Uno de los problemas de las reacciones violentas es su potencial para abrirle la puerta a la represión. Aunque existía la posibilidad, parecía improbable que una democracia supuestamente avanzada como el Reino Unido, considerara seriamente la posibilidad de censurar la infraestructura de comunicación, al estilo Mubarak o el gobierno de China, para controlar un estallido social producto de la inequidad social y la marginalización de uno de los sectores menos privilegiados.; no de la tecnología.

El Primer Ministro, David Cameron ante su incapacidad para responder de una forma democrática ante los disturbios declaró:

[..] El libre flujo de información puede usarse para el bien. Pero también puede usarse para dañar.

Y cuando la gente usa los medios sociales para la violencia debemos detenerlos.

Estamos trabajando con la policía, los servicios de inteligencia y la industria para ver sí estaría bien detener a la gente comunicarse vía estos sitios y servicios cuando sabemos que estan planeando violencia, desorden y criminalidad.

También he preguntado a la policía sí necesitan cualquier otra nueva atribución.

La crítica y oposición ante esta peligrosa línea que Cameron considera cruzar, no se hizó esperar en importantes medios como The Guardian.

Jim Killock , director de Open Rights Group, considera que Cameron ha planteado simplemente la posibilidad de atacar el derecho fundamental de la libertad de expresión:

Eventos comos los reciente motínes son usados frecuentemente para atacar las libertades civiles. La vigilancia debe dirigirse a los ofensores, con una protección adecuada en la corte.

Los ciudadanos también tienen derecho a comunicaciones seguras. Los negocios, la política y la libertad de expresión dependen de la seguridad y la privacidad. David Cameron debe tener cuidado y no atacar estas necesidades fundamentales debido a las preocupaciones acerca de las acciones de una pequeña minoría.

Curiosamente, David Cameron, que ahora condena y estigmatiza a una generación entera — en claro descontento con la situación en la que viven —, perteneció a una exclusiva fraternidad cuando era estudiante en Oxford llamada The Bullingdon Club, la cual se dedicaba a romper platos, vasos y ventanas de restaurantes en el nombre del elitismo.

Me pregunto si estos disturbios hubieran tenido algún lema, alguna institución o un pliego petitorio serían abordadas diferente por un gobernante, que más bien debería estar mordiéndose la lengua y aceptando la consecuencia de los recortes al presupuesto de instituciones sociales.

Saskia Sassen, reconocida socióloga dedicada al estudio de la justicia social y el territorio en relación a la globalización publica en The New York Times:

Todos son víctimas de lo que la gente llama en Reino Unido “los recortes” — el (de)financiamiento del gobierno a instituciones sociales-civiles para poder balancear las cuentas de la nación. Antes de estos motínes, el gobierno tenía planeado recortar a 16,200 policías en todo el país. En Londres, austeridad significa que habrá 19 por ciento menos para gastar el próximo año en programas del gobierno, y el peso caera particularmente en los pobres.

Esos pobres que muchos condenan sin considerar las razones por las cuales esto ha sucedido. Pero es más fácil violar los derechos fundamentales que reconocer errores y sobre todo, la falla de un gobierno ante cierto sector de la sociedad.

Sí Cameron fuera un poco inteligente, en primer lugar evitaría portarse como Hossni Mubarak y en segunda, pondría un poco de atención en lo que sucede cuando se ataca al internet, es decir, la sociedad. Mi compañero Miguel Jorge publicó un post acerca de la desafortunada entrevista de BBC con el escritor Darcus Howe, en la cual explica cómo la polícia acosa sistemáticamente a los jóvenes desde hace años. (La BBC de hecho ya emitió una disculpa).

Pero eso no importa. David Cameron responde de la forma menos democrática y más peligrosa al considerar que ”ningún argumento farsante de derechos humanos” (phoney human rights) impedirá que, además, se publiquen las fotos y video de los criminales (¿ya les hizo un juicio?) para ser perseguidos y no es todo, ya que pide a las televisoras les faciliten a las autoridades material en vídeo sin editar. WOW

El Comité para la Protección de Periodismo publicó un comunicado en el que considera alarmante la posibilidad de que las televisoras entreguen este material, así como su oposición a la censura de las redes sociales.

El periodista Ryan Gallager escribe para Open Democracy:

¿De verdad queremos confíar a nuestras autoridades, en esta tierra de democracia y libertad de expresión, un “killswitch” al estilo de Gadaffi? La “Guerra contra el Terrorismo” de Blair desató un asalto en nuestras libertades civiles. No dejemos que la resturación de “la ley y el orden” de Cameron concluya este trabajo.

Y es que como afirma Geraldina González de la Vega, ensayista y constitucionalista mexicana (y una de esas joyas de Twitter que tienes que seguir), no hay que olvidar que ”la democracia esta basada en el igual principio de la libertad”. Y el internet, nos permite de una forma única ejercerla.

Un Estado democrático que se toma los derechos en serio, establece reglas para que la autoridad pueda restituir los derechos de los particulares que han sido violados por otros particulares, protegiendo a la vez a otros particulares de no ser arbitrariamente detenidos, procesados o encarcelados.

La democracia está basada en el igual ejercicio de la libertad. Para que esto sea posible el Estado debe protegerlas. Por un lado, el Estado ejerce la fuerza de manera legítima para proteger los derechos y libertades de las personas. Por otro, las personas que lastimen o se crea que han lastimado los derechos y libertades de otras, tienen a su vez derechos. Así como nadie tiene derecho a lastimarme a mi, a mi familia o a mi propiedad, y el Estado tiene el deber de protegerne.

El Estado no puede de manera arbitraria señalar a alguien por la violación de esos derechos (delitos) si no tiene la manera de probarlo, permitiendo que el presunto culpable, además, se defienda.

En relación específica a los disturbios, Geraldina continúa:

Los disturbios en la Iisla británica son preocupantes, sin duda. El Estado tiene la legitimidad para ejercer la fuerza y proteger a los individuos contra los alborotadores.

Sin embargo existen ciertos límites, y estos son los derechos humanos. Es comprensible el nivel de preocupación del Primer Ministro Cameron. Se esperaba de él un discurso fuerte ante el Parlamento, después de todo como jefe de Gobierno es su responsabilidad que se cumpla con la ley. Pero cuando un gobernante habla de derechos falsos “phoney human rights” resulta muy preocupante.

Cabe preguntarse si ante los hechos puede el Estado violar los derechos de los alborotadores, si el Estado puede detener a todo cuanto se encuentre en su camino o cuya imagen se encuentre en una cámara en el lugar y el momento equivocado.

Un Gobierno que se toma en serio los derechos humanos, no habla jamás de la falsedad de quienes los hacen valer frente a la fuerza del Estado. Ojalá que lo dicho por Cameron en su discurso ante el Parlamento haya sido solamente un desafortunado recurso retórico y no la antesala para la violación de derechos. Pues hasta los alborotadores, ladrones y asesinos tienen derechos. La última vez que revisé, en los Estados constitucionales la presunción de inocencia era un principio básico.

Pero en una sociedad en donde unos se preocupan más por el dinero que por sus pobres, tal vez no sea así.

Concluyo citando nuevamente a Geraldina: violar los derechos de unos para restituir los de otros se convierte en un “juego” de suma cero. Nadie gana, todos pierden.

PD: Anonymous no esta de acuerdo con las propuestas de censura de David Cameron.

Imagen vía Reporteros Sin Fronteras.