El 11 de marzo de 2011 un tsunami barrió la costa noreste de Japón arrasando multitud de localidades costeras, entre ellas la pacífica Rikuzentakata, población situada a 500 kilómetros de Tokio, conocida por su playa de arena blanca y el enorme pinar que protegía el lugar del viento y las tormentas. El tsunami redujo a escombros esta próspera población de 23.000 habitantes. En la imagen superior observamos los destrozos ocasionados por la gigantesca ola. Solo quedan los cascotes, las tierras de cultivo han sido barridas y en la bahía se acumulan sedimentos

Durante casi doscientos años, los habitantes del lugar plantaron más de setenta mil pinos a lo largo de la playa, el lugar era precioso y se lo conocía por el sobrenombre del “Hawai japonés”. Tras el desastre solo un árbol sobrevivió, un árbol que se convirtió en un símbolo de esperanza para los supervivientes. En su tronco se puede ver la marca de la altura que alcanzó el mar: 18 metros.

Sin embargo, a principios de 2012, el solitario pino empezó a morir debido al agua salada. Yoshihisa Suzuki, es el responsable de un grupo ecologista empeñado en salvarlo:

[…] hemos logrado recuperar unas semillas que ya han germinado en dos jardines botánicos y crecido hasta alcanzar 10 centímetros

Lamentablemente no se podrá plantar nada en las tierra de Rikuzentakata hasta dentro de unos ocho o nueve años, cuando el efecto del agua salada en la tierra se pase. El gobierno local planea levantar un dique de contención de 12 metros de altura en la bahía y replobar la zona del pinar. Pasarán décadas hasta que los árboles alcancen los 30 metros que tenían sus predecesores.

Foto: Reuters | El País

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