Hace unos días comentábamos que no es conveniente ser alarmistas con las cuestiones ecológicas. Ser alarmista lleva a la desinformación y a no tomar en serio la situación. No obstante, algunos resultados reales más parecen alarmistas que la realidad con la que convivimos. Pero ahí están. Los últimos datos sobre el mar y los arrecifes de coral ponen de manifiesto que probablemente tengan sus días contados. Y que, además, poco podemos hacer. Pero lo poco que esté en nuestras manos, es muy importante para poder reducir la acidificación de los océanos y el aumento excesivo de su temperatura. Si no, habremos de despedirnos de ellos antes de lo que esperamos.

¿Ha llegado el momento de despedirse?

El informe preparado por el profesor Peter F. Sale, un prestigioso ecólogo de la Universidad de Windsor, Canadá, no deja lugar a dudas. La cuenta atrás para los arrecifes de coral ha comenzado. En el mejor de los pronósticos, cualquier medida que tratemos de poner para reducir los males que los aquejan ya no serán suficientes para salvarlos. Las declaraciones tienen lugar antes del COP21, la conferencia de las Naciones Unidas que tiene como finalidad la búsqueda de un acuerdo común sobre el clima. La COP21 se celebrará en noviembre con la intención de llegar a una serie de conclusiones y medidas universales que detengan los posibles efectos negativos causados por un hipotético cambio climático.

En concreto, llegar a un acuerdo internacional que mantenga el calentamiento global por debajo de los 2ºC. Pero aunque la COP21 tuviese éxito y todos los países se comprometieran con las medidas; si realmente se consiguiese mantener el calentamiento por debajo de los 2ºC, aún así, explica el profesor Sale, no sería suficiente. El calentamiento y la acidificación oceánica seguirá siendo demasiado para los corales, tal y como se viene observando desde hace tiempo. ¿Eso significa que desaparecerán por completo? No por completo, pero sí de forma masiva, lo que es una catástrofe ecológica muy seria. Y es que los arrecifes de coral son una de las principales fuentes de biodiversidad marina en todo el mundo.

El futuro de los arrecifes de coral

Imaginad un macizo en mitad del mar. Está lleno de color. Los corales de un rojo brillante, amarillos y verdes se mecen bajo las corrientes y se esconden rápidamente cuando nos acercamos. Hay peces de todos los colores y especies paseando perezosamente mientras buceamos. En las cuevas, entre cañones submarinos, burbujean enormes animales que esperan al atardecer. Un banco de tortugas se observa unos metros más arriba, recortado contra un sol vidrioso y azul, entre plantas y algas marinas. Según los pronósticos, encontrar arrecifes de coral en el estado en el que se encontraban a mediados de los años 60 (apenas 50 años atrás), será imposible en un par de décadas. En vez de la imagen que pintábamos, lo que podremos observar es el enorme cadáver del mismo arrecife, dominado por un solo tipo de alga y alguna especie más que erosiona lentamente el fondo. El ambiente, antes equilibrado por Lo que hacemos tierra adentro tiene consecuencias muy serias bajo el marmiles de años, necesitará de un tiempo inimaginable para volver a ser lo que era. Mientras tanto, su biodiversidad se habrá diezmado.

La estampa puede parecer alarmista, pero como ya hemos dicho, la intención no es esa. Lo importante es ser conscientes. Según el informe hace faltan medidas más agresivas de reducción de emisiones para poder frenar este futuro de los arrecifes de coral. Con esta intención, Sale trata de crear algo de ruido antes del COP21. En su opinión, hacen falta medidas más rápidas que las económicas para generar una protección realista hacia los arrecifes de coral.

Las declaraciones se encuadran, curiosamente, en un ambiente unánime de todos los expertos en biología marina: no nos damos cuenta de lo que le hacemos al mar. Los efectos causados en el medio marino suelen pasar muy desapercibido a no ser que sean inmediatos. La sobrepesca ha reducido el 90% de la biomasa de pesca comercial desde 1940; la acidificación marina sigue aumentando de ritmo; las extinciones y pérdidas ecológicas, las invasiones de especies foráneas... el cuadro al completo muestra una auténtica irresponsabilidad hacia nuestros mares. Volvemos a repetir, no hay que ser alarmistas. Pero sí conscientes. Conscientes de que existe un equilibrio bajo la superficie marina. Un equilibrio que destruimos sin tan siquiera saberlo con nuestras acciones en tierra. Y la desaparición de ese equilibrio tendrá desastrosas consecuencias si no hacemos algo ya.