El tema de la mujer en la ciencia, como es muy sabido, es uno complicado y lleno, por desgracia, de historias en las que la falta de reconocimiento, los arrebatos de créditos merecidos y la falta de respeto profesional por parte de los colegas hombres, están a la orden del día. Muchas veces, dichas historias parecen lejanas y un capítulo que superado, aunque la realidad nos toca el hombro con la vigencia de esas situaciones; pero también, nos demuestran que la genialidad, el amor por el conocimiento y la incansable búsqueda de respuestas está muy por encima de una cuestión de género.

La genialidad, el amor por el conocimiento y la incansable búsqueda de respuestas está muy por encima de una cuestión de género

Por esto, estamos ante un tema que no hay que dar carpetazo solo por lindar con el escándalo feminista, a fin de cuentas, sin el extremismo bombardero con el que a veces se alza la voz en pro del feminismo, esta corriente sólo busca igualdad de género y justicia.

"Valor a lo que valor tiene", y este es el caso de varias científicas a lo largo de la historia. Quienes dejaron de lado su rol tradicional como mujeres y dieron rienda suelta a su vocación, a su estudio, a su pasión que no pocas veces las confrontó con su familia, su sociedad y, tristemente, con sus colegas científicos.

Ahora bien, hay nombres de mujeres científicas que saltan en cualquier atisbo sobre este tema, y, recalco, sin quitar un solo mérito a sus contribuciones, nos enfocaremos aquí en mujeres tal vez no cuentan con el mismo interés mediático o no son referencia obligada en la cultura popular básica y, por tanto, en mayor o menor medida se les nombra poco o se les conoce menos. Es por esto que Marie Curie, Eva Lovelace, Rosalind Franklin, Jane Goodall o Hipatia de Alejandría no están (aunque están) en este recorrido por los nombres y labores de algunas mujeres que se atrevieron a alimentar su hambre de conocimiento para beneficio de la humanidad, superando un montón de barreras sociales e ideológicas que, como decía, no han dejado de zozobrar los esfuerzos de sus colegas congéneres hasta nuestros días.

Émilie du Châtelet

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Esta aristócrata parisina nació en el año de 1706. En dicha época las mujeres no asistían a la universidad, así como no eran bienvenidas en las tertulias científicas que en muchas ocasiones se daban lugar en los cafés de París. Sin embargo, tuvo la fortuna de contar con un padre liberal que le otorgó la misma educación que sus hermanos hombres aún siendo la única mujer de los seis hermanos que conformaban su familia.

Así, Émilie tuvo acceso a una educación culta en matemáticas, literatura, metafísica e idiomas: hablaba inglés, italiano, alemán, latín y griego. De hecho tradujo textos de Aristóteles y Virgilio, así como fue traductora y difusora de las teorías de Newton.

Cuando contrajo matrimonio con el marqués du Chastellet-Lomont y en delante viviría rodeada de lujos y el modo de vida habitual para los aristócratas de esos tiempos, sin embargo no abandonó nunca su interés por el conocimiento. Su marido, que constantemente se encontraba lejos de ella en campañas militares, no se opuso al trabajo de Émilie. Incluso, en el castillo de Cirey se dio lugar una de las épocas más prolíficas en el trabajo de ella, esto, en compañía de Voltaire con el que mantendría una relación intensa (romántica y de trabajo) en la cual ambos se apoyaron mutuamente en sus obras.

Su amor por la física y las matemáticas la llevó a dedicar toda su vida al estudio, la contribución más duradera de Du Châtelet a la ciencia fue su traducción al francés de 'Principia' de Isaac Newton, que todavía está en uso hoy en día.

Vera Rubin

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Si hay alguien que ha protagonizado toda clase de descréditos como científica es esta astrónoma estadounidense nacida en 1928 y quien vive a la fecha con 86 años. Desde inicios de su formación universitaria se vio afectada por las normas de ese tiempo. Se dice que cuando fue aceptada en la Universidad de Vassar en 1948 un maestro le dijo "eso está bien, mientras se mantenga alejada de las ciencias, estará bien". Luego, cuando intentó realizar un doctorado en la Universidad de Princenton, cosa que no sucedió puesto que no se permitía mujeres en el programa de Astronomía (y fue así hasta 1975).

Fue admitida en la Universidad de Cornell donde estudió Física, luego estudió en la Universidad de Georgetown bajo la conducción de George Gamow, éste conocido por haber predicho el Fondo Cósmico de Microondas como una consecuencia del Big Bang. La tesis de Vera Rubin buscaba responder si las galaxias se distribuían de forma uniforme en el Universo. Sus observaciones y estudios contribuyeron a desarrollar la Astronomía moderna debido a sus estudios sobre lo que denominó "materia obscura". Con mucho escepticismo y descalificaciones se recibió el trabajo de Vera y no fue hasta que otros colegas, hombres, dieron crédito a sus investigaciones.

