nació en el seno del CIB-CSIC. Su grupo también realiza un registro de pacientes asociado a un biobanco de muestras, que se cuenta entre los más grandes del mundo. El estudio genético permite no solo "predecir la evolución", sino que también ofrece "ventajas para el consejo genético", en opinión de Rodríguez de Córdoba.

La secuenciación del ADN, sin embargo, "no debe condicionar el tratamiento porque en el síndrome hemolítico urémico, cuanto antes se inicie al tratamiento, más rápido se evitarán problemas como salvar los riñones", explica. Lo que sí está claro es que el diagnóstico genético molecular será imprescindible para la medicina personalizada. En el futuro, seremos capaces de identificar las causas y, en función de ello, individualizar la terapia. Algo que parecía imposible cuando el hijo de Francisco sufrió el primer brote hace solo una década. La ciencia avanza, y salva vidas.