En la península de Nicoya, en Costa Rica, se encuentran algunos de los parajes más bellos de este país, tales como el Parque Nacional Barra Honda y el Parque Nacional Marino Las Baulas. Allí también se encerraba un raro misterio para los científicos: la extraña longevidad de algunos de sus habitantes. El truco por fin parece haber sido desvelado, y se encuentra en los "capuchones" que cubren los extremos de los cromosomas de estos individuos, también llamados telómeros.

La rareza de esta población no se hallaba en el envejecimiento más lento que presentaban, lo que se asociaba a que fueran personas más longevas. El misterio estaba en que esta longevidad se daba en una zona extremadamente pobre.

Por desgracia, la pobreza no se suele asociar con una mayor longevidad. Los territorios donde la situación económica es peor suelen sufrir problemas de malnutrición, higiene o salubridad, que a menudo condicionan el desarrollo de muchas enfermedades.

¿Qué ocurría en Costa Rica? Científicos costarricenses y estadounidenses decidieron responder a este curioso interrogante. Y parece que han dado con la clave: los telómeros de estas poblaciones son ligeramente "diferentes". 81 pares de bases tienen la culpa de que algunas poblaciones sean más longevas

En primer lugar, el trabajo liderado por el epidemiólogo Luis Rosero-Bixby confirmó que efectivamente existía una diferencia de edad de entre 2 y 3 años en la longevidad en la población de la península de Nicoya con respecto a otros habitantes de Costa Rica.

Posteriormente, el equipo de David Rehkopf, de Stanford School of Medicine de California, decidió extraer muestras de sangre de la población de esta península que tuviera 60 años o más. A partir de ahí, su trabajo consistiría en analizar el ADN y ver posibles diferencias.

Su investigación, por fortuna, no fue en balde. En un artículo publicado en Experimental Gerontology sobre la longevidad de esta población, vieron que existían diferencias de 81 pares de bases en el ADN de los habitantes más longevos con otros ciudadanos costarricenses.

Esta diferencia genética, según los investigadores, es similar a la provocada por el desarrollo de ejercicio físico o por la mejora de nuestros hábitos de salud (específicamente, dejar de fumar). Contradictoriamente a lo que podríamos pensar, los habitantes más pobres presentan unos telómeros más largos, y por ese motivo, una mayor longevidad.

Y es que otros estudios ya habían relacionado el tamaño de los telómeros (y en particular, su acortamiento) con factores como el estrés o las relaciones sociales. Una cosa está clara: somos más longevos cuanto mayor sean nuestros telómeros. Y por alguna extraña razón, esto se cumple con creces en Costa Rica.

Los resultados de los científicos, sin embargo, dan lugar a una pregunta. ¿Seguirá esta relación de tamaño de los telómeros con la longevidad en el futuro en Nicoya? Según los mismos investigadores, la genética de estas poblaciones también está variando, por lo que puede que en el futuro no se vean estas diferencias entre los habitantes de Costa Rica.