En la última década comenzaba a hablarse de la digitalización navideña, otro pueril fenómeno orquestado mediáticamente para rellenar las parrillas informativas de contenidos digestivos y acordes con una época en la que, felices y esperanzados con nuestras circunstancias, procuramos olvidar atisbos de corrupción política, hambrunas en el tercer mundo o cruentos conflictos armados. Las televisiones quedan plagadas pues de jóvenes descolgándose desde nevados balcones, reportajes sobre qué hacer con nuestros hijos durante el periodo vacacional o qué juguetes son los más demandados en el centro comercial de turno.

La decadente industria de las tarjetería navideña formó parte de esa retahíla de tópicos, sustituida por mails de nevados Power Points y mensajes de texto clónicos, de esos que uno recibe prefiriendo no haberlo hecho por lo impersonal y artificioso que llevan implícito. Este año las noticias deberían versar más bien sobre la decadencia del SMS como vía de felicitación predilecta, es más, como canal comunicativo.

La estandarización del smartphone y la masificación de las redes sociales lo han cambiado todo. La saturación 3G alcanza límites históricos y nuestras vías de contacto comienzan a depender casi en exclusiva del Internet móvil, algo que no termina de contentar a unas operadoras resignadas a la disminución de los minutos hablados.

Recordemos la noche del pasado viernes. ¿Cuántos SMS de felicitación llegaron a vuestros terminales? Aquí un servidor, extrañado, tan sólo dos. Y digo extrañado porque el pasado año, sin ir más lejos, recibió la friolera de más de cuarenta. Igualmente, el número de enviados se ha visto reducido en la misma proporción.

La mensajería privada de Twitter y Facebook (o timeline y muro respectivamente para comunicaciones más multitudinarias) han sido las formas de felicitación por excelencia este año. Seguro que os habéis topado con más de un «¡Feliz Navidad mis queridos followers!» o con la típica estampa navideña de etiquetado masivo. Rápida, sencilla y sobre todo barata forma de cumplir con la convención social de la congratulación vacua.

Esta tendencia se ratificará sin duda el próximo 31 de diciembre, al entrar 2011, cuando la avalancha de mensajes de texto (atrás quedaron los minutos en que la saturación colocaba nuestros sms en espera) dé paso a un replicar constante de notificaciones push.

Aún con todo, hasta que los teléfonos inteligentes se adueñen por completo del mercado móvil, se estima (Telefónica y la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones) que en los primeros 60 minutos de 2011, los españoles enviaremos 18.7 millones de mensajes, lo que supone un declive de entre el 15 el 25 por ciento respecto al pasado año, en que la cifra también fue inferior a su predecesora.

En lo personal me extraña recibir algún sms cotidianamente, siendo la inmensa mayoría contenido publicitario. Y si hablamos de buenos deseos para 2011, dudo mucho que ninguno de los mensajes reenviados que suelen pulular con tal motivo (el 48% de usuarios reconoce incurrir en la práctica) consigan tocar la fibra del receptor.

Cabe preguntarse pues si el servicio de mensajes cortos está ya condenado a su extinción.

Ahora en Hipertextual

Suscríbete gratis a Hipertextual

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Enviaremos todas las mañanas un correo electrócnio con las historias y artículos que realmente importan de la tecnología, ciencia y cultura digital.