Cesta de frutas, café, bebidas gratis... En cada vez más empresas está extendiéndose una moda más común en Silicon Valley mediante la cual los empleados reciben muchas prestaciones gratuitas por parte de la firma, en un claro intento por hacer la jornada laboral mucho más agradable. Pero la pregunta era obligada ¿compensa económicamente a la empresa ofrecer, por ejemplo, café gratis? Esta pregunta sin duda ha entusiasmado a David S. Rose en Quora, que no ha dudado en publicar un auténtico ensayo al respecto del que sacar interesantes conclusiones. Nos quedamos, como aperitivo, con la más importante: el café gratis puede ser un gran elemento para potenciar la productividad que resulta rentable a la empresa.

Como siempre, es muy difícil calcular numéricamente el impacto en la cuenta de resultados de ofrecer café o fruta gratis para los empleados ¿Se recupera alguna vez el coste de lo invertido? ¿De qué depende realmente? Para intentar poner un poco de luz en estas reflexiones debemos entender la tipología de empresa y producto: una firma que fabrica bolígrafos en cadena y tiene todos los procesos optimizados, difícilmente encontrará un hueco para la mejora mediante un incremento en la productividad de los departamentos pensantes. Pero piensa ahora en un negocio en el que la ebullición de ideas y entusiasmo realmente marcan la diferencia; en este caso, el detalle de ofrecer de forma gratuita café a los empleados puede incrementar el rendimiento de los mismos en unos porcentajes que luego se ven reflejados en la cuenta de explotación.

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Mejor ambiente y nadie sale del trabajo

Como habrás podido deducir de la reflexión anterior, una empresa que valore como factor diferencial la creatividad y dedicación de sus empleados, le resultará rentable invertir en cualquier elemento que fomente estos activos, mientras que una firma con procesos repetitivos y con escaso margen de mejora, se centrará en reducir costes al máximo, y entre ellos, por descontado, el del café o comidas. Ahora bien ¿qué efectos tiene sobre el empleado que la empresa sufrague los costes del café bien calentito y a demanda? El primero de ellos es la percepción: el empleado se sentirá mimado y valorado, y su actitud hacia el trabajo será sin duda mucho más positiva. El segundo elemento tampoco es menos importante: al contar con café gratuito en la oficina no tendrá necesidad de abandonarla para las necesarias pausas, con lo que esos momentos de descanso serán también en el puesto de trabajo, y ahí es más probable que la empresa gane aunque sea por las conversaciones entre compañeros.

Llegados a este punto y considerando que el coste del café gratis (citando siempre el mismo ejemplo) por empleado es mínimo con respecto a su nómina, pensarás que el grueso de las empresas deberían ofrecerlo sin dudarlo ¿Verdad? Pues no. Resulta que un estudio citado en FastCompany destaca un elemento sorpresa que sin duda para que los gerentes se lo pienses dos veces antes de acceder a esta dádiva altruista: si la empresa ofrece café gratis pero desatiende otros aspectos fundamentales del trabajo, la percepción será todavía más negativa. Es algo elemental: si uno pasa frío en el trabajo porque la calefacción lleva meses sin funcionar, que disponga de café gratis es casi un insulto cuando hay otras necesidades básicas sin atender.

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Por ello resulta fundamental escuchar a los propios empleados y una breve encuesta nos podrá dar una idea de cuáles son las necesidades reales en el puesto de trabajo. La idea de preguntar abiertamente a los afectados por cuáles son sus principales necesidades nos dará no sólo una pista sobre qué desean tener cubierto, pero sobre todo, conocer qué producto gratuito tendrá un impacto más positivo en la percepción del empleado. Dicho de otra manera, una empresa puede optar por instalar un costoso servicio de autobuses que traslade a los empleados al centro de la ciudad, pero sin embargo lo que realmente éstos valorarían sería una cesta de frutas repleta y repuesta a diario. Como ves, la diferencia de costes para la empresa en este ejemplo es escandalosa, pero la percepción, uno de los activos que más persiguen las empresas, no está directamente relacionada con el coste.