Corría el año 1978. En Londres, el periodista búlgaro Georgi Markov caminaba hacia su oficina en la BBC. Al cruzar el Támesis por el puente de Waterloo, un desconocido pasó a su lado y le dio un golpe con un paraguas. Markov creyó que aquel choque había sido fortuito. Nada más lejos de la realidad. El escritor moriría tres días después a causa de un terrible veneno, la ricina.

El paraguas asesino que mató al periodista presentaba en realidad una bola con 0,2 mg de ricina. Al recibir el golpe, la bola se había clavado en la pierna de Markov, y según todos los indicios, debía haberse disuelto con el calor corporal. Sin embargo, el análisis post-mortem reveló que la bola de ricina no se había fundido completamente, lo que permitió a los forenses determinar la causa del envenenamiento.Un miligramo de ricina es suficiente para matar a una persona adulta

La ricina es una de las toxinas más potentes que existen. Extraída de la planta Ricinus communis, fue descrita por primera vez por Hermann Stillmark en el siglo XIX, cuando comprobó que una sustancia procedente de las semillas del ricino era capaz de provocar la aglutinación de las células sanguíneas.

Este veneno es tan potente que una sola molécula puede matar una célula. Se necesita sólo un miligramo para que una persona, tras ingerirlo, fallezca a causa de las hemorragias intestinales, vómitos, deshidratación e hipotensión que produce. Cuando la toxina es inyectada, como ocurrió con el paraguas de Waterloo, la dosis letal es aún menor: roza apenas los 500 microgramos.

El cigarrillo que confundió a Jesse

Su peligrosidad es tal que la ricina apareció en tres temporadas de la famosa serie Breaking Bad. En primer lugar, el veneno fue empleado para intentar asesinar a Tuco Salamanca. La toxina no volvería a aparecer hasta la cuarta temporada, cuando Walter esconde la ricina en un cigarrillo que le da a Jesse, con el objetivo de matar a Gus Fring.

Aquel cigarrillo con ricina volvió loco a Jesse, y fue utilizado por Walter para confundir al joven. El profesor fabrica un cigarro idéntico con sal, en lugar del que contenía el potente veneno. Jesse es consciente de la enorme toxicidad que tiene la ricina, como quedaría demostrado en la realidad con el asesinato de Georgi Markov.

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El propio Walter White, una vez convertido en Heisenberg, no tiene ningún problema en utilizar la ricina como un arma letal contra sus adversarios, e incluso contra sus propios aliados, como el mismo Jesse. En uno de los capítulos, el profesor de química describía así a esta sustancia:

Es un veneno extremadamente efectivo, es tóxico en pequeñas dosis y también bastante fácil de pasar por alto en una autopsia

La realidad, por desgracia, supera en muchas ocasiones a la ficción. Y es que las artimañas de Walter han sido empleadas a lo largo de la historia decenas de veces. El año pasado, por ejemplo, el alcalde de Nueva York y el presidente Barack Obama recibieron sendas cartas con trazas de ricina. La toxina es capaz de detener las etapas más básicas del metabolismo celular, provocando la apoptosis o muerte de nuestras células.

Toxinas históricas, más allá de la ficción

No es el único caso en el que un veneno ha sido utilizado para terminar con la vida de alguien. A lo largo de la historia se han conocido numerosas tretas para asesinar a rivales políticos mediante el uso de potentes toxinas.Existen varios casos documentados sobre el uso de venenos para acabar con rivales políticos

Se cree, por ejemplo, que el emperador Claudio murió tras comer setas. Aunque su fallecimiento se suele atribuir al consumo de Amanita phalloides, uno de los hongos más tóxicos que existen, el investigador Mariano García Rollan apunta que Agripina, hermana de Calígula, esposa de Claudio y madre de Nerón, auspició el asesinato del emperador "añadiendo el veneno a las setas".

El que sí murió tras ingerir Amanita phalloides fue el Papa Clemente VII, quien falleció en Roma en 1534 a causa de los efectos de las toxinas que presenta esta seta: α-amanitina, β-amanitina o faloidina, entre otras. Y es que lo natural no siempre es más sano.

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Strobilomyces (Wikimedia)

Otro de los históricos venenos es, sin duda, el cianuro. Este anión monovalente está presente en alimentos tan comunes como las almendras y las nueces, o en la parte interna del hueso de melocotones, ciruelas y albaricoques. Su elevada toxicidad, a menudo letal, se debe a su mecanismo de acción, ya que es capaz de detener los procesos de respiración celular.

Y si la ricina fue capaz de matar a un periodista durante la Guerra Fría, y ser protagonista de una de las series más memorables, el cianuro no se queda atrás. Caracterizado por su olor a almendras amargas, fue empleado para intentar asesinar a Rasputín. La influencia de este monje sobre el zar Nicolás II provocó la envidia de muchos, que desearon acabar con su vida lo antes posible.

Para ello prepararon una cena en la que se servían pasteles y vino dulce. Los manjares, como cuenta Daniel Torregrosa, contenían dosis de cianuro potásico cuatro veces superiores a lo necesario para matar a alguien. El intento de asesinato, sin embargo, se frustró debido a un pequeño 'truco químico'.

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Al ofrecerle vino dulce para enmascarar el mal sabor de los pasteles con cianuro, los traidores no sabían que, en realidad, le aplicaban al mismo tiempo el veneno y el antídoto. Y es que el vino dulce contiene grandes cantidades de glucosa, que es capaz de inhibir los efectos tóxicos del cianuro. El que no pudo librarse del envenenamiento por este anión fue, sin embargo, Alan Turing.

El también conocido como padre de la computación, cuyos aportes en criptografía fueron cruciales en la victoria aliada en la II Guerra Mundial, murió tras ingerir una manzana contaminada por cianuro. Su cuerpo sin vida fue hallado el 8 de junio de 1954, y varias hipótesis aluden a un posible suicidio, aunque su veracidad nunca haya sido probada.

La historia del veneno se desarrolla de manera paralela al desarrollo de la sociedad. Ya sea en forma de pena de muerte, como la cicuta de Sócrates, o como método para eliminar a enemigos y rivales, como el más reciente envenenamiento por polonio de Alexander Litvinenko, la toxicología ha sido una poderosa arma de la humanidad.

No debemos olvidar, sin embargo, los conocimientos de Paracelso cuando decía que "nada es veneno, todo es veneno: la diferencia está en la dosis". Y es que sustancias aparentemente tóxicas pueden también servir en medicina a las concentraciones adecuadas, como el taxol que se emplea como 'veneno' de las células tumorales, para así luchar contra el cáncer.