De alguna manera solemos creer que nuestra personalidad es algo fijado, que forma parte de nosotros independientemente de muchos factores que no tenemos en cuenta. Sin embargo, circunstancias como el idioma que hablamos afectan la construcción de nuestra personalidad y la manera como funciona nuestro cerebro.

Entre otras cosas, sabemos que el lenguaje afecta nuestra percepción de los colores. La tribu Himba, del norte de Namibia, usa la palabra "serandu" para categorizar los colores que en castellano incluyen el rojo, el naranja y el rosa. Del mismo modo, usan "zoozu" para una serie de colores oscuros que normalmente diferenciamos como azul oscuro, verde oscuro, café oscuro, púrpura oscuro, rojo oscuro y negro. En un estudio, se encontró que, mientras que tenían mucha dificultad para diferenciar ciertos tonos de azul que los angloparlantes diferenciaban con facilidad, por otra parte distinguían rápidamente tonos de verde que en el mundo occidental vemos como idénticos.

En Japón, la luz "verde" del semáforo es llamada luz azul, y esto se origina en tiempos antiguos, cuando el japonés sólo tenía una palabra (ao) para "azul" y "verde". Un estudio de 1969 determinó que esto dependía de la evolución de los lenguajes: si un idioma tiene sólo dos vocablos para determinar colores, habrá uno para "oscuro" y uno para "claro" (blanco y negro). Si añades un tercer color, será rojo. Si añades un cuarto, será verde o amarillo: sólo podrás tener ambos si tienes cinco palabras. Es sólo una vez que llegas a seis colores, cuando surge una palabra que divide el verde en dos, y así aparece el azul. Lo interesante, pues, es que en aquellos idiomas que no tienen, por ejemplo, una palabra para el azul, es mucho más difícil para sus hablantes diferenciar el azul del verde aunque lo tengan ante sus ojos.

En su libro "A field guide to getting lost", Rebecca Solnit habla de los Wintu, una tribu de California que no utiliza las palabras izquierda y derecha para describir sus propios cuerpos, sino las direcciones cardinales. Solnit cita a Dorothy Lee, quien escribe:

"Cuando un Wintu sube el río, las colinas están al oeste y el río al este, y un mosquito lo pica en el brazo oeste. Cuando regresa, las colinas están aún al oeste, pero, cuando se rasca la picada del mosquito, se rasca su brazo este".

Mientras que en nuestro mundo moderno, nuestra relación con el yo es absoluta, y por tanto estamos ligados a referencias concretas (el metro, las tiendas, una determinada calle), en la tribu Wintu, nos dice Solnit, "es el mundo el que es estable, y tú quien eres contingente".

idioma que hablamos
Color, texture de Lee Cullivan bajo licencia CC BY NC ND 2.0

La gramática del idioma y nuestra personalidad

El género gramatical en un idioma puede, también, tener efectos cognitivos. En 2002, un grupo de investigadores creó una lista de 24 objetos que tienen géneros opuestos en español y en alemán. En cada lista, la mitad de los objetos eran masculinos y la otra mitad eran femeninos. El estudio fue llevado a cabo totalmente en inglés, con un grupo de hablantes nativos de español y de alemán, todos los cuales hablaban inglés. Se les pidió que generaran tres adjetivos para cada palabra de la lista, y se encontró que el género influenciaba los juicios de los participantes. Por ejemplo, la palabra "puente", que es femenina en alemán y masculina en español, fue descrita por los hablantes de alemán con adjetivos como "hermoso", "elegante" y "frágil", mientras que los hispanohablantes eligieron adjetivos como "fuerte", "grande", "peligroso" y "resistente". Al mismo tiempo, con la palabra "llave", que es masculina en alemán y femenina en español, los primeros utilizaron palabras como "duro", "pesado" y "útil", mientras que los segundos presentaron adjetivos como "pequeño", "intrincado" y "encantador".

Un proverbio checo reza: "aprende un nuevo idioma y obtén una nueva alma". En efecto, algunos estudios indican que si hablas más de un idioma, probablemente presentas cambios en actitud y comportamiento dependiendo del idioma que emplees en un momento dado. Alguien que es usualmente tímido y reservado en su idioma nativo puede mostrarse más asertivo y extrovertido en un segundo idioma, o viceversa.

Si bien se ha demostrado que el lenguaje que hablamos no nos limita, en el sentido de que no nos impide pensar en aquello para lo cual no tiene palabras, sí se nos impone de otras maneras. Algunos idiomas, por su construcción gramatical, exigen indicar el género de las personas, o el tiempo preciso en que las acciones se llevan a cabo, mientras que otros son más laxos en uno u otro sentido. En consecuencia, los hablantes de un determinado idioma le prestarán más atención a ciertos detalles que a otros, creando hábitos y patrones de conducta que afectarán así sus experiencias, recuerdos y la manera en que perciben el mundo a su alrededor.

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