Se ha puesto de moda eso de mandar gadgets al espacio. Si hace un tiempo nos maravillábamos contemplando cómo padre e hijo enviaban un iPhone a la estrastrosfera, ahora ha sido Google la encargada de repetir hazaña. Era de esperar que el gigante corporativo llevase el concepto más allá, clavando una banderita del androide verde en la superficie lunar, por ejemplo, pero se han conformado con superar levemente los 30.000 metros a los que ascendió el balón meteorológico empleado por Luke y Max Geissbuhker.

Aquí no hay promesas paternas que valgan, todo se debe a una pueril estrategia promocional. En el globo de marras ascendieron siete pasajeros a la última: Nexus S equipados con una gran variedad de sensores para determinar cómo funciona el terminal en las condiciones más adversas (vientos de más de 160 kilómetros la hora, temperaturas de -15 grados centígrados y velocidades de hasta 241 km/h).

Cada teléfono iba acoplado a una cámara que captase lanzamiento, aterrizaje y las increíbles vistas de la superficie y curvatura planetarias, cautivador fondo que pudo apreciar también la mascota del sistema operativo (por fin en su salsa).

Los smartphones iban equipados con varias aplicaciones de monitorización como Google Maps, para determinar ubicación y Sky Map, como vía para comprobar si éstos podían reconocer las estrellas conforme ganaban altitud. La duración del vuelo fue de unas 2 horas y 40 minutos y el descenso se prolongó poco más de media hora.

¿Conclusiones? El GPS funciona perfectamente a más de 20 kilómetros por encima de nuestras cabezas y los móviles se mantienen funcionales incluso a 50 grados bajo cero.

Así explica Google el proceso:

El versátil entorno de desarrollo y los múltiples sensores internos del Nexus S nos permitieron programar fácilmente algunas de las aplicaciones empleadas en el proyecto. Trabajamos junto a Greg Klein, estudiante de la UCSD para preparar las cargas, resguardadas en bloques de poliespuma y articulamos los balones meteorológicos, a los que incorporamos radares reflectores y un paracaídas. Cada carga llevaba un transmisor APRS acoplado a un sistema GPS. Unas llevaban cámaras de fotos y otras captaban vídeo desde varios ángulos.

Tenéis un breve adelanto del resultado en el siguiente vídeo:

Vía: TechCrunch

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