A Vera Rubin se le ha otorgado grados de Doctor honoris causa por parte de diversas universidades, entre ellas Harvard y Yale. Por sus contribuciones, por sus artículos de investigación, Vera es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estadus Unidos y de la Academia Pontificia de las Ciencias.

Caroline Herschel

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Ella fue una astrónoma alemana, de hecho, se le considera la primera profesional en este campo del género femenino. Herschel nació en 1750, así que su educación, a diferencia de sus hermanos, estaba enfocada a las labores del hogar. Sin embargo, ella y su hermano William tenían una relación estrecha, la cual la respaldó para catapultarse como una astrónoma destacada.

Al principio de su educación siguió la tradición familiar de estudiar música, ya que en esta abundaban los músicos. Siempre en compañía de Willam este la instó a estudiar canto y se dice que fue destacada con su voz soprano, sin embargo se caracterizaba por solo cantar cuando su hermano la dirigía. Más tarde, William se inclinó por el estudio de la astronomía y su hermana siguió su ejemplo.

Ya para 1787, William era el astrónomo del rey y Caroline Herschel su asistente. El rey le otorgó un sueldo por esta labor, hecho que es señalado como la primera vez que se le pagara a una mujer por su trabajo científico. Los hermanos Herschel trabajaron juntos en las observaciones y construcción de telescopios. A William fue el descubridor de Urano y fue el padre de otro astrónomo reconocido: John Herschel. Caroline fue la primera mujer en descubrir un cometa y al final de su carrera se cuenta que descubrió ocho en total, así como tres nebulosas y varios catálogos.

Recibió varios reconocimientos, entre ellos la Medalla de oro de la Royal Astronomical Society, de la que Caroline fue su primer miembro honorario femenino; así como la Medalla de Oro de las Ciencias del Rey Federico Guillermo IV de Prusia, además que fue miembro de la Real Academia Irlandesa.

Cecilia Payne

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De nuevo volvemos a esa clase de historias de una científica brillante que encuentra una sociedad y colegas adversos para el avance, desarrollo y reconocimiento de su trabajo. En primer lugar encontramos que Cecilia Payne, nacida en 1900 en Inglaterra y nacionalizada en Estados Unidos más tarde, estudió botánica, física y química en la Universidad de Cambridge, para ese entonces (1922) dicha universidad no otorgaba títulos a mujeres y por esta razón Payne viaja a Estados Unidos.

Una vez ahí, consiguió por primera vez para una mujer, su título doctoral como astrónoma en el Radcliffe College, que actualmente es parte de Harvard. Se le reconoce constantemente por haber presentado "la más brillante tesis doctoral escrita nunca en astronomía". Su mayor contribución a la ciencia fue el descubrimiento de los elementos que componen las estrellas, sin embargo, uno de sus colegas, Henry Norris Russell la convenció de no publicar su trabajo debido a que contradecía el conocimiento estándar de ese tiempo, pero años más tarde él mismo publicaría sus propios trabajos al respecto con las mismas conclusiones que Payne.

Aún con esto su trabajo y labor ahora son reconocidas. Su tesis estableció que el hidrógeno era el componente principal de las estrellas. Se dedicó a la ciencia durante toda su vida, tuvo tres hijos y se casó con el astrofísico ruso Sergei I. Gaposchkin. Hizo una carrera académica importante en Harvard y fue la primera mujer en tener un puesto de profesora asociada y ser jefa de un departamento en esa misma universidad.

Ida Tacke

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Ida nación en 1896 en Alemania, sus estudios se centraron el física y la química. Ella fue una de las primeras mujeres alemanas que estudió química, en 1919 se doctoró en la Universidad Técnica de Berlín y es considerada por su trabajo como química como la primera mujer en la industria alemana.

A los devenires que ha tenido su trabajo y que fueron "retomados" por otros colegas adjudicándose todo el mérito se derivan muchas discusiones. Curiosamente muy parecidas a las que alegan los detractores de los métodos de Rosalind Franklin para presentar sus trabajos. Por ejemplo, se sabe que Ida Noddack (su nombre de casada) fue la primera científica en mencionar la idea de la fisión nuclear, sin embargo su trabajo prácticamente fue ignorado. Más tarde sería asumida por Lise Meitner y Otto Stern. En ese trabajo describió los procesos fundamentales de la fisión, aunque el término no se había inventado todavía. Sería más tarde Enrico Fermi, quien fuera galardonado con el Premio Nobel de Física por sus trabajos sobre radioactiviad inducida.

Ida es reconocida por el descubrimiento del renio de número atómico 75, sin embargo, junto con sus esposo publicó un documento en el que aseguraban también haber aislado el elemento 43 (masurio, como le llamaron) pero sus resultados no fueron reproducibles. No fue sino en 1937 cuando Emilio Segre y Carlo Perrier lograron islar el el elemento 43 al cual llamaron (y así lo conocemos) como tecnecio. Ida fue nominada 3 veces al Premio Nobel de Química.

En lo próximo publicaremos más sobre estas mujeres inteligentes y dedicadas al estudio que se atrevieron a no seguir las normas y cambiar la historia.