Una investigación conjunta entre las universidades de Manchester y Cambridge han hecho descubrimientos notables sobre la aplicación del grafeno para conexiones de alta velocidad. Este material es una variación alotrópica del carbono --al igual que el grafito, el diamante o el fulereno--; y posee algunas propiedades asombrosas, como una alta elasticidad, resistencia, flexibilidad y ligereza. De hecho, es hasta 200 veces más resistente que el acero, se calienta menor que otros materiales al conducir electrones y emplea menos electricidad que el silicio a la hora de desempeñar una tarea.

Los trabajos previos habían descubierto que es posible hacer una celda de poder simple al poner dos cables metálicos a una distancia mínima, situados sobre el grafeno. Sin embargo, los resultados de estos experimentos arrojaban una eficiencia muy baja en los dispositivos, pues únicamente 3% de la luz era captada, mientras que el resto se desperdiciaba sin contribuir a la generación de energía eléctrica.

Para resolver este problema, los investigadores británicos encontraron que al combinar este material con nanoestructuras plasmónicas, existía una mejora sustancial en la cantidad de luz que se podía recolectar y convertir en energía eléctrica. Debido a que los electrones se mueven a una velocidad tan alta, los dispositivos con grafeno (incluyendo los cables para transferencias de datos) podrían ser decenas o centenas de veces más rápidos.

Dentro del equipo de trabajo se encuentran Andre Geim y Kostya Novoselov, ganadores de premio Nobel de Física en 2010 por sus investigaciones con el grafeno. La comunidad científica está muy entusiasmada con las potenciales aplicaciones de este material en la industria, y ya le apuntan como el sucesor del silicio. Aunque aún hay varios problemas por resolver para su aplicación en la vida cotidiana, este avance es esperanzador para el futuro de la informática y las telecomunicaciones.