El telescopio James Webb será el encargado de sustituir a partir de 2018 al mítico telescopio espacial Hubble. Una misión importante, dados los grandes avances conseguidos en investigación espacial gracias al Hubble y al también conocido telescopio Spitzer.

La idea de diseñar el nuevo telescopio James Webb surgió en 1996, tras el acuerdo de colaboración internacional entre 17 países, que suponía una nueva era de la investigación espacial. Su diseño y construcción se realiza bajo la dirección y supervisión de la NASA, la agencia espacial europea (ESA) y la agencia espacial canadiense.

Estas tres entidades llevan 17 años planificando cómo será el nuevo telescopio James Webb, anteriormente conocido como Next Generation Space Telescope, y que cambió de nombre como homenaje al segundo administrador de la NASA, James Edwin Webb, que sería conocido por ser uno de los más firmes promotores del programa Apolo.

El objetivo del nuevo telescopio James Webb será continuar la labor emprendida anteriormente por el Hubble y el Spitzer. Para ello las tres agencias espaciales buscan construir el telescopio espacial con mayor sensibilidad de la Historia, para que pueda detectar la luz de las primeras estrellas y galaxias que se formaron hace unos 13.800 millones de años. En otras palabras, el principal objetivo del telescopio James Webb será explorar el origen del Universo.

Con este fin, las tres entidades han previsto una inversión de 10.000 millones de dólares para finalizar la construcción del telescopio que tomará el relevo en la investigación espacial. Ahora la agencia espacial europea ha completado una de las fases clave para completar el telescopio James Webb. Se trata del espectrógrafo para el infrarrojo cercano, uno de los dos instrumentos que aportará la entidad europea en el diseño del nuevo telescopio.

La gran novedad del James Webb es que cuenta con un espejo de 6,5 metros de diámetro, lo que supondrá que sea el mayor telescopio astronómico jamás puesto en órbita. Este espejo será el responsable de concentrar la luz sobre otros cuatro instrumentos científicos de gran importancia, entre los que se encuentra el ahora finalizado espectrógrafo, denominado por los científicos como NIRSpec.

Este instrumento será el encargado de separar los componentes de la radiación infrarroja emitida por las primeras estrellas y galaxias, de forma que los investigadores podrán conocer a partir de ella algunas propiedades interesantes, tales como la composición química, las propiedades dinámicas, la edad o la distancia.

Este paso es una buena noticia para la investigación espacial, y supone que la ciencia podrá beneficiarse en los próximos años de este esfuerzo tecnológico que nos permitirá saber más sobre el origen del Universo.