La revista norteamericana The New Yorker se sumó al tren de las publicaciones con aplicación propia para iPad lanzando la suya la semana pasada. Para promocionarla juntaron a dos talentosos familiares de Francis Ford Coppola, su sobrino el actor Jason Schwartzman y su hijo el director Roman Coppola. El resultado es...peculiar, véanlo:

Entre el bigote ridículo, la canción, una curiosa manicura, levitación y desnudez, Schwartzman consigue mostrar bastante de lo que hace esta aplicación, imitando esos comerciales acartonados donde alguien nos muestra como integra la aplicación a su rutina diaria, pero claro, con unos cuantos toques absurdos y ese sentido del humor extraño que suele caracterizar a los trabajos del actor (para mí él siempre será el inolvidable Max Fischer de Rushmore), y en los que ha colaborado también Roman Coppola, que co-escribió The Darjeeling Limited junto a Wes Anderson, y asistió en la dirección de varias pelis de su hermana Sofía.

Aunque creo que el punto del comercial no es tanto mostrar la app en acción, sino...no sé cuál será el punto realmente, pero claramente llama la atención. Es que los lectores de The New Yorker no son particularmente una audiencia techie, sino lectores interesados en los contenidos de calidad, cosa que las apps de medios impresos se están esforzando por traducir al nuevo formato de lectura traído por las tablets.

Algunos de ustedes seguramente sufran al ver el iPad saliendo de una piscina (aunque se nota que no estuvo realmente sumergido en el agua), o meterse en la ducha, o su contacto tan cercano a Schwartzman. Aunque tal vez recuerden un reciente comercial de Newsday donde un iPad sufría un destino todavía más destructivo.

¿Será esto el comienzo de una tendencia en maltratar iPads mientras se muestran las aplicaciones de medios impresos? Aunque a Apple no le gustó nada el comercial de Newsday, a mí me parece que el humor siempre es efectivo para promocionar lo que sea, y Apple será muy genial en términos de diseño, pero no sé si tienen mucho sentido del humor. Por suerte The New Yorker sí lo tiene, o al menos tuvo la buena idea de encomendarle a este par de chicos talentosos una muy buena publicidad, donde más allá de mojar un poco la tablet, se divierten con mucho más que con el uso de una aplicación.

Vía: Sincrono

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