Hay un río revuelto en TechCrunch, uno de los blogs de tecnología con mayor proyección e influencia en la red. Michael Arrington, fundador del sitio, está fuera de AOL, compañía que adquirió a TechCrunch en septiembre del año pasado. Desde hace una semana había rumores de su salida, después de que un vocero anunciara su despido tras conocerse que había lanzado un fondo de capital de riesgo con la empresa. Horas después, AOL desmintió la salida de Arrington, pero aclaró que no tendría ninguna labor editorial en el blog. De este modo, Michael no podría utilizar TechCrunch para obtener inversionistas.

La situación incomodó mucho a Arrington, quien pidió a AOL que cumpliera con su palabra de retener la libertad editorial del sitio; o en su defecto, que vendiera nuevamente TechCrunch a sus antiguos accionistas. Además, el editor condicionó su permanencia a que AOL tomara alguna de estas dos opciones. Fortune señala que la decisión de despedir a Arrington está tomada:

Los ejecutivos de AOL han decidido despedir a Arrington. No está claro cómo ocurrirá oficialmente. Tal vez un anuncio en su último cheque. Tal vez Arrington envíe un carta de renuncia (¿pública?). Tal vez Tim Armstrong le haga una llamada telefónica a Arrington y él mande rápidamente una nota a los empleados de TechCrunch desde su iPad.

El movimiento ya empezó a generar conflictos dentro del blog. El editor Paul Carr ha puesto su renuncia sobre la mesa en una entrada de TechCrunch; y ha condicionado su permanencia a que Arrington señale a su sucesor. También carga contra Arianna Huffington, directora editorial de AOL.

TechCrunch vive o muere con su independencia editorial. Ahora mismo, eso significa que TechCrunch --en la persona de su editor fundador-- debe poder elegir a su próximo Editor en Jefe. Arianna Huffington ha dejado en claro que quiere a Mike [Arrington] fuera y que TechCrunch debe ser absorbido por el Huffington Post, bajo su control directo. Eso significa que cualquier que ella elija como "editor", será poco más que un avatar para ella; una figura de cartón para hacer su voluntad. Eso es tan ridículamente inaceptable que la idea me hace sentir físicamente enfermo. Sería la muerte de TechCrunch y todo lo que hemos trabajado en los últimos años.

TechCrunch es una publicación legendaria en la historia de Internet. Para una start-up, aparecer en una entrada con una buena reseña es una garantía de inversión. Grandes empresas como Twitter han recibido un impulso significativo en sus inicios gracias a su aparición en el sitio. Ahora, el conflicto entre Arrington y Huffington podría poner fin a uno de los blogs más importantes en la red, lo cual sería una pérdida irremplazable. Cierro con las palabras de Carr:

Ceder el controL al Huffington Post sería la muerte de todo --la voz, la arrogancia, la actitud de "vete al diablo"-- que hace genial a TechCrunch; y no me voy a quedar cerca para ver cómo ocurre.

Es simple: el equipo de TechCrunch (y seguramente, sus lectores) le han puesto un últimatum para AOL. ¿Cómo responderá